Actos o intenciones: ¿qué es lo importante?

En la sentencia de hace un par de días hay una cuestión filosóficamente chunga. Es la que subyace la frase siguiente: “Hemos de insistir en que la libertad ideológica de los acusados quedó incólume a lo largo del proceso.” Tal concepción de la ideología como divorciada de las conductas es problemática.

Según esa concepción, las ideologías, los pensamientos —en definitiva, la vida interior— es un reino a parte que flota en el vacío y al que ninguna carretera une con el mundo ‘externo’ de los actos. Con esa concepción, limitar la libertad ideológica se convierte en un imposible, nadie ha podido ser víctima de ello jamás. La única manera sería que entraran en tu mente y pararan tus ideas, que te conectaran a unos electrodos que modificaran directamente lo que piensas. Eso sí sería faltar a la libertad de pensamiento; pero nada más lo es.

No voy a hablar en sí del conflicto catalán ni a posicionar el dharma, como dejé claro hace dos años. Pero, habiendo estado leyendo a David Chapman ayer, esa frase de la sentencia me ha llevado a reflexionar en una mentalidad contemporánea, más y más intensa en las últimas décadas pero que espero que esté empezando a agrietarse con todo el follón climático. Se trata de esta desconexión entre el mundo interior y el exterior, como si fueran dos reinos de sustancias esencialmente distintas. (Y no nos damos cuenta de lo mucho que imponemos dualidades cartesianas al leer textos budistas.)

Suele venderse la ética budista contemporánea como una alineación actitudinal, es decir, interior. Es muy conveniente que no nos pidan que cambiemos cómo vivimos, especialmente cuando todavía tenemos la piel irritada de mandamientos dogmáticos. Aún recuerdo pensar: ‘ah, esta tradición sí es buena’.

El mensaje central es: no se trata de qué haces, sino de con qué intención. Ey, es el truco perfecto… puedo salirme con la mía y evitar la condena. No se me malinterprete: yo mismo abogo por ver los preceptos budistas laicos como reflexiones continuadas en lugar de como decisiones finales o normas dogmáticas. No obstante, vayamos un paso más allá y seamos conscientes de cuáles son las tendencias a las que tenemos más números de caer. Así nos avanzamos a peligros y sesgos potenciales y los trascendemos. Yo diría que una tendencia a vigilar es la de la comodidad, la de evitar el desafío de un replanteamiento profundo.

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Tener objetivos en el camino espiritual no es un problema (Rob Burbea)

En este extracto de una charla de 2008, Rob Burbea cuestiona la reticencia espiritual a tener metas y a usar el lenguaje del esfuerzo. Maestro como los hay pocos, siempre profundo y heterodoxo a partes iguales, Rob sugiere que no deberíamos saltar al desapego antes de tiempo, sino usar un apego sano. He editado el contenido un poco para que fluyera más como lectura. Podéis escuchar aquí la charla entera (o el retiro entero: no tiene desperdicio).
Rob lleva años enfermo de cáncer, si quieres colaborar puedes hacer un donativo.

En mi vida ¿cómo me relaciono con el esfuerzo, con las metas, con nociones de progreso en el camino espiritual? Es fundamental forcejear con esta pregunta y para la mayoría de gente no es nada fácil. Podemos tener ideas de que la práctica trata de “simplemente ser,” lo que sea que esto signifique, o sólo “estar con lo que sucede.” Pero el Buda nunca usó este lenguaje.

Ideas así pueden ser muy útiles en ciertas ocasiones, como una de las múltiples perspectivas de nuestro buffet; pero si es la única, nuestra práctica espiritual termina teniendo muy poco parecido al resto de nuestra vida, que está llena de metas.

Si conduces un coche sabes que vas de aquí hasta allí y que tienes que hacer las cosas de manera que llegues. Cuando voy al baño, necesito tener el objetivo de… hacerlo dentro, los demás lo agradecerán. Una relación, incluso de amistad, tiene implícito el objetivo de que funcione, y si hay una fractura o disfunción intentaremos recobrar la armonía.

Las metas no son un problema en sí. Donde nos atrapamos y sufrimos es en la imagen de nosotros mismos que se crea alrededor de nuestra relación con esa meta: ¿Soy lo suficientemente bueno? No soy bastante bueno. El “yo” y la comparación van de la mano y no de forma muy sana. El “yo” se enreda en una imagen de sí mismo y crea un problema con la meta: aún no la he alcanzado, él sí, ellos están más adelante, etc. Construyo una “idea de yo” alrededor de esa meta, alrededor del fracaso, o de ser lento, o estúpido, o un torpe espiritual.

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¿Deberíamos meditar con algún objetivo?

Uno de los debates internos del budismo mahayana es si el despertar es gradual o súbito. Esto quedó inmortalizado en el icónico debate de Samye, en el que el Tíbet terminó decidiéndose en favor del modelo gradual, propio del budismo indio, en lugar del modelo súbito del budismo chino.

El relato que conocemos de ese debate es de historicidad dudosa, y es simplista creer que podemos separar estos dos enfoques con limpieza quirúrgica: influencias del budismo chino se pueden apreciar en la escuela tibetana nyingma, y el zen también ha combinado ambas perspectivas en figuras como Chinul.

Monjes debatiendo en el monasterio de Sera (Tíbet)

Pero esta cuestión también toma otra forma: ¿Hay un despertar al que llegar? ¿O sólo hay que darse cuenta de que siempre hemos estado despiertos pero no lo sabíamos? ¿Hay que sentarse con un objetivo o sin él? Las varias escuelas de budismo se sitúan en distintos puntos de un espectro entre estos dos enfoques.

Ambos tienen su virtud y sus inconvenientes. Seguir leyendo “¿Deberíamos meditar con algún objetivo?”

Transformar intención en motivación

[3,5 páginas] En este artículo, el principal traductor e intérprete del Dalai Lama al inglés, el ex-monje y estudioso budista Thubten Jinpa, presenta dos ejercicios casi omnipresentes en la tradición tibetana: la “declaración” de intenciones y la dedicación. Pero un ejercicio tan simple como empezar el día recordando activamente nuestras aspiraciones más profundas y articulando nuestras intenciones de forma consciente, y terminar el día revisando nuestro comportamiento, puede tener un poder transformador inmenso. Una de sus virtudes yace en su capacidad de ser la base para muchos otros ejercicios espirituales, que requieren motivación y propósito. Espero que os sea útil. ¡Probadlo una semana y compartid vuestras experiencias!

Enmarcar nuestros días entre el establecimiento de una intención y la dedicación con gozo, incluso una vez por semana, puede cambiar cómo vivimos. Es un enfoque lleno de propósito, de auto-consciencia, intención consciente y esfuerzo dirigido (tres regalos preciosos de la vida contemplativa) por el cual nos hacemos responsables de nuestros pensamientos y acciones y tomamos el mando de nuestras vidas y de nosotros mismos. Como dijo el Buda, “Eres tu propio enemigo / y eres tu propio salvador.”

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