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Abusos y armas: ya es hora de otro despertar

En el último siglo, buena parte de nuestra sociedad ha ido abandonando el catolicismo. Y lo ha hecho no porque en él no haya bondad ni sabiduría, sino por cosas como su resistencia ante conocimientos científicos y cambios sociales, la violencia perpetrada en su nombre, su estructura tejida de privilegios, abusos, corrupción… De hecho, estas consideraciones probablemente hayan ocultado a nuestros ojos la bondad y sabiduría que existe en ese camino. Pero esta ceguera del exiliado religioso es normal: avanzamos como reacción a lo que dejamos atrás y, por lo tanto, la visión que pintamos de ese pasado raramente es completa e imparcial.

20130701_600Más sorprendente es otra ceguera, aunque en el fondo igual de comprensible. De manera inversamente proporcional al olvido de la religión autóctona, ha habido un acercamiento a otros caminos, muchos de ellos extranjeros, como es el caso del budismo. El hueco de inquietud existencial pide llenarse, y parece que también lo pide la tendencia (¿necesidad?) a tener una visión del objeto espiritual inmaculada, romántica, infalible. Al inicio del párrafo dije comprensible porque, para aspirar a algo, tienes que tenerlo en alta consideración; si no, no lo persigues. Pero cuando esa tradición foránea empieza a conocerse mejor y los dos mundos dialogan más y más, afloran datos que manchan esa visión. Y aquello que veíamos en la tradición heredada, y que era motivo para rechazarla, ahora no lo vemos en la nueva tradición elegida. Entonces esos datos se obvian, se tapan, se ignoran… hasta que hay demasiada mierda acumulada bajo la alfombra y es inevitable tropezar. Esto es lo que ha sucedido en los últimos meses, en dos flancos que ponen a prueba nuestra madurez espiritual: el estallido de los abusos en el budismo tibetano y la crueldad del estado birmano contra los rohingya, la minoría musulmana del país.

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Dharma.cat y ‘dharma 2.0’

Aún no hace una semana que la barbarie terrorista atacó Barcelona. Había caminado por el mismo tramo de las Ramblas el día anterior y, de hecho, me estaba vistiendo para ir precisamente ahí cuando una amiga, que se encontró enmedio de todo, me llamó: “No vengas. No salgas de casa.” Hoy no escribo esta entrada para hablar del terrible incidente del pasado jueves, pero no obstante siento que no puedo evitar el tema por completo.

Todos estamos sacudidos, volviendo poco a poco a la normalidad. Sentimos el dolor de las víctimas, de los familiares, y el miedo que surge en nosotros a pesar de los eslogans de “No tinc por.” Nuestra práctica es no dejarnos condicionar por este miedo: que no bloquee nuestras vidas, que no alimente islamofobia y estereotipos, sino que se traduzca en empatizar con las comunidades que por desgracia van a sufrir odio de todos modos, y en intentar comprender tanto como podamos la complejidad de esta situación, incluyendo la realidad de esas personas que se ven movidas a este tipo de actos, seguro que con un dolor subyaciente. Recomiendo mucho esta charla de tan sólo 20 minutos, con subtítulos disponibles al castellano: What We Don’t Know About Europe’s Muslim Kids and Why We Should Care.

Pero si por ahora no hago un artículo entero a raíz de este suceso, como sí hice con los atentados de París, ni tampoco escribo sobre los escándalos recientes sobre maestros abusivos, la mayoría —aunque no todos— alrededor de Sogyal Rinpoche (no pongo links, hay demasiados), es por falta de tiempo. Si seguís este blog desde hace mucho tiempo os habréis dado cuenta de que en el último año, o incluso más, he estado publicando con menor frecuencia. No estoy nada seguro de que esto sea una mala noticia jajaja. Pero han aparecido otros proyectos y responsabilidades, y me ha ido bien porque volcarme demasiado en el blog podía, en una época, venir acompañado de ambiciones, presuntuosidad, etc. Hoy, espero que me permitáis un poco de publicidad 😉

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A parte de la tesis de mi máster en Estudios Budistas, lo que ha secuestrado buena parte de mi tiempo y de mi espacio mental últimamente es una página web nueva: www.dharma.cat. ¡Y ya está a punto, ya la podéis visitar! Es una simple plataforma de difusión de actividades relacionadas con la meditación y el dharma, en la zona de Cataluña, desde una perspectiva laica, contemporánea, no dogmática y no ritual.

Dharma.cat toma el relevo de la sección de Eventos – Actividades de esta web, que tiene lectores de todos los países hispanohablantes pero sólo muestra actividades en Barcelona y alrededores, lo cual no tenía mucho sentido. Además, esto es en esencia un blog de opinión y difusión. A partir de ahora aparecerán unos pocos eventos que tengan relación directa con el Grup de budisme secular de Barcelona (y cualquier actividad que me mandéis desde los demás grupos de práctica), pero generalmente se redirigirá al lector a dharma.cat, que es un proyecto más coral, con Yolanda Blanch, Ferran Mestanza, Àngel Solà y Jose Luis Molinuevo, y unido por un enfoque y una geografía.

Captura de pantalla 2017-08-20 a las 20.30.21La segunda razón por la que escribo este post comparte la misma palabra que la web: es el curso “dharma 2.0”, que marca mi graduación del programa Community Dharma Leadership y que he diseñado e impartiré con la supervisión y apoyo de mi mentor, Stephen Batchelor. Por un lado, con todo el follón de la tesis, no sé si elegí el mejor momento para dar oficialmente mi primer curso (glups), pero ya está hecho y me hace mucha ilusión, sobretodo porque sé que tendré a algunos compañeros de camino conmigo en el curso. El target de este curso no es principiantes, no se trata de un curso de introducción, y alguien totalmente nuevo puede que se tope con un exceso de material. Pero dharma 2.0 tampoco es ‘avanzado’ ni requiere haber ‘alcanzado’ nada: mientras que un cierto conocimiento del budismo ayudará mucho, realmente basta con tener algo de experiencia en meditación en silencio, ya sea budista o laica.

Mi intención es presentar un marco exhaustivo y coherente de lo que puede significar practicar el dharma en nuestro mundo de hoy, yendo más allá de reducir la ansiedad individual y abarcando cuestiones éticas y filosóficas, siempre de forma accesible y pragmática, dejando las creencias metafísicas a un lado. Se explorarán varias ideas y metáforas fundamentales. Algunas de ellas han quedado soterradas bajo la evolución y sofisticación del budismo, como sucede con muchas tradiciones religiosas, y se han recuperado gracias al estudio académico de la realidad histórica en la que vivió Gotama. Son cosas interestantísimas y tremendamente útiles y aplicables para todos nosotros, pero los practicantes rara vez leen literatura académica, a no ser que sean un poco frikis como yo.

Los temas que se tocarán podrían extenderse o constituir cada uno un curso o retiro en sí mismo, pero el énfasis será en crear este marco o plantilla que luego cada uno podrá ir llenando. ¿Por qué? Porque siento que esto es lo que más le falta a la práctica contemporánea, a menudo secularizada, del dharma: cómo encajar las distintas ideas y prácticas, qué propósito sirven, de dónde partimos, cuál es realmente la meta, qué idea unificadora engloba todo esto y le da sentido y dirección, etc.

Intentaré, tan bien como pueda, responder a estas preguntas, compartir lo que pueda compartir, mantener las reflexiones cerca de nuestra experiencia cotidiana, seguir investigando junto a los asistentes y, por encima de todo, aprender una tonelada. Antes de terminar, os dejo el programa de las sesiones del curso. Y si estáis “por la zona”, espero que visitéis www.dharma.cat y encontréis ahí actividades que nutran vuestro camino. 🙂

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Primark: ¿cosmética mindful?

primark 2Seguramente ya te hayan llegado las noticias. Si no, agárrate. Primark ha lanzado una colección de cosmética inspirada (según dicen ellos) en el mindfulness. Consiste en sprays, aceites y exfoliantes. Como lo oís. Es para flipar. En un artículo titulado ‘Así es el mindfulness, lo nuevo de Primark Beauty para relajarte’ hay un párrafo digno de un facepalm con una de esas manos gigantes de espuma: si “intentas imitar a todas las yoguis de Instagram en casa preparándote zumos depurativos naturales y demás inventos ‘wellness’, tranquilas, hay solución: ¡estás dentro del mundo mindfulness!” Sin comentarios.

En el post anterior hablé de la relación entre el mindfulness como movimiento y el budismo, y me mostraba a favor de esta tendencia. Terminado el curso de MBCT de 8 semanas me reafirmo en mi postura: va en la dirección de reducir dukkha, no de aumentarlo, y no encontré que me alejara de mi camino ni compitiera con él, tirando hacia otra dirección. Me pareció una introducción a la meditación y a la actitud contemplativa fantástica, y está consiguiendo introducir a estas prácticas a gente que quizás no se habrían acercado a un centro budista o a una clase de meditación jamás.

¿Que no es exactamente lo mismo que el mindfulness budista? Claro que no. ¿Que es incompleto? Pues evidentemente. Pero ¿qué curso de introducción a la meditación o al budismo lo es, en 8 sesiones? ¿Verdad que no vamos a un retiro budista de una semana y salimos criticando que no han contado tooodo el dharma? Muchas de estas críticas tienen un punto absurdo, muestran falta de perspectiva sobre lo que hacemos nosotros mismos, y surgen de una posesividad hacia la meditación. Tenemos la oportunidad de revisar este apego.

Pero en este post voy a hacer un poco lo contrario. Cuando se debate la aplicación apropiada de un término y se navega su significado cambiante (como es el caso de la palabra “mindfulness” hoy en día), la pregunta clave es dónde poner la línea. Si la frontera es demasiado restringida, el término se vuelve de especialistas, estático, muerto; y uno es fundamentalista y averso al cambio. Si por lo contrario la frontera es tan inclusiva y flexible que es como si no existiera, el término pierde su significado: puesto que lo quiere decir todo, ya no quiere decir nada.

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El mindfulness está cambiando el budismo

Me he apuntado a un curso de mindfulness de 8 semanas. Concretamente, de MBCT (mindfulness-based cognitive therapy). Lo he hecho desde mi curiosidad por el diálogo entre el budismo y la modernidad. A ver qué tal. Por cierto, otro signo de este diálogo es que mi madre ahora colorea mandalas (aquí una muestra).

Apuntarme a este curso me ha recordado que he visto que, últimamente, hay maestros y centros budistas que empiezan a ofertar actividades de mindfulness o a presentar sus enseñanzas en esos términos. En parte, seguramente, para atraer al público, y no de forma meramente interesada, sino como parte natural de ese diálogo. Sin embargo, a mí me parece que esta influencia del mindfulness en el budismo va más allá de un simple rebranding, de con qué palabras las escuelas budistas ofrecen su contenido: está afectando al contenido mismo.

El pasado diciembre, participé en la jornada que organiza cada año la Coordinadora Catalana d’Entitats Budistes. Esa edición tenía como título “Presente y futuro del budismo en occidente” y uno de los temas centrales de la mesa redonda en la que yo participaba eran las (presuntas) descontextualizaciones del dharma. Como podéis imaginar, el mindfulness fue el gran protagonista. Uno de mis co-conferenciantes se mostró apasionadamente molesto con el movimiento del mindfulness. Mi postura es la de verlo como un caballo de Troya y como algo generalmente positivo para la sociedad, sin dejar de prestarle una atención crítica. (Veremos si mi opinión cambia tras completar el curso de MBCT.) Y también creo que, dada la realidad actual, el budismo tiene que dejar de tratar al mindfulness como algo de su propiedad, del mismo modo que el cristianismo, por ejemplo, no debería considerarse a sí mismo como el guardián definitivo del amor al prójimo.

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Buda y la virtud del habla (II)

¿Qué sucede si tomamos la atención plena (mindfulness), la alejamos de la respiración y la llevamos a lo que decimos? ¿Podemos aplicar lo que hacemos cuando meditamos a nuestro proceso de hablar? Mantenernos presentes, no dejarnos cautivar por trenes de pensamiento conflictivos, observar el nacimiento de intenciones… ¿Cuánto valor tiene la meditación si se limita a experiencias mentales privadas y no se traduce en palabras? ¿Se puede meditar hablando? ¿Qué significaría?


En la primera parte de esta serie escribí: “A finales del año pasado, exploramos este tema con nuestro grupo de meditación y me gustaría compartir algo de eso en dos artículos. El segundo introducirá unas guías prácticas para cultivar la palabra apropiada; pero de momento introduzcamos la idea.” ¡Esto fue el 18 de abril de 2016…! Como fecha de caducidad para una promesa, un año es bastante, así que ahí voy. Pero empezaré resumiendo en un párrafo el contenido del primer artículo (aunque, evidentemente, es mejor que os lo leáis, qué voy a decir yo…).

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6 maneras de integrar la meditación en tu día a día

Uno de los grandes retos para muchos es establecer una práctica regular de meditación, a poder ser diaria. Este es un tema que ha salido varias veces en este blog, así que si ese es tu caso dale un vistazo a los artículos ‘Cómo meditar, incluso si eres muy impaciente‘, ‘10 consejos para establecer una práctica de meditación‘, y la reflexión ‘No consigo meditar cada día‘. Pero la práctica formal regular no lo es todo, y llegados ahí uno inevitablemente se pregunta qué viene a continuación. Esta entrada es para quienes quieran ir un paso más allá, quienes sientan que la sentada no es suficiente o intuyan que esta práctica tiene aún mucho a ofrecer y la podrían aprovechar más.

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Mañana intensiva organizada en Barcelona hace unos meses (gracias Sérgio por la foto)

Algunas de las cosas que diré se solapan con los artículos que acabo de enlazar, pero he intentado presentar en concreto y de forma completa aquellas condiciones que más me han ayudado —y me siguen ayudando— a que la meditación forme una parte integral de mi vida: (1) reconecta con la actitud meditativa durante el día, (2) haz práctica intensiva, (3) escucha meditaciones guiadas y charlas, (4) sigue leyendo y estudiando, (5) experimenta con tu vida cotidiana, y (6) encuentra comunidad (o créala).

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Un argumento budista contra facebook

Pawel-Kuczynski-Facebook-1Seguramente el futuro recordará el siglo XXI como la era de las redes sociales. Pero ¿qué dirán los libros de ese futuro sobre cómo se han adaptado e interactuado con ellas el budismo, el mindfulness, en definitiva, los caminos espirituales y de transformación personal? Lo que sigue es una reflexión en curso sobre qué aspectos de facebook (y compañía) no contribuyen a una vida más despierta y consciente, sino que la boicotean. No hace falta decir que nada de eso niega los aspectos no-problemáticos del social media y sus posibles usos positivos.

Resumamos: el objetivo del budismo es encontrar la solución al problema del sufrimiento e insatisfacción humanos. Esto conducirá a una nueva forma de estar en el mundo y, para quienes creen en el ciclo de renacimientos, a escapar de él. Ambas cosas se logran reduciendo, y finalmente erradicando, la tríada de codicia, aversión y engaño —o la versión de esos términos que prefiráis. Estos tres impulsos básicos nos mantienen atrapados en ciclos repetitivos y agotadores. El budismo los llama ‘fuegos’ y declara que hay algo más en la vida que perseguir ávidamente lo que nos gusta, intentar apartar lo que nos desagrada y aburrirnos frente a lo que nos es indiferente. Esto no sería un problema si no fuera porque se trata de una empresa irrealizable, y porque muchos de nuestros deseos obsesivos, miedos y odios son bastante estúpidos. El budismo y la meditación aspiran a superar esas limitaciones, en especial la ignorancia, y a poder ver las cosas tal y como son. En principio, todos los métodos de práctica de las distintas tradiciones budistas responden ampliamente a esa meta.

Pero ¿y facebook? ¿Cuál es el objetivo de facebook? ¿Contribuye a avivar o a sosegar esos fuegos? Esto me gusta, eso no me gusta, de aquello paso. Facebook me muestra anuncios de productos que he googleado pero aún no he comprado. Si tengo espíritu de troll o de hater, twitter o youtube me proporcionan una ventana de anonimidad para descargar mi rabia sin que tenga que afrontar consecuencias. El otro día me di cuenta que hacía semanas que la gran mayoría de lo que me encontraba al abrir facebook eran vídeos o bien de aquél secreto que él solito me va a solucionar la vida, mágicamente, o bien de cualquier noticia de actualidad que debería indignarme mucho; y vi que más allá de generarme esa reacción inicial de interés o de ira no estaban ni ayudándome a solucionar mi vida ni motivándome para cambiar el mundo.

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