Guía para sanghas: cómo compartir tu práctica

Cuando meditamos cultivamos un espacio interior de apertura, aceptación, sin juicios. Pero este espacio no debería permanecer privado: tarde o temprano tenemos que extenderlo. Y antes de pretender abarcar el mundo entero y construir una sociedad iluminada, empecemos con círculos más pequeños.

Está el círculo de nuestras amistades, familia y gente del trabajo: ahí podemos aplicar las actitudes meditativas. Pero obviamente no vamos a darles la lata con budistadas varias y a aporrearles con los conceptos que acabamos de aprender. Como dijo un maestro —creo que Jack Kornfield pero no estoy seguro: camina por el mundo como si fueras el Dalai Lama de incógnito.

Luego está otro círculo: la sangha, la comunidad de práctica. (Y si no está, ¡créalo!) Son esas amistades con quienes la práctica, al contrario del incógnito, es explícita y compartida. He sido algo pesado en artículos recientes con la importancia de la sangha, pero en ésta nuestra era de la individualidad, eso es lo que tenderemos a olvidar. Reconocer esa tendencia condicionada nos brinda la oportunidad de cultivar circunstancias que hagan de contrapeso.

Sin embargo, no es nada obvio cómo estructurar un grupo de práctica y sus encuentros para que cumpla con su orientación o funciones, que ya no son sencillos de identificar. Queda claro que un elemento fundamental es compartir nuestras experiencias. Si un curso o clase te proporciona la práctica, una sangha es adonde traes tu práctica y la compartes —aunque, idealmente, ambos formatos cubrirán esas distintas funciones.

En este post quiero explorar el aspecto de compartir la práctica desde mi experiencia de guiar una sangha así como de ser parte de varias. No será exhaustivo pero espero que sí útil. Me encantará recibir vuestras observaciones y experiencias, y así seguir la conversación en la sección de comentarios y nutrir posibles artículos futuros.

Cuidad un espacio de apertura sin juicio

Una sangha tiene que ser un espacio seguro, espejo del no juicio que practicamos internamente. A la hora de compartir impresiones, hay que crear el ambiente de confianza que permite a los asistentes abrirse, sin miedo a ser juzgados o a que se les ametrallee con consejos. Cuando se hacen entrevistas de grupo en un retiro, se especifica que no se trata de que las practicantes se respondan unos a otros, sino que es una ocasión para que cada una comparta su experiencia y reciba feedback del maestro o maestra.

En una sangha tienen más lugar los intercambios entre practicantes, pero hay que tener en mente cierta sensibilidad para no saltar con opiniones o juicios sobre lo que ha compartido alguien. Es una práctica de no reactividad en sí. Entre todos, hay que crear condiciones que favorezcan la participación, el hablar desde el corazón y la experiencia propia. Esto es fundamental: no se me ocurre ningún camino de crecimiento que no se asiente sobre la base de la honestidad.

Otro ingrediente indispensable para eso es la confidencialidad: lo que otros revelan en el grupo de meditación no se ha de convertir en material para chismorreo ni conversaciones fuera de ahí. Merecemos la confianza de las demás sólo si la respetamos.

Separad compartir y debatir

Cuando se nos dice que no juzguemos el contenido de nuestra experiencia no se pretende abolir la capacidad de discernir, reflexionar y llegar a ideas. A un maestro zen le preguntaron: “¿Cuál es el secreto de tu felicidad?” “Buen juicio,” respondió él. “¿Cómo adquiero buen juicio?” “Experiencia.” “¿Y cómo adquiero experiencia?” “Mal juicio.” Borrar todo discernimiento eliminaría la posibilidad de aprender. Pero al meditar suspendemos los juicios que disparamos reactivamente porque estos nos alejan de la vivencia directa y concreta, volando al plano de las teorías, las abstracciones y las ideologías inconscientes.

En el contexto interpersonal de la sangha, aplicamos lo mismo. Si bien es cierto que debatir sobre la vida e intercambiar perspectivas tiene su valor, la voracidad opinadora tiende a comerse la tímida criatura del mero compartir. Cuando articulamos a otros nuestras experiencias, cómo nos hacen sentir, y qué aprendemos, esto de por sí ya nos ayuda a tener más claridad con nuestros procesos. Y al escuchar a otras practicantes, vemos similitudes, la humanidad compartida, y también vemos diferencias, celebrando la diversidad sin la compulsividad del debate y el tener que estar de acuerdo.

No es extraño que una persona comparta algo y otra salte con un “Bueno, pero yo pienso que…” En lugar de eso, escucha con receptividad, da espacio para el proceso de esa persona, y cuando sea tu turno comparte tu experiencia. Esto no va en detrimiento del debate, no es o lo uno o lo otro; pero distinguir ambas cosas y cuándo es adecuada cada una permite más riqueza para los participantes y el grupo.

Compartir requiere mucha valentía, mientras que opinar a veces es una forma de evitar mirar adentro. En el ya muy pensado y gastado mundo de tus opiniones hay poca posibilidad de cambio y despertar. Más bien es un mundo de cemento, con su tendencia a solidificarse. Añadir un paso en el que notas esas reacciones y la identificas, sin dejarte arrastrar por ellas, es crucial para el autoconocimiento.

Devolved la mente (individual o colectiva)

Así como en el cojín la mente vuela hacia otros mundos y cuando te das cuenta tomas nota y vuelves, los grupos tienen mentes colectivas que hacen lo mismo. E, igual que con nuestra mente, aprendemos a conocer a dónde va con frecuencia la mente colectiva, qué la desvía del tema, por qué se escapa, etc. Notamos con gentileza que nos hemos alejado de lo que guiaba la conversación, y con nuestra intervención la devolvemos, sin castigar a nadie pero sin timidez: “Volviendo a la pregunta de hace un rato, he observado en mí que…”

Dicho esto, hay ocasiones en que la conversación toma rutas no previstas pero fructíferas. En esos casos, devolverla al camino marcado sería forzado o inadecuado, y no se trata de erigirnos como polícias del debate, sino de buscar un equilibrio que respete lo orgánico de hablar en grupo sin perder de vista nuestra intención, el por qué nos reunimos. Es un camino medio más.

Otra forma de evasión parcial es nadar en aguas circundantes. Es decir, tratar el tema pero de una manera indirecta o generalizada, sin atención a la especificidad de la pregunta que se ha propuesto para explorar. He visto esto en multitud de entornos —y reconozco que es mi TOC particular.

Hace unos meses, en un retiro de estudio, nos dividieron en pequeños grupos para indagar y compartir. A mi grupo nos asignaron la pregunta “¿Cómo has practicado con el deseo? ¿Qué ha funcionado y qué no?” No sólo la primera intervención ya zarpó rumbo a “¿Es el deseo malo?” —ejemplo de manual de la evasión hacia las teorías, por interesante que fuera esa pregunta— sino que la mayoría de la conversación merodeó de forma vaga alrededor del tema. Sólo muy excepcionalmente se abordó la cuestión concreta de qué habíamos encontrado útil y qué no.

A veces esto ocurre cuando se plantea algo que hasta ahora no ha sido parte de nuestra práctica. Un entorno de apoyo ha de recibir esa admisión con brazos igualmente abiertos: no lo he practicado, nunca lo había pensado, olvidé el ejercicio. En la sangha no tendría que haber por qué pretender; un grupo de meditación acoge a partes iguales tanto el lugar en que estás ahora en tu vida como tus posibilidades de seguir moviéndote. La sinceridad abre caminos, invita excursiones, si bien no siempre es cómoda; la pretensión favorece la negación, no la plena consciencia.

Mindfulness, experimentación y coraje

Los factores del despertar (bojjhaṅga) pueden leerse en clave de qué favorece buena práctica y buena sangha, especialmente los primeros tres. Los siete factores del despertar son una lista de cualidades positivas a cultivar. Literalmente, en pali, son las “patas del despertar.” Es, caminante, el cómo andar para hacer camino.

Encabezando la lista, oh sorpresa, está el mindfulness (sati). Cualquier práctica requiere que estemos presentes y ejercitemos la plena consciencia. Pero aquí toma especial relevancia el sentido de “recordar” de sati. Si con tu sangha os proponéis practicar la comunicación consciente en el día a día, primero tienes que recordarlo y mantener este tema en mente.

En segundo lugar, es fundamental estar dispuesto a investigar (dhammavicaya). Es lo contrario de las opiniones, ya que éstas a menudo sabotean la verdadera indagación. Por ejemplo: al introducir el tema de la comunicación en varios entornos, he notado una reacción común a la sugerencia de no hablar en falso. Como suena a dogma (mentir es malo e irás al infierno), entonces se dispara una mentalidad ideológica: esto choca con tu ideología, no crees que irás al infierno, por lo tanto no se puede decir que mentir sea malo, por lo tanto es bueno. Y resuelto: ya no hay nada que examinar.

Pero no se trata de posturas abstractas, ni de discrepar ni de coincidir. Si recuerdo que el objetivo no es moralizar ni llegar a ninguna máxima, me relaciono con el ejercicio desde la curiosidad, abriendo la puerta a indagar en por qué he mentido sobre X o exagerado al contar Y. En algunos de esos casos concluiremos que no pasa nada por decir algo que no es verdad, mientras que en otros haremos descubrimientos.

Fue en un ejercicio así que me percaté de que estaba escondiendo una cosa mía a la gente, y que si me preguntaban mentía. El ejercicio me forzó a plantearme por qué. “¿Y si en el fondo pienso que no debería hacer eso, y esconderlo es una forma de autoengañarme? O quizás miento por miedo al rechazo y eso me impide conectar de verdad con ciertas personas.” Fuera cual fuera la conclusión en ese caso, el enfoque experimental me situó en un terreno fértil donde podían suceder cosas.

La práctica del dharma incluye desafíos a nuestros patrones y a quién creemos que somos. Abordarlos desde el dogma moral, los absolutos o la confrontación no nos llevará a ninguna parte: nos cerraremos. Mejor desde un espíritu de juego y experimentación. ¿Qué pasa si durante una semana pruebo esto, o renuncio a aquello? La reflexión no queda desterrada; de hecho, tendrá más datos sobre las que construirse —vivencias y no suposiciones.

Esa experimentación, por supuesto, requiere mucho coraje y honestidad, lo que nos lleva a la tercera pata sobre la que camina el despertar: viriya, que suele traducirse como energía o esfuerzo. El término, conectado con la idea de ‘héroe’, tiene el mismo origen etimológico que nuestros ‘virilidad’ o ‘virtud’. Así que podemos leerlo como “coraje” en este contexto. (Curiosamente, el coraje es una de las virtudes cardinales del estoicismo).

Contemplar la realidad de nuestra conducta y nuestro mundo interior, desnuda, con una sinceridad y una aceptación radicales, no va a ser netflix & chill. Pero para eso está la comunidad, para eso necesitamos darnos apoyo mutuo y compartir dificultades y alegrías, dudas y descubrimientos, recordándonos una y otra vez que no estamos solos en este camino.

Nos damos ánimos con cada encuentro, que también sirve como ese recordatorio que tanto necesitamos para restablecer nuestras intenciones. Además, compartidas las intenciones tienen mucho más poder, son un esfuerzo colectivo motivado por la aspiración de encontrar bienestar y contribuir a una sociedad mejor, siendo las cualidades positivas que cultivamos un regalo tanto para nosotras mismas como para todas aquellas personas con quienes nos relacionamos.

En un texto del Aṅguttara Nikāya, Nandiya pregunta al Buda, tras un largo retiro, cómo practicar en casa. Éste le responde con una enseñanza conocida como los seis recordatorios (anussati) —notad el sati de esa palabra. Pero en este texto, el tercero de esos recordatorios contiene una variación respecto a la mayoría de otros textos. Mientras que en las versiones estándar el tercer recordatorio se refiere a la sangha en el sentido de seres realizados —que en el theravada acaba como sinónimo de la comunidad monástica—, este texto habla de las amistades en la práctica.

Nandiya, has de recordar las buenas amistades: “Soy afortunado, tan afortunado, de tener buenas amistades que me aconsejan e instruyen desde la empatía y la compasión.” Así es como tienes que establecer mindfulness internamente en base a las buenas amistades.

Nandiya Sutta, AN 11.13

Demasiado vivimos ya bajo esta ideología nada amable de que debemos enfrentarnos solos a empeños dignos del mito de Sísifo, como para enfrentar el dharma del mismo modo. El individualismo asfixia, cortar el tejido comunitario más que liberarnos nos debilita. Y la historia de Buda abandonando a sus compañeros para poder perseguir su despertar no ayuda.

Me pregunto si esa historia no se debe al arquetipo heroico que menosprecia la colaboración como signo de flaqueza, porque claro, el Buda era demasiado perfecto como para haber necesitado ayuda… dónde vamos a parar. Pero no tengo claro que eso encaje bien con lo que él luego enseñó. En los textos, el discurso del heroísmo individual coexiste con el énfasis la comunidad. Sea como sea, dudo que sea un discurso útil hoy. En una era donde la conectividad se confunde con la conexión, necesitamos estar ahí los unos con los otros.

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9 comentarios en “Guía para sanghas: cómo compartir tu práctica

  1. Muchas gracias Bernat por pararte a escribir estos consejos. En una semana comenzamos en Vigo un grupo de meditación y tu artículo nos viene de perlas. También creo, como tú dices, que la sangha es muy importante, y hacer que esta sea sana y abierta,es un trabajo en el que tenemos que poner toda nuestra atención y compasión. Es también, la tercera, de las tres joyas y no por ello la menos importante.

    1. Hola Manuel. Me alegra que empecéis una sangha ahí. No sé cuál es vuestro enfoque, pero si está en línea con este blog puedo añadirlo al directorio de grupos de la web.

  2. En junio organizamos en Galicia un retiro con Juan Manzanera. El grupo nace con la vocación de trabajar con sus propuestas e intentar que Juan siga viniendo más años a enseñar. Gracias Bernat

  3. Muchas gracias por publicar este art. dos días antes de la primera reunión de nuestra sangha secular de Málaga, creo que no ha sido casualidad….
    En la primera reunión hemos trazado unos mínimos, unas intenciones, nos hemos conocido, y contamos por supuesto con BudismoSecular.org. y su recomendación de libros que nos guíen.
    Si alguien está interesado en unirse se puede dirigir a mi en malagasangha@gmail.com
    Muchas gracias de nuevo y un abrazo!
    José María

  4. Bernat, como pides que en tu art. que te informemos de nuestras experiencias en las sanghas, te cuento que en nuestra primera reunión ha habido un poco de todo: algo de confusión, mucha ilusión por el crecimiento personal y espiritual en comunidad, ganas de empezar a analizar un libro. Nos hemos propuesto una práctica para empezar a HACER algo concreto, nos hemos propuesto practicar la observación de lo que nos rodea y de las emociones o sentimientos que nos genera dicha observación (es decir, la observación de nosotros mismos). Es decir, practicar la Presencia.
    En la próxima reunión compartiremos nuestra experiencia de práctica, no teorizaremos ni nos andaremos por las nubes, sino compartir experiencia y aprender unos de otros.
    Hemos decidido estar en contacto por el Wasa (así lo llamamos en Andalucía) y por eso medio podremos compartir sobre la práctica si hay necesidad antes de la reunión. También por este medio nos estamos recomendando el libro para empezar a analizar y en la próxima reunión se decidirá cual.
    Un abrazo, José María

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