La homosexualidad en el budismo

Llevaba tiempo queriendo escribir algo sobre un tema de gran relevancia ética en la actualidad como es la diversidad sexual. Éste no será un artículo especialmente breve, pero creo que es una conversación que hay que tener hoy, cuando el budismo cuenta con más y más simpatizantes en nuestras sociedades. Constantemente vemos debates sobre la igualdad de derechos y matrimonio para parejas del mismo sexo, y a menudo los argumentos en contra proceden de las religiones.

taiwan

¿Qué tiene que decir el budismo en todo esto? La mayoría de escuelas budistas actuales se muestran contrarias a la discriminación por orientación sexual. Por otro lado, el Dalai Lama dijo hace unos años que el sexo oral y anal no son aceptables según su tradición. En respuesta a las controversias que generaron sus declaraciones, el Dalai Lama puntualizó que no emitía juicios genéricos sobre lo que está bien o mal para toda la humanidad, sino sólo lo que es aceptable para los budistas. A mi parecer, esto no fue una gran mejora, ya que entonces son precisamente los homosexuales que siguen el budismo tibetano los que, en lugar de sentirse incluídos, confortados y aceptados por su religión, se quedan desamparados.

Pero ¿qué dicen los textos budistas? ¿Habló Buda del tema? La respuesta rápida a la segunda pregunta es “no”, pero el tema no es tan sencillo. Hace unos meses escribí un ensayo sobre este tema para el máster que estoy estudiando. Me gustaría resumir aquí los puntos principales. Para empezar, para el budismo la orientación sexual no es un asunto moral, ya que la moralidad no tiene que ver con conformarse a unas normas reveladas por un ser supremo, sino con si los comportamientos generan sufrimiento (dukkha) o no. La postura más coherente con el budismo primigenio y con los valores de las tradiciones budistas en su totalidad se resume en estas declaraciones del maestro Hsing Yun, fundador de la escuela taiwanesa Fo Guang Shan:

A menudo la gente me pregunta qué pienso de la homosexualidad. Se preguntan, ¿está bien?, ¿está mal? La respuesta es que ni está bien ni está mal; es sólo algo que la gente hace. Si no se perjudican los unos a los otros, sus vidas privadas son asunto suyo; deberíamos ser tolerantes y no rechazarlos.

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La homosexualidad conduce al despertar …o eso parece.

Acabo de leer un párrafo de un sutra budista y no he podido evitar aplicar un poco de lógica y morirme de la risa. Se trata del “Discurso sobre los preceptos de los Upasaka” (Upāsakaśīla-sūtra), un texto mahayana no muy tardío que expone el código moral a seguir por los practicantes laicos (upasaka), aquellos que se han embarcado en el camino del bodhisattva. Fue traducido del sánscrito al chino en el siglo V EC y se hizo muy popular en China y, como muchos sutras mahayana, es un texto muy extenso. Y en los primeros párrafos del capítulo XI, parece inadvertidamente promover la homosexualidad.

El Buda respondió: “Buen hijo, el bodhisattva mahāsattva tiene compasión y durante innumerables vidas no mata; por esta razón obtiene una larga vida. Durante innumerables vidas ofrece constantemente su ropa y lámparas y por esta razón consigue un aspecto superior. Durante innumerables vidas destruye la arrogancia y por esta razón nace en una buena familia.”

La lista sigue y, como veis, consiste en enumerar cosas que de algún modo son supuestamente deseables en la vida y, en especial, en el camino hacia el despertar (larga vida, buena familia), y en especificar qué comportamientos de vidas pasadas causan estas cosas. Así, el texto determina qué tiene uno que practicar para conseguirlas en el futuro. Y atención a uno de los elementos de la enumeración:

“Durante innumerables vidas repudia el cuerpo femenino y por esta razón nace como hombre.”

Espectacular. Obviamente primero hay que contextualizar un poco: el texto se enmarca en el monasticismo, caracterizado por la renuncia y el celibato, y concretamente el monasticismo masculino. Culturalmente, se consideraba que era más fácil llegar al despertar siendo hombre y, por lo tanto, era preferible. Esto no era sólo cuestión de la naturaleza o esencia de un género u otro, sino también una consideración práctica, ya que es probable que las mujeres recibieran menos enseñanzas, o una formación inferior. Esto lo apoya el texto más adelante cuando especifica que el motivo por el que el bodhisattva busca renacer como hombre es “para ser un recipiente del Dharma.”

Una segunda consideración: el texto en inglés que estoy leyendo dice “loath.” Este verbo puede traducirse como repudiar, detestar, aborrecer o (una versión algo más suave) ser reacio al cuerpo femenino. Pues bien, si tenemos en cuenta que no dice nada de repudiar o ser reacio al cuerpo masculino, y aplicamos un poquito de lógica… la sorpresa es hilarante. ¡Vamos allá!

Si ser hombre es bueno o preferible, y para renacer como hombre hay que repudiar el cuerpo femenino, entonces repudiar el cuerpo femenino es bueno o preferible, ya que conduce a un fin deseable. Sigamos. Si los hombres homosexuales repudian, aborrecen o son reacios al cuerpo femenino (la palabra concreta no importa, ya pilláis la idea), entonces renacerán como hombres y podrán ser recipientes del Dharma. Es decir: ser homosexual es bueno puesto que conduce al fin deseable de ser hombre, y por lo tanto recipiente del Dharma. Y así llegamos a la conclusión de que, según este texto mahayana (y sin duda inintencionadamente), la homosexualidad es preferible, es algo que practicar, pues conduce en última instancia al despertar.

Referencia:
Heng-ching Shih (1994) The Sutra on Upasaka Precepts (BDK English Tripitaka). Berkeley: Numata Center for Buddhist Translation and Research, Bukkyo Dendo Kyukai. pp.57-58

Cultivando la igualdad

[3 páginas] En este artículo de la revista Tricycle, otro traductor del Dalai Lama nos expone la base sobre la que se fundamenta la compasión y nos inspira a cultivarla en un ejercicio de meditación aplicado al día a día. Gracias al amigo Stefan por la traducción al castellano.

Durante una conferencia del Dalai Lama, cuando era su intérprete, le oí decir, en lo que a mi me pareció un inglés defectuoso: “la bondad es la sociedad.” No fui lo suficientemente inteligente como para entender que realmente estaba diciendo que la bondad es la sociedad. Creí entender que lo que quería decir era que la bondad era importante para la sociedad, o que la bondad era crucial para la sociedad… pero de hecho lo que estaba diciendo era que la bondad es tan importante que no puede existir una sociedad sin ella. Que una sociedad sin bondad es imposible. Es decir: que la bondad ES la sociedad, que la sociedad ES la bondad. Que es imposible que exista una

sociedad si la gente no se preocupa por  los demás.

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Los maestros: ¿libros de recetas o de leyes?

La semana pasada el grupo de budismo secular de Barcelona, que nos juntamos los martes para meditar y debatir, hicimos una videoconferencia con Martine Batchelor. Fue una gran experencia que ya relataré. Pero hoy tengo una reflexión flotándome por la mente, iniciada cuando al terminar la videoconferencia alguien preguntó si ahora podríamos decir que “Martine es nuestra guru oficial,” aludiendo a su resistencia a seguir a nadie, a la advertencia de que el budismo secular no caiga en la misma trampa de consistir en acatar lo que digan los Batchelor, en este caso, en cuanto que exponentes de este nuevo enfoque al dharma; y al riesgo de que el budismo secular pase de ser un enfoque a ser una doctrina más.

Esto me resulta muy interesante, en concreto el tema de los maestros. En el artículo “Un budista secular,” que ahora también está disponible en catalán, Stephen Batchelor halla cuatro elementos de las enseñanzas de Buda que no se derivan del contexto religioso de su tiempo y que, por lo tanto, podemos decir que son distintivamente suyas: el último de esos elementos es el énfasis en la autonomía. En los textos se encuentra de manera repetida que los que ‘entran en la corriente’ se han vuelto independientes de otros (aparappaccaya) en el dharma. Entonces, en este marco, ¿cuál es la naturaleza de la relación entre un practicante de lo que se podría llamar budismo ateo, secular o humanista, y los maestros budistas?

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Colgar los hábitos: el reto de soltar, el coraje de volver a casa.

sophie croppedMientras trabajaba como enfermera con pacientes terminales, Sophie Boyer descubrió la meditación. Tras varios retiros largos, se ordenó monja budista, pero colgó los hábitos dos años después. Nacida en Francia en 1972, es alumna de Martine Batchelor.

Bernat Font: Tu primera memoria del budismo es una foto del Dalai Lama en una revista. ¿Cuántos años tenías?
Sophie Boyer: Unos 12 años. Pero mi segundo y principal encuentro con el dharma fue con veintipocos, cuando trabajaba con gente mayor y moribundos. Me resultaba difícil afrontar el sufrimiento de la enfermedad y la muerte sin sentirme abrumada y empecé a buscar formas para superarlo. No encontraba respuestas en la tradición católica en la que me había criado, y fui a un retiro con Sogyal Rinpoché. Ahí es donde me interesé mucho por lo que la meditación tenía que ofrecer. Quería comprender por qué sufrimos tanto y encontrar una salida.

BF: Pero no te quedaste con el budismo tibetano, ¿cierto?
SB: Era difícil identificarse con todos los rituales, estatuas y visualizaciones. No me estaba funcionando. Un día vi a Martine Batchelor en televisión hablando de soltar, desaferrarse, y pensé: “¡Quiero conocer a esta persona!” Ella y Stephen ofrecían un retiro de cuatro días en las afueras de París. Fue mi primer retiro residencial, con muchas horas de meditación sentada y caminando, y me sentí totalmente como en casa. Seguir leyendo “Colgar los hábitos: el reto de soltar, el coraje de volver a casa.”

La reverencia de las monjas

[2,5 páginas]

El autor y un compañero dirigiéndose a la ceremonia de ordenaciónEste año, estando de retiro de meditación en Myanmar (antes conocido como Birmania), tomé votos monásticos durante el mes de enero. La ordenación temporal es un fenómeno muy extendido en países del sudeste asiático como Myanmar y Tailandia, en los que casi todo varón de familia budista pasa por la experiencia del monacato por lo menos una vez en la vida.

Se considera que alguien que haya sido monje budista, aunque sea por un periodo de tiempo bastante breve, está más maduro y preparado para el matrimonio; de hecho, durante mi experimento de un mes en ese monasterio vi a más de un adolescente o veinteañero aparecer y desaparecer de domingo a domingo. A un amigo mío tailandés, sus padres le mandaban al monasterio durante las vacaciones, como quien en occidente va a un campus de verano a practicar deportes de exterior o aprender inglés. Y no son sólo jóvenes los que se ordenan durante un tiempo corto: también hay hombres adultos que deciden aparcar por unas semanas o meses sus obligaciones mundanas, e incluso jubilados que se toman una época de reflexión y meditación más intensa. (Escribo en masculino porque, aunque también existe el monacato temporal para mujeres, la “obligación” social se refiere principalmente a hombres.)

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De monjes y de monjas

[2 páginas]

El tercer artículo de la historia de este blog era la fantástica notícia de la concesión del título de Geshema a monjas tibetanas. (Ved el artículo aquí.) El título de Geshe, hasta hace muy poco reservado para hombres, es un reconocimiento monástico de la tradición tibetana que se compara habitualmente a un grado de ‘Doctor en filosofía budista’. La noticia supuso un gran paso adelante en términos igualdad y de derechos y respeto para las mujeres. Pero como supimos a través de la entrevista con Karma Yeshe Rabgye, este título no va a cambiar instantáneamente la mentalidad de la sociedad (monástica) tibetana, obviamente, aunque sí supone un buen augurio y un empujoncito a ese cambio.

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