Dinámicas de poder en la sala de meditación

El #MeToo ha llegado definitivamente a las comunidades budistas de occidente y un nuevo escándalo ha salido a la luz. Esta vez concierne al jefe del budismo Shambhala, Sakyong Mipham Rinpoché, que durante años ha exhibido patrones de abuso de alcohol y discípulas —a menudo en ese orden.

Este caso parece estarse gestionando mejor que otros; pero también me ha sorprendido más, ya que el Sakyong no se crió y formó tanto en Asia sino que está mucho más aculturado a occidente. Los problemas de los abusos, obviamente, no son regionales, van más allá de choques culturales y religiosos, y el mundo budista justo está despertando —uso este término a conciencia— a las dinámicas de poder.

Sakyong_Sangha_Retreat_2009

En un artículo de septiembre del año pasado escribí sobre algunos de los factores que contribuyen a estos comportamientos. Quisiera apuntar que en cierto sentido la religión es una cultura y que, dentro del variopinto budismo, el vajrayana merece un apartado propio. Pretender llegar a una ética panbudista y aplicarla al vajrayana sería como imponer los valores de una cultura a otra. Y no obstante, también hay que evitar el extremo relativismo cultural.

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