5 ideas para meditar en la playa este verano

Si se puede meditar en todas partes, en la playa también. La clave para aprender a practicar en cualquier situación empieza por recordar que eso es una opción.

La práctica es aquí y ahora, dice el pasaje sobre el ‘mindfulness del dharma’ (es decir, el ‘recordatorio’ sobre el dharma o la práctica): es inmediata, accesible, invita a venir y mirar, a ser experimentada personalmente por quien tiene comprensión. (AN 6.47)

He venido a Italia a visitar a mi hermano y estamos pasando un par de días en la playa. La cantidad de oportunidades para la práctica aquí es interminable (empezando por el mero hecho de estar con la familia), y hay algo contemplativo en el dolce far niente de languidecer al sol y remojarse con rigor periódico. Orientando la atención una y otra vez a los sentidos, una pátina de silencio y oleaje se establece en el fondo de la mente.

Quizás éste no sea el verano más adecuado para postear esto, pero con suerte aún podremos tener momentos vacacionales. Si se hace con menos frecuencia, a horas menos concurridas y guardando cierta distancia, no tengo claro que la playa sea precisamente lo más peligroso. Además, independientemente de esto, la cautela y protección mutua ciudadana tiene que ir acompañada de la lucidez de que nuestra existencia siempre es vulnerable, que esta no es una ‘época de crisis’ sino que es la vida. Mejor tomar perspectiva y encontrar una fórmula de largo plazo, de tener vida conviviendo con el virus en el par de años que nos quedan sin vacuna, en lugar de estar siempre reaccionando a vista corta.

En todo caso, como ahora estoy en la playa, estoy practicando en la playa. Así que se me ocurrió compartir algunas ideas que si no sirven para este verano servirán para otro.

  1. Calor y tacto

Un practicante paciente aguanta el frío, el calor, el hambre y la sed; el contacto de moscas, mosquitos, el viento, el sol y los reptiles.

Sota Sutta (AN 5.140)

La temperatura es una experiencia sensorial muy obvia en la playa. Ya de natural, cuando tomamos el sol dejamos descansar nuestra atención en la piel. Se puede usar la atención al tacto de muchas otras formas.

Caminando hacia la orilla, la arena puede quemar o pinchar. Igual que cuando haces meditación caminando, nota las sensaciones en las plantas de los pies y añade un elemento de ecuanimidad. Como difícilmente te provocará quemaduras la arena, no hay peligro. Observa la intensa reactividad al pasar por una zona muy caliente, o de piedrecitas, y relájala.

Enfrenta el mar, con el agua hasta los tobillos o las rodillas. Nota su temperatura. Cuando estés preparado, toma la decisión firme de zambullirte y empieza a caminar a ritmo constante, sin variarlo, sumérgete gradualmente notando el contacto con el agua mientras te centras en tu respiración. Si el frío del agua te hace titubear, nota esa reacción y sigue adelante sin ceder a ella.

2. Elementos

Para añadir un elemento de vipassanā, contempla cómo todo lo que conforma tu organismo es lo mismo que configura tu entorno; pertenece(s) al entorno. Estás hecha de sólidos igual que las rocas y la arena; el agua fría que bebes, que notas bajándote por el cuello y posándose en tu estómago es la misma que envuelve tu cuerpo cuando te bañas, el agua es agua; así como hay calor afuera, hay calor adentro de tu cuerpo, energía que quema para permitir la vida; una vida que depende de un aire que intercambias constantemente con el exterior, siendo iguales el aire de fuera y el de dentro, ambos son aire.

(Si te interesa este tipo de práctica, la encontrarás en la sección del cuerpo del Satipaṭṭhāna Sutta y otras fuentes. Es la meditación sobre los elementos.)

3. Ruido y molestias

El infierno son los otros.

Jean-Paul Sartre

El agua está demasiado fría, la arena quema, hace bochorno, no pasa viento. Ya hay suficientes cosas que nos fastidien en la playa (bueno, en la vida), y para más inri… hay otra gente. Pero el cliché es apropiado aquí: son tus maestros. Algunos tenemos tendencia a saltar directamente a la bestia más salvaje, sin embargo las pequeñas molestias son magníficas para entrenarse. Aunque parezcan chorradas, sumadas las chorradas contribuyen a un estado general de irritabilidad o insatisfacción, y restarlas se nota.

Habiendo practicado con el sentido del tacto, podemos pasar al del sonido, que es uno de los medios por los que más nos incordian en la playa los demás.

Al realizar cualquier actividad, recuérdate la naturaleza de esa actividad. Si vas a bañarte, visualiza lo que ocurre en los baños: las salpicaduras de agua, los que empujan, el mal lenguaje, los robos. Así, ejecutarás mejor lo que te propones si te dices honestamente ‘Quiero bañarme, pero también conservar el estado mental de acuerdo con la naturaleza’. Y lo mismo con cada actividad. De manera que cuando un inconveniente ocurra en los baños, estarás preparado para decir ‘Vine no sólo a bañarme, sino resuelto a mantener mi mente acorde con la naturaleza, y no lo lograré si me molesto por cosas que suceden’.

Epicteto, Enchiridion IV

Lo más probable es que tus ‘conplayantes’ no hayan recibido la circular informándoles del volumen o cantidad de conversación que consideras aceptable para que tu experiencia no sea estorbada, los temas que pueden tratarse cerca de ti, los estilos de música admisibles en alto en la playa (p. ej. ninguno), o a qué distancia de tu toalla tienen que estar las familias con niños.

Como resultado de este imperdonable error logístico, habrá sonidos no deseados a tu alrededor. ‘Al viento no le disgusta, humilla, ni horroriza soplar sobre cosas limpias o sucias’, instruyó el Buda a su hijo Rāhula; ‘si meditas como el viento, los contactos sensoriales agradables o desagradables que aparezcan no invadirán tu mente’ (Mahārāhulovāda Sutta, MN 62).

Ninguna teoría narrada en tu cabeza sobre qué formas de comportamiento harían de la playa una experiencia armoniosa para todas va a protegernos de lo que está realmente sucediendo. En todo caso lo hará peor. ¡Incluso si llevas razón! Pelearse con tu entorno sólo aumentará lo irritante que resulta para tí. Y si algo es exagerado, siempre puedes decir algo —pero esto es una práctica avanzada.

4. Empatía positiva

Hablando de prácticas avanzadas, las más temerarias podéis intentar el más difícil de los brahma-vihāras o inconmensurables, las prácticas de quitar límites al corazón. El tercero de estos es muditā, que suelo traducir como aprecio. Si la compasión es conectar con el dolor de otro, el aprecio consiste en sintonizar con su alegría.

Cuando pensamos que su expresión de felicidad interrumpe nuestro día en la playa esto es más difícil, suena contraintuitivo. Pero el aprecio es un gran aliado de la ecuanimidad.

“Que sigas disfrutando de tu alegría. Que no decrezca. Estoy contento por tí.” Hay una forma profunda de alegrarse por otro en la que empiezas a participar de su felicidad. Sonríes y expiras. Además, cosas tan sencillas como dejar espacio a los demás (física o metafóricamente) y no oponerse a su alegría son maneras de cultivar la generosidad.

5. Lecturas amenas & educativas

Leemos no sólo para pasar el tiempo y como disfrute estético, sino también para crecer como personas. A menudo parece que estas dos cosas tengan que ir por separado: literatura por un lado, para entretenernos, y ensayo por el otro, para cultivarnos. Pero no tiene por qué ser así.

Hecha esta división, de vacaciones favoreceremos el pasatiempo; aunque, en cierto sentido, estaremos mucho más relajados y disponibles para ideas nuevas que en nuestra habitual rutina y estrés, ese banana split vital que lo último que quiere es que se le añadan más ingredientes.

El problema es que, estando en modo vacacional, no nos apetece pensar y ‘trabajar’. La solución son libros que hagan ambas cosas. No abundan, pero hay maneras de ampliar horizontes con lecturas ligeras y entretenidas.

El zeitgeist actual es educarse en cuestiones de igualdad. (En el post anterior lo defendí como parte integral de la práctica, concretamente de la visión correcta, primer elemento del camino óctuple.) En lugar de hacerlo con un ensayo o libro divulgativo, se puede leer una novela escrita desde un punto de vista desconocido o poco habitual: otra cultura, religión, un relato autobiográfico de alguien perteneciente a un colectivo discriminado…

Estos días yo he hecho esto último. Me he leído el libro “Arroz tres delicias” de Chenta Tsai, más conocido por su nombre artístico Putochinomaricón. Con el subtítulo de ‘Sexo, raza y género’, este libro delgadito es efectivo porque se parece a que un amigo tuyo te cuente sus experiencias directas, despertando tu empatía, a diferencia de los libros que hablan en estadísticas.

Kaccāna, la gente está ligada a sus prejuicios, convicciones y costumbres. Quienes tienen una visión completa … no vacilan ni dudan de que cuando hay sufrimiento, hay sufrimiento; y que cuando el sufrimiento cesa, el sufrimiento cesa. Este conocimiento suyo es independiente de los demás.

Kaccānagotta Sutta (SN 12.15) – abreviado

Frente a las teorías uno se pone a la defensiva o busca contraejemplos. Es muy distinto imaginar al pequeño Chenta en el colegio cantando la canción del ‘Chinito Chin-Chun-Fa’ en un círculo de niños todos achinándose los ojos; leer cómo los adultos le corregían su gesticulación y forma de andar porque no era propia de ‘un hombre de verdad’; o pensar en la cara que debieron poner sus padres cuando recibieron una nota del colegio diciendo que para la siguiente función los niños tenían que ir ‘vestidos de chinos’.

Os recomiendo el libro de Chenta Tsai como lectura playera a la vez amena y profunda, y si conocéis otra que encaje en el mismo molde no dudéis en compartirla en la sección de comentarios. ¡Buen día meditativo en la playa!


En Patreon he publicado una reflexión a modo de ‘afterthought‘, tras haber escrito este artículo. Se titula “Mi mirada racializa: más sobre sammā diṭṭhi” y es una muestra de la clase de contenido que comparto en esa plataforma, entre otros.

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Un comentario en “5 ideas para meditar en la playa este verano

  1. Simplemente genial, creo que lo has escrito en la misma playa, de otra forma no se explica. Te ha rozado el viento.

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