12 consejos para observar la mente

A continuación tenéis 12 consejos basados en enseñanzas orales de Sayadaw U Tejaniya en retiros en Gaia House (UK) y Spirit Rock (USA) en 2015 y en China en 2014, recopilados por Sheng Bin Chiu y editados.

En estos consejos, los términos ‘observar’, ‘contemplar’, ‘ser consciente’ y ‘estar atento’ se utilizan de forma sinónima, y no hay que dar importancia al uso concreto de uno u otro ya que todos se refieren a la misma actividad o actitud mental. El término ‘objeto’ se refiere a cualquier cosa que estemos conociendo o percibiendo al meditar, al ser conscientes: es lo que observamos.

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De U Tejaniya ya publicamos 23 puntos sobre la actitud correcta para meditar y, dado el éxito de ese post, aquí van 12 consejos más.

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¿Me he calmado ya? Un consejo en 3’45”

Discípulo del gran monje theravada Ajahn Chah, el responsable de la expansión en occidente de la tradición tailandesa del bosque, el británico Ajahn Brahm es famoso por varias razones. Una de ellas es el carisma y el sentido del humor que despliega en sus charlas desde su monasterio en Australia. Son charlas magníficas y distendidas, donde tan pronto expone con mucha sencillez y claridad enseñanzas del canon pali como habla del matrimonio gay. Youtube rebasa en esas charlas. Otro motivo por su popularidad, más reciente, fue que dio ordenación completa a mujeres, razón por la cual fue formalmente expulsado de su tradición.

Hoy os presento a Ajahn Brahm en este breve vídeo donde cuenta el símil del vaso de zumo (aunque creo que originalmente la comparación era con un bol de agua) pero añade algo básico y aún así recurrente: ir levantando el vaso para ver si el agua ya se ha calmado. En 3 minutos y 45 segundos, nos ofrece un importante recordatorio para todos aquellos que practicamos la meditación, seamos novatos o veteranos. ¡Espero que os sea útil!

Si quieres leer algo más de meditación, dale un vistazo a este artículo de Thanissaro Bhikkhu: pensamientos dispersos.

Mi budismo, hoy, en seis palabras.

Hay dos enseñanzas del budismo que son para mí fundamentales en mi comprensión y vivencia del dharma a día de hoy. Veo el camino espiritual como una continuación de mi crecimiento como persona, como esa educación emocional que paró (demasiado) pronto para dar lugar a la intelectual, como lo que en entornos universitarios se llama ‘formación continuada’. Es un trabajo de mejora constante, con elementos de consuelo ante el terror existencial y también elementos de autocrítica constructiva y reto constante. El modelo que expondré en este artículo me nutre, me hace reflexionar, me ayuda a aplicarme cada día y me inspira a seguir intentándolo cada vez que, como buen bípedo, fracaso.

Debo el contenido de este post especialmente al estilo de enseñanzas de Sayadaw U Tejaniya (1), que ve la meditación como el cultivo de las buenas cualidades mentales, cuyo objetivo es la comprensión más que la tranquilidad. Dado este objetivo, pone énfasis en observar la mente e investigar, con interés, el proceso de nuestra experiencia. Las dos enseñanzas siguientes me resultan muy útiles y son las que me unen el marco conceptual con la práctica de la meditación y con la ética, o comportamiento en la vida cotidiana. Son: las tres características de la existencia y los tres fuegos (que en el mahayana pasaron a llamarse los tres venenos). Seis elementos en total, que me permiten recordar el dharma con sólo seis palabras.

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¿¿Que no existe el yo??

[2,5 páginas]

Cada vez son más los maestros y estudiosos que, con el privilegio actual de poder acceder a todas las fuentes conservadas de las tradiciones budistas, y de hacerlo desde una perspectiva histórica y lingüística más informada que nunca antes, señalan la problemática de la doctrina del no-yo, que aseguran es la enseñanza más incomprendida, distorsionada y mal representada del Buda. Resulta interesante ver que, en las fuentes más antiguas (el canon pali), el Buda no utiliza la expresión “no tener yo” sino “no ser yo” o “ser no-yo”, en esos textos uno no lee que no exista el yo, sino que las formas, las percepciones… no son yo. Tengo la sensación, personalmente, que se trata más bien de una enseñanza pragmática sobre una actitud psicológica, y no una descripción ontológica o metafísica de la realidad. De hecho, en el Dhammapada (verso 80), el Buda parece animar a construir con esmero un yo:  “Así como un campesino riega su campo, así como un arquero endereza su flecha, así como un carpintero talla un pedazo de madera, así el sabio disciplina el yo.” (Dependiendo de la traducción, dicen “se disciplina a sí mismo” y otras variantes).

Creo que una visión pragmática y bien comprendida de la enseñanza del no-yo puede ser muy útil hoy en día. Me ha gustado mucho un breve y sencillo artículo de Thanissaro Bhikkhu, experto en el canon pali, publicado en la sección “Lo que el Buda nunca dijo” de la revista Tricycle. El contenido no es en sí un enfoque secular, sino theravada; pero creo que el mensaje puede ser útil, y quizás sigamos investigando el tema. Lo traduzco a continuación [mis notas entre corchetes. La negrita es mía]. Espero que lo disfrutéis:

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El sexto sentido (budista)

[2 páginas]

Una idea budista que me interesó desde el principio es la de los seis sentidos. ¿Cuál es el sexto? La mente. Los textos hablan de seis posibles objetos: imágenes, sonidos, olores, sensaciones táctiles, sabores y pensamientos. Sea lo mismo que el cerebro o no, la mente se define como aquello que puede “conocer” y “pensar”, o que tiene la capacidad de captar pensamientos, así como los ojos o la visión captan imágenes. El concepto me puso del revés; pero tras el breve desconcierto inicial enseguida le vi la lógica.

Si bien es cierto que solemos entender el pensar como una actividad que realizamos, más equiparable a mover los dedos que a percibir un aroma, ¿cuántas veces los pensamientos parecen (por lo menos subjetivamente)  aterrar simplemente en nostros? Esto es especialmente cierto de la inspiración, que los griegos confiaban a las musas y tantos autores euroopeos han atribuído a Dios durante siglos. Cualquier lector que, como yo, se dedique a la creación artística, reconocerá fácilmente ese fenómeno de una idea “apareciendo” o “llegando”, habitualmente seguido de una maratón hacia el papel, el ordenador, la tela o el instrumento musical.

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La reverencia de las monjas

[2,5 páginas]

El autor y un compañero dirigiéndose a la ceremonia de ordenaciónEste año, estando de retiro de meditación en Myanmar (antes conocido como Birmania), tomé votos monásticos durante el mes de enero. La ordenación temporal es un fenómeno muy extendido en países del sudeste asiático como Myanmar y Tailandia, en los que casi todo varón de familia budista pasa por la experiencia del monacato por lo menos una vez en la vida.

Se considera que alguien que haya sido monje budista, aunque sea por un periodo de tiempo bastante breve, está más maduro y preparado para el matrimonio; de hecho, durante mi experimento de un mes en ese monasterio vi a más de un adolescente o veinteañero aparecer y desaparecer de domingo a domingo. A un amigo mío tailandés, sus padres le mandaban al monasterio durante las vacaciones, como quien en occidente va a un campus de verano a practicar deportes de exterior o aprender inglés. Y no son sólo jóvenes los que se ordenan durante un tiempo corto: también hay hombres adultos que deciden aparcar por unas semanas o meses sus obligaciones mundanas, e incluso jubilados que se toman una época de reflexión y meditación más intensa. (Escribo en masculino porque, aunque también existe el monacato temporal para mujeres, la “obligación” social se refiere principalmente a hombres.)

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De monjes y de monjas

[2 páginas]

El tercer artículo de la historia de este blog era la fantástica notícia de la concesión del título de Geshema a monjas tibetanas. (Ved el artículo aquí.) El título de Geshe, hasta hace muy poco reservado para hombres, es un reconocimiento monástico de la tradición tibetana que se compara habitualmente a un grado de ‘Doctor en filosofía budista’. La noticia supuso un gran paso adelante en términos igualdad y de derechos y respeto para las mujeres. Pero como supimos a través de la entrevista con Karma Yeshe Rabgye, este título no va a cambiar instantáneamente la mentalidad de la sociedad (monástica) tibetana, obviamente, aunque sí supone un buen augurio y un empujoncito a ese cambio.

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