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Nace un nuevo proyecto: ¡Espai Sati!

Estoy muy contento de poder compartir por fin un proyecto en el que estoy involucrado muy directamente, y que ha llevado mucho tiempo y dedicación poner a punto. Es algo que nace tan humilde como ambicioso. Humilde porque empezamos poco a poco, gradualmente viendo qué funciona y cómo responde la gente. Ambicioso porque miramos al futuro llenos de ideas.

Se trata de la Asociación Espai Sati (‘espai’ es espacio en catalán, ‘sati’ es plena consciencia o mindfulness en pali). Nace para llenar un hueco en nuestro panorama dhármico. Organizará actividades de dharma, basadas en la tradición pali y con el enfoque laico de este blog, principalmente en la zona de Barcelona. Sin embargo ya tenemos algunos planes para Madrid, queremos hacer cosas online e híbridas, y estamos en contacto con el Bodhi College para colaborar en un futuro cercano.

Buscamos diversidad en tres sentidos. En primer lugar, de formato: retiros de varias duraciones, talleres de un día, grupos de práctica o ‘sanghas’… En segundo lugar, de idioma: con eventos tanto en castellano como en catalán. Y por último, de maestros: la intención no es crear el chiringuito de una sola persona sino ofrecer una variedad de maestras tanto de casa como de fuera.

Puedes leer más sobre la asociación y su enfoque aquí.

Como inauguración, el domingo 19 de febrero a las 17h de España (11h en México, mediodía en Colombia, 13h en Chile, Argentina y Uruguay) haremos una sesión online con Andra Castillo, que junto a Martine y Stephen Batchelor, son socios honoríficos de Espai Sati.

Aunque sirva para presentar el proyecto y celebrar, la actividad será una sesión normal de meditación y dharma. Andrea nos hablará de La práctica de no dañar. Una vez, le preguntaron al Buda: si todos los seres humanos desean vivir en paz, ¿por qué viven con odio, dañándose los unos a los otros, hostilmente y como enemigos? Esta es una cuestión básica que nos mueve en nuestro camino, tanto individual como colectivo. Pone de relieve que la práctica del dharma es un aprendizaje en no dañar o causar sufrimiento.

La actividad también es un ‘fundraiser’ para la asociación. Somos pocos socios fundadores, y poner algo así en marcha acarrea bastantos gastos si lo quieres hacer bien. Así que nos sirve para juntar a sanghas hermanas y muy abiertamente pedir su apoyo y generosidad. El nacimiento de una iniciativa de dharma siempre es motivo de celebración, más aún en la escena catalana e hispanohablante. Y nunca podemos hacer nada solos, nos debemos siempre a los demás. Cada asistente podrá contribuir según sus posibilidades y deseos, y si alguien no quiere o no puede aportar, también es bienvenido.

Para estar al corriente de las actividades de Espai Sati, suscribíos a la newsletter bilingüe budisme.substack.com. Y os invito a curiosear por nuestra web espaisati.org y nuestro instagram. Veréis que por ahora no hay muchas actividades, pero pronto iremos llenando el calendario y estaremos encantadas de escuchar vuestro feedback y peticiones. Hemos abierto la asociación para poder ayudar y cuidar la práctica de todos.

¡Gracias!

Atención, placer y argumentos sobre Dios: recomendaciones de libros 2022.

Como ya es tradición, alrededor de las fiestas recomiendo algunos de los libros que me han gustado en el último año, o de los que tengo noticia y creo que serán interesantes para quienes leéis este blog. Podéis ver las recomendaciones pasadas buscando los posts con la etiqueta ‘libros‘. Este año traigo cinco recomendaciones, en español y en inglés. Son una buena combinación de lecturas estimulantes a nivel intelectual y amenas, con también lecturas para aplicar el dharma en nuestro cojín de meditación y fuera de él. Espero que os gusten. ¡Felices fiestas y buena entrada de año!

Atención radical – Julia Bell

Vi este libro recomendado en instagram por mi amiga Gloria y tardé poco en comprarlo. Bien escrito, fluido, cercano, reflexiones profundas y que a la vez divagan hábilmente. Me encantó. Pensé que es uno de esos libros que, a pesar de no hablar explícitamente de dharma ni una sola vez, le podría gustar a cualquier meditador. Además, es corto y ligero. En muchos sentidos, me recordó a Biografía del silencio de Pablo d’Ors, que recomendé hace un año. Es de esos libros que se leen como si escucharas a una buena amiga reflexionar en voz alta frente a un sinfín de tazas de té o copas de vino. Altamente recomendado para estas fiestas.

Skillful Pleasure – Peter Doobinin

Si tienes ganas de volver al ABC de la meditación, de fortalecer las bases, de redescubrir la respiración, o incluso reavivar el entusiasmo y placer de meditar, recomiendo este libro del maestro Peter Doobinin. Dividido en tres partes, este volumen relativamente fino primero expone las enseñanzas positivas sobre el placer, desbancando el mito modernista de que el budismo es anti-placer. A continuación, describe un estilo de meditación que busca y se sirve de las sensaciones de comodidad y placer que surgen al observar de cerca la respiración. El método está en la línea de Thanissaro Bhikkhu, Ajahn Lee Dhammadharo, y Rob Burbea; y es muy estructurado. Me pareció muy útil.

Enseñanzas del buddhismo primigenio. La posición intermedia en la teoría y en la práctica. – Y. Karunadasa

Karunadasa es uno de los profesores de budismo más reconocidos hoy en Sri Lanka. Es una alegría que se haya traducido al español esta obra suya (aunque todavía no puedo evitar que me duelan los ojos cuando veo elecciones de la ortografía buDDHismo). Karunadasa presenta el budismo de los orígenes a través del concepto del camino medio, que aplica a paisajes diversos como la condicionalidad, el yo, el placer y felicidad, la moralidad, o el análisis budista de la mente. En un estilo muy claro, este libro representa una buena combinación de teoría y práctica (o teoría para la práctica). También se ha traducido su obra sobre el Abhidhamma Theravada, pero eso ya es otra historia bastante diferente!

Philosophy of Religion – Tim Bayne

Soy bastante fan de la colección Very Short Introductions de Oxford University Press. Como el nombre de la colección indica, te presentan brevemente una infinidad de temas: desde «Wittgenstein» a «Montañas». Realmente consiguen condensar la complejidad de un tema en un texto accesible, aunque todavía intelectual. Disfruté este libro enormemente. Y aunque esto sea porque me fascina la filosofía de la religión (es decir, filosofar sobre la religión, sus afirmaciones y funciones, la naturaleza de la experiencia mística, etc.) durante todo el libro no dejé de pensar que a casi todo el mundo le interesaría. Porque ¿quién no ha tenido una opinión sobre Dios o sobre creer en Dios? ¿Quién no ha debatido a favor o en contra de este u otro argumento religioso? Todas tenemos cantidad de opiniones sobre la religión —curiosamente, muchas de ellas dogmáticas, ignorantes e intolerantes… que es lo que solemos criticar a la religión—. Este libro presenta los argumentos y contraargumentos principales de teólogos y filósofos, especialmente de la esfera cultural abrahámica, pero es estimulante a más no poder.

El arte de la atención plena – Shaila Catherine

Siendo el original ‘Focused and Fearless’, me confunde un poco que eligieran para la traducción un título que, de tan usado, ya no es descriptivo de nada. Tiene que haber docenas de libros que se llamen así. Por suerte, el subtítulo empieza a dar más pistas: Manual de meditación mindfulnes, jhana y otros estados de claridad mental. Pero elecciones de título a parte, es una joya de libro. Las mismas personas a las que he interpelado para ‘Skillful Pleasure’ de Peter Doobinin pueden sentirse interpeladas aquí. En comparación, este es un manual más exhaustivo y, aunque también es bastante estructurado, transpira un poco más de flexibilidad. Personalmente, las anécdotas personales que Shaila usa en sus explicaciones me parecieron a veces más útiles que lo que, en muchos sentidos, es una reescritura accesible de la concepción theravada tradicional del camino meditativo, del paso de la atención plena a estados de más recogimiento. Altamente recomendable para todos los públicos.


Sobre la obsesión con los orígenes

He estado y estoy enamorado del budismo temprano o primigenio, el de los orígenes. (Este blog lo atestigua de sobras.) Como todos los amores verdaderos, es un amor que reconoce la imperfección, cosas que desagradan y puntos de fricción, pero que sigue atendiendo con afecto, interés y cuidado. Podría decirse que este amor o afecto, este «movimiento hacia», se asemeja al deseo. Y así es. Es pegajoso, pero de un modo hábil en lugar de basado en el apego y el egocentrismo. Esta semejanza es un punto fascinante que hace un texto pali al discutir mettā (amor, bondad, afecto). Pero no es uno de los discursos más antiguos. Ni siquiera es el «Camino de la purificación» (Visuddhimagga) del filósofo theravada Buddhaghosa, el de la imagen. Es el comentario a ese texto. ¡El comentario! Blasfemo…

El estrato más antiguo de la literatura budista (los pimeros discursos o «suttas») presenta una enseñanza menos sistematizada. Esta es una de las razones por las que muchos budistas seculares prefieren los suttas: se prestan especialmente a una interpretación fresca. En cambio, obras posteriores como los libros del Abhidharma, manuales como el Visuddhimagga, o los comentarios a los suttas, se consideran estancadas y a menudo escolásticas. Se las ve como pertenecientes al theravada institucional, menos aptas para una lectura existencial y flexible del dharma. Sin embargo, en esas obras se condensan horas de reflexión y práctica, y manteniéndolas al margen de forma estricta nos perdemos contenido muy valioso.

A pesar de las apariencias, este artículo no va sobre la tradición de los comentarios. Va sobre identificar prejuicios, sobre cómo seguimos teniendo ortodoxias y listas informales de libros prohibidos en base a criterios cuestionables. La práctica del dharma, para mí, también es reconocer prejuicios, reconsiderarlos, y matizar mis posturas.

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¡Entrevistado por Dharmatic!

Estoy de vacaciones. Pero entre baño y baño (porque los budistas también vamos a la playa, y hasta se puede meditar!) me llegó la invitación de Juan para entrevistarme en su canal de youtube y tiktok, Dharma Tic.

Partiendo de las preguntas que recibe de sus seguidores, Juan me dio la oportunidad de presentar el budismo secular, resolver dudas y destapar mitos; pero también de abordar cuestiones más contenciosas como el papel del ritual, el colonialismo del budismo moderno, o las respuestas que recibo/recibimos por parte de budistas tradicionales.

Cuando terminamos nos quedamos charlando casi una hora más, ¡y deberíamos haberlo grabado! Quizás para una segunda parte. De momento, espero que disfrutéis esta conversación con Juan, si puede ser con un ventilador al lado y una bebida fresquita en la mano.

Ah, y os recomiendo que sigáis a Dharma Tic, es un canal muy ameno. ¡Que paséis buen verano!

Por qué el budismo importa

¿Por qué un blog que se autodenomina budista secular, que tiene voluntad de adaptar las enseñanzas, que muestra una actitud más bien reformista, se empeña en seguir volviendo a los orígenes del budismo? ¿Hace falta fundamentar las cosas en los textos de la antiguedad? Eso suena a apego. ¿Por qué no soltar completamente la etiqueta?

Me hago estas reflexiones a menudo—sí, a menudo, así de enfermo estoy. Y este artículo es sólo una respuesta de las muchas posibles. Son cuestiones complejas porque tienen que ver con historias personales, como la mía. Mi actitud iconoclasta convive con un amor y curiosidad por la historia del dharma en sus múltiples facetas. Parte de mi educación budista ha sucedido en entornos tradicionales en Asia y eso me ha moldeado tanto como mi cercanía con Stephen Batchelor y otras influencias. Y a pesar de la tendencia secular, valoro lo que muchos prefieren llamar espiritualidad en lugar de religiosidad, pero que viene a ser lo mismo; y es que doctorarse en un departamento de ‘Religious Studies’ pone en perspectiva estas etiquetas y nuestros prejuicios.

Quiero girar la cabeza hacia el futuro teniendo ojos en la nuca, porque no aprender del pasado sería estúpido (y no aceptar que lo hago sería arrogante). Muchos movimientos de cambio se dejan condicionar demasiado por la aversión, rechazan de forma reactiva, como una rebeldía adolescente. Aunque no podemos evitar esto por completo, sí podemos ser más maduros.

Me gusta describir mi relación con la tradición budista como bidireccional. Quiero promover una actitud que permita crítica respetuosa en ambos sentidos. Esto importa para adaptar el dharma al mundo contemporáneo, ya que si sólo somos críticos con la tradición sin dejar que la tradición desafíe nuestras formas de pensar y vivir, limitaremos su poder de transformarnos. ¿Qué nos mostrará lo que hay en nuestro ángulo muerto?

Asimismo, si no soy crítico con la tradición tampoco le hago ningún favor: ni contribuyo a su relevancia y supervivencia, ni estoy respetando su propio compromiso con la verdad y la liberación. Ni sólo una cosa ni sólo la otra. La bidireccionalidad es más fructífera y estimulante.

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Lo que no recordamos sobre el mindfulness

El título de este artículo es un juego de palabras. Se basa en que los términos budistas originales que traducimos como «mindfulness» (smṛti en sánscrito, sati en pali, dran pa en tibetano) significan «memoria», «recuerdo». Tener atención plena es recordar algo, tenerlo presente.

Con tanto énfasis en el momento presente, quizás sorprenda que el significado tradicional de mindfulness nos remita al pasado. Pero el poder del mindfulness para orientar nuestras vidas aumenta cuando vemos cómo, en su contexto budista, la atención plena es un elemento cohesionador que reúne el pasado, el presente y el futuro: nuestros votos y aspiraciones, lo que hacemos ahora y hacia dónde queremos ir.

No escribo en contra de ninguna noción contemporánea de mindfulness, como diciendo que occidente se ha equivocado, sino a favor de recuperar una dimensión que puede enriquecerla, que es la dimensión ética. Todos estamos bastante familiarizados con la definición del mindfulness de Jon Kabat-Zinn como «la conciencia que surge al prestar atención al momento presente, a propósito, sin juzgar». Comparémoslo con este pasaje del canon pali (SN 48.10):

¿Cuál es la facultad del mindfulness? Un noble practicante es consciente, posee una excelente atención y vigilancia, puede recordar lo que se dijo y se hizo tiempo atrás. Vive contemplando el cuerpo, las tonalidades, la mente y los procesos; con entusiasmo, plenamente consciente y atento, dejando de lado la codicia y el descontento hacia el mundo. Esto se llama la facultad del mindfulness.

Esta definición es doble. Quizás reconozcas la segunda parte como los cuatro satipaṭṭhānas: los cuatro fundamentos o aplicaciones de la atención plena, o como yo prefiero traducirlo, las cuatro formas de estar presente. La primera parte, sin embargo, puede sonar extraña: ¿lo que se dijo y se hizo tiempo atrás? Pero como factor de despertar, mindfulness también se define como recordar y reflexionar sobre las enseñanzas (SN 46.3).

Estas connotaciones no son una peculiaridad de los primeros discursos —la obra paracanónica Las preguntas del rey Milinda (Milindapañha) explica mindfulness de la misma forma— ni de la tradición pali. Śāntideva dedica el quinto capítulo de «La práctica del Bodhisattva» (Bodhicaryāvatāra) a la atención plena y dice lo siguiente:

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La contradicción fundamental del budismo moderno

Mi artículo para la revista Tricycle (invierno de 2021), que salió el pasado mes de noviembre y que traduje para el blog, generó cierto debate en algunos foros y en mi bandeja de entrada. Esto me alegró, ya que buscaba generar reflexión. Pero alguna gente me (mal)interpretó como un defensor del budismo tradicional, que no es el caso.

Mi artículo era descriptivo, no normativo: describí una contradicción dentro de lo que llamé ‘budismo neo-temprano’, pero me abstuve deliberadamente de decir cómo debería resolverse esa contradicción, como por ejemplo recuperando perspectivas tradicionales. Así que un tiempo después quise ofrecer la contrapartida normativa a ese artículo y reflexionar sobre cómo responder a la contradicción que había señalado. La publiqué en la Secular Buddhist Network. Aquí está la traducción al español.

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Una contradicción en el budismo neo-temprano

El quid de mi argumento era que la doctrina de que “Aquello que es Condicionado e Impermanente es Dukkha” (a partir de ahora, ACID) es necesariamente renunciante, en el sentido de negación del mundo, y que por lo tanto es incompatible con una perspectiva que afirme la vida. Dado que el budismo neo-temprano sostiene ambas cosas, es incoherente. Esta contradicción del budismo neo-temprano se esconde bien porque tenemos la costumbre de reinterpretar lo que significa dukkha (dolor, sufrimiento), de manera que ACID parece un hecho cuando en realidad es un juicio o una elección de énfasis —uno que tiene mucho sentido en una perspectiva de negación del mundo, pero no en una de afirmación de la vida—.

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No se trata de qué ‘sientes’ sobre la guerra

Los últimos dos años nos han enseñado lo importante que es nuestra relación con las noticias. El consumismo ha ido mutando de consumir ‘objetos materiales’ a ‘contenido’; y en esta economía de la atención, la prensa tiene un papel central.

Como forma de cultivo y de resistencia, nuestra espiritualidad tiene que mirar a nuestro consumo de noticias si queremos que esté integrada en nuestras vidas. Dos dias atrás, Vince Fakhoury Horn de Buddhist Geeks tuiteó lo siguiente:

«La mayoría de nosotras tenemos cero influencia sobre los acontecimientos nacionales e internacionales. Aun así, ¿cuánto tiempo y energía gastamos preocupándonos por ellos? Si tu cuidado no se traduce o no puede traducirse en cambio real, ¿por qué gastar tanta energía para tan poco rendimiento?»

No está diciendo que no deberíamos hacer nada, o que la guerra ruso-ucraniana no tendría que conmocionarnos. Es normal que nos afecte. ¿Pero hasta qué punto hay aquí una adicción al consumo de noticias que vende nuestros sentimientos y nuestros recursos empáticos a cambio de nada? O como dijo Ángel Martín en su informativo el viernes:

Las teles y los medios digitales ya han empezado el campeonato por ver quién consigue la imagen donde pueda verse más tragedia y removerte más por dentro para poner al lado un anuncio animándote a cambiar de móvil o de banco.

Cinismos extremos a parte, la cuestión es que tocarnos la fibra capta nuestra atención de forma muy eficaz, lo cual no es malo en sí, pero ¿como se utiliza nuestra atención entonces? Si bien no vamos a quedarnos impermeables a la horrorosa guerra que empezó hace unos días, estar emocionalmente abrumados mengua nuestra capacidad de respuesta y de cuidado. Vince lo resumió bien en un tuit posterior:

«Si crees que estar ‘comprometido’ significa sentirte constantemente enfurecido, cansado y cínico, entonces necesitas aprender a ser más eficaz en tu compromiso.»

Queremos implicarnos, sí, pero aún más queremos sentirnos implicadas, no queremos sentir que nuestra práctica está desconectada de lo que sucede en nuestra sociedad. El deseo de implicación es sincero, pero vivimos en una cultura —incluyendo nuestra cultura espiritual— que venera la ‘experiencia individual’ por encima de todo. ¿No es eso, al final, lo de ser consciente? (En unas semanas voy a argumentar que «No«.)

Es la divinidad del ‘cómo me siento’. Hay que bajarla del pedestal. No digo olvidarse de ello, sino dejar de divinizarlo. Evan Thompson consideró, casi como un añadido al final de su libro, que lo más valioso que tiene el budismo para ofrecernos es criticar nuestra obsesión narcisista. Sin embargo, cuánta espiritualidad hace lo contrario y nos hunde aún más en nuestro ombligo…

En el ‘Discurso breve en Gosiṅga’ (Cūḷagosiṅga Sutta, MN 31), el Buda pregunta a tres mendicantes que viven y practican juntos cómo lo hacen para vivir en armonía. Ellos responden que tienen actos de mettā de cuerpo, palabra y mente los unos hacia los otros, y ponen como ejemplo algo tan simple como sus dinámicas de poner la mesa y barrer la zona donde meditan. Cultivar mettā no es sólo cuestión de sentir amabilidad o sentirme bondadoso, sino de palabras y de acciones.

Nuestra práctica, como lo fue con el coronavirus, es encontrar un equilibrio que nos permita estar informadas sin someter nuestras capacidades empáticas al juego de quién consigue más clicks. Es aprender qué conmociones nos conectan y motivan y cuáles nos paralizan. Y es hacer algo en lugar de seguir adorando al dios del ‘cómo me siento’.

La adicción al update constante es una forma de reactividad compulsiva (upādānataṇhā). Soltarla (pahāna) nos libera (vimuccati) para cultivar (bhāvanā) una forma de vida (magga) que incluye nuestra implicación social (sammā ājīva). Quizás lo más dhármico y espiritual que podemos hacer ahora es usar lo que hemos aprendido sobre cómo trabajar con la mente para salir del estrecho foco del yo y entonces investigar qué podemos hacer para ayudar.


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El problema de recuperar el budismo temprano

Lo que sigue es la versión en español de un ensayo que publiqué hace poco en Tricycle: The Buddhist Review, y que condensa muchas de mis reflexiones y perspectivas sobre el budismo de los últimos años. Como es un texto largo y algo denso, quizás sea más fácil de leer en formato PDF. Lo podéis descargar aquí. Tras cierto debate que generó el artículo, escribí una continuación en la web de la Secular Buddhist Network, que también traduje aquí. Espero que lo disfrutéis.

Hay la teoría que demuestra
que la vida es una apuesta
que ganamos al nacer

— De la canción “Tú mandas”,
de Pau Donés (Jarabe de Palo)

I

Un meditador contemporáneo abre El Principito de Antoine de Saint-Exupéry. En el capítulo 15 de ese clásico repleto de sabiduría, el geógrafo pide al Principito que le describa su planeta. “Hay tres volcanes,” dice, “dos de ellos activos y el otro extinguido.” Y luego añade: “También tengo una flor.” El geógrafo informa al Principito de que no registran las flores, pues son efímeras. Desconcertado, el Principito pregunta qué quiere decir eso, sorprendido de que no registren precisamente lo más bello. “Significa,” responde el geógrafo, “que está amenazada de desaparición inminente.” El Principito queda desolado. Acaba de descubrir que su amada flor es efímera, amenazada de desaparición inminente, y él la ha dejado sola en su planeta, con sólo cuatro espinas para defenderse.

¿Qué debe hacer el Principito? ¿Debe dejar que esta vulnerabilidad de lo que ama y que acaba de descubrir se convierta en preocupación y cuidado? ¿O debe seguir a otro joven príncipe —Siddhartha Gautama— y cortar sus lazos con la flor, considerando que no se debe perseguir lo que está sujeto al nacimiento, al envejecimiento o a la desaparición inminente? Imagino que el meditador contemporáneo leería ese episodio con ternura y le parecería frío deducir que el Principito debe desvincularse de la flor. Sin embargo, eso es exactamente lo que enseña el budismo temprano. Si no, ¿por qué los textos antiguos harían que el Buda, en su lecho de muerte, criticara a su discípulo que llora, diciendo,

¡Basta, Ānanda! No te aflijas, no te lamentes. ¿Acaso no preparé para esto cuando expliqué que debíamos separarnos de todo lo que apreciamos y amamos?

(DN 16)

El meditador hipotético quizás diría que eso es una falsa dicotomía, que no aferrarse no significa que no te importe, que la ecuanimidad no es indiferencia, que uno debe permanecer atento y ecuánime hacia la flor pero puede seguir disfrutando de contemplarla, regarla, etc. No es que discrepe, personalmente; pero lo que no me convence es que esta actitud represente el budismo temprano. Son formas posteriores de budismo las que sostienen que se puede disfrutar sin apego, y no veo cómo te puede importar algo —sustituyamos a la flor por tu madre— y no sufrir por su naturaleza efímera. Sin embargo, para los discursos budistas primigenios la aflicción de Ānanda señala una insuficiente realización espiritual.

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5 lecturas (¿budistas?) diferentes

¡Feliz año a todos y todas! Cada vez más me gusta empezar el año con gratitud y generosidad, cualidades fundamentales para cualquier persona que medite. La gratitud contrarresta nuestro sesgo atencional negativo, es decir, la tendencia a fijarnos más en lo negativo; y la generosidad se opone a la codicia y el apego, ya que es un movimiento de soltar, de dejar ir.

Así que, aunque llego tarde para navidad (y justísimo para reyes), os ofrezco cinco recomendaciones de libros. Esta vez he pensado en lecturas un poco distintas de otras veces, conectadas con el dharma de forma oblicua, indirecta. Espero que os gusten —y aprovecho para desearos un buen inicio de año 🙂

1. Esta vida: fe secular y libertad espiritual, Martin Hägglund

Cuando leí que estaba en camino la traducción española de este libro, di saltos de alegría. Para mí, hubo un antes y un después de leerlo, y en 2019 sentí que era el libro que más me había hecho pensar en años. Si no queréis esperar a mayo, que es cuando lo publicará Capitán Swing, por suerte podéis leer la introducción traducida en dos posts para Medium: parte 1 y parte 2.

Partiendo de que lo secular tiene que ver con una vida mundana (finita, imperfecta y vulnerable) y lo religioso con una vida celestial (eterna, perfecta, invulnerable), Hägglund argumenta contraintuitivamente que la segunda, más allá de si existe o no, no es deseable. Para Hägglund, si las cosas (las personas y los proyectos) importan y nos sentimos llamados a cuidar de ellas, esto se debe en parte a que su existencia es frágil y el tiempo limitado: hay algo en juego. Muchas tradiciones religiosas y espirituales se nutren de la tendencia humana a querer trascender estas características de la vida, pero según Hägglund esto eliminaría lo que anima el cuidado, lo hace que la vida valga la pena. Al no haber nada en juego, no sería necesario preocuparse por nada ni nadie, y uno podría procrastinar lo importante hasta el infinito.

Hägglund define la fe secular de dos maneras: (1) como la creencia de que la vida merece ser vivida, lo cual es un acto de fe, puesto que no puede comprobarse científicamente ni racionalmente; y (2) como la devoción a una vida que terminará, a proyectos que pueden fallar y desmoronarse —en contraste con la devoción a un algo eterno y que no puede fallar(nos).

A pesar de que hubo secciones enteras donde creía estar leyendo una interpretación brillante de la doctrina budista de las tres características de la existencia, Hägglund parece conocer muy poco el budismo. De hecho, cuando le escribí en twitter, este paralelismo le sorprendió e interesó mucho, y en el libro sólo hace referencia un par de veces al académico Steven Collins para hablar del nirvana. Sin embargo, su propuesta encaja muy bien con un dharma secular y yo diría que hasta lo enriquece, una afinidad que no ha pasado desapercibida.

Cuando hace un par de años este libro sacudió el mundo intelectual, enseguida captó el interés de pensadores budistas seculares como Stephen Batchelor y Winton Higgins, inspirando el artículo ‘Embracing Extinction’ del primero y estos dos vídeos del segundo. Es una obra larga, y me perdí un poco en la segunda parte, donde Hägglund transforma los conceptos filosóficos de la primera en ideas sociales y políticas, y ahí ya me falla el vocabulario. Pero no me cansaré de recomendar este libro: es un verdadero acto de filosofar, profundo, emotivo y bien escrito.

2. El manifiesto de los cuidados, The Care Collective

Como si continuara la segunda parte del libro anterior, ‘El manifiesto de los cuidados’ (también disponible en catalán como ‘El manifest de les cures’) es un volumen muy fino que propone una política basada en el concepto de los cuidados, articulando una sociedad donde todo (la estructura de familia, la economía, la gestión del espacio público…) gira alrededor de cuidar y ser cuidado.

No soy muy dado a estas lecturas, y como dije antes me pierdo un poco por falta de conocimiento, pero me gustó mucho este libro. Siguiendo el formato del manifiesto y con una voluntad de divulgar, está escrito en un estilo directo (aunque todavía un poco formal) y no se entretiene con detalles técnicos. Pero quien quiera profundizar en alguno de los temas tiene unas notas a pie de página y una bibliografía repletas de referencias y estudios.

Si Hägglund hacía por lo menos un par de menciones del budismo, no sabemos ni si The Care Collective ha oído a hablar de él. Y esto no obstante, muchas de sus propuestas parecen aplicaciones directas de principios dhármicos a cómo organizar nuestra sociedad. La simpatía es fuerte. De hecho, cuesta creer que no han tenido influencias budistas cuando el subtítulo del libro es ‘La política de la interdependencia’!! Esta es una lectura perfecta para cualquier meditador activista o interesado en política; pero también cualquier practicante que quiera leer algo diferente y, aun así, en sintonía con el dharma.

3. Resistencia desde la cocina: el recetario vegano de Casa Virupa

Este centro de retiros ha publicado un libro de recetas veganas que es, a la vez, un libro de dharma. Con una edición cuidadísima y unas fotos que te hacen la boca agua, Casa Virupa predica con el ejemplo al aplicar los principios del amor y la sabiduría a algo tan cotidiano como el comer. ¿Cómo puedo aplicar las enseñanzas a mi día a día?, pregunta a menudo la gente. Pues aquí hay un ejemplo.

El libro intercala recetas con explicaciones cortas de conceptos básicos de la alimentación vegana y la filosofía budista, además de contener una entrevista con el maestro residente de Casa Virupa. Su libro, dicen, es «una declaración de obviedades y un compromiso con la vida, con lo de siempre. Es también una carta de amor al hedonismo, una defensa del placer de hablar de comida mientras se come. Una reivindicación de las sobremesas eternas y de querernos sibaritas en el estómago y en nuestros valores.»

Y hablando de manifiestos, también incluye uno que podéis leer aquí.

4. Biografía del silencio, Pablo d’Ors

La otra cara del activismo es la contemplación, el silencio y la soledad reconstitutiva. Así respira este conocido libro del sacerdote Pablo d’Ors. Con un título muy acertado, ‘Biografía del silencio’ se lee como un dietario meditativo sin orden ni temario, que reflexiona alrededor de la experiencia de la calma y la sencillez. Gracias a su minimalismo ideológico, a sus capítulos breves, y a un estilo literario austero pero cálido, resulta una lectura muy ligera.

Esta ligereza no va reñida con la profundidad, sino más bien al contrario. Y es que, aunque uno podría leerse el libro casi del tirón, parece que Pablo d’Ors te invite a leer unas pocas páginas, cerrar el libro y apoyarte en el respaldo a pensar mirando al techo. La afinidad con el dharma aquí es aún más evidente que en las primeras dos recomendaciones, pero a diferencia del recetario de Casa Virupa, permanece implícita. Al fin y al cabo, Pablo d’Ors es cristiano; pero habla de esa experiencia casi universal que es el recogimiento y la contemplación.

5. La desaparición de los rituales, Byung-Chul Han

En uno de sus libros más recientes, este popular filósofo coreano asentado en Alemania propone que hoy vivimos un exceso de comunicación pero sin comunidad, y que los rituales son una forma de comunidad sin comunicación, una manera de crear sentido colectivamente, usando el pensamiento simbólico en lugar del discursivo. Para alguien como yo, y seguramente muchas budistas contemporáneas (con o sin la etiqueta de ‘seculares’), interesarse por una crítica a la ausencia de rituales es contraintuitivo, pero yo lo recomiendo como elemento positivamente desestabilizador.

Para Han no es casualidad que la dimensión ritual haya ido desapareciendo de nuestras vidas a la par que subía el culto a la individualidad. Esto es un movimiento secularizador en el que el espacio público (es decir, interpersonal) queda limpio de religiosidad, y ésta se relega al espacio privado en el interior de cada uno —y ya de paso se ‘rebrandea’ como espiritualidad, que suena mucho mejor. Sin embargo, esto puede desembocar en un narcisismo que boicotea la transformación que tanto se busca, debido al énfasis cada vez más enfermizo en mirarse el ombligo de la propia psique. No hay más que ir a una librería para comprobar los niveles de esta locura. Contra eso, el ritual puede ser un querido alivio, o incluso un elemento contracultural, ya que, como dice Han, son gestos vaciados de psicología y vaciados de ‘yo’.

Mientras tanto, el individualismo forma parte de una cosmovisión que eleva la productividad y el consumo por encima de todo, ambas cosas en que los rituales no pueden participar, ya que no producen nada y no son un bien a consumir o mercantilizar. Los rituales son al tiempo lo que las cosas son al espacio: lo pueblan, lo hacen habitable, le dan coherencia y estabilidad.

Si habéis seguido un poco su obra, es probable que a partir de cierto momento tengáis la sensación de que Han está aprovechando el tema de los rituales para vomitar sus ideas y críticas de siempre. A mí no es algo que me molestara. Si el discurso de Han os es familiar, en el peor de los casos os saltaréis algunos capítulos o los leeréis por encima; y si no, no sentiréis que el autor presupone que ya conocéis su obra y no os faltarán piezas del puzzle.

Entre las muchas reflexiones que este libro me despertó, conectó con ideas que he conocido gracias al estudio académico de la religión, ya que por temperamento no creo que me hubiera interesado por el fenómeno ritual. Entre otras cosas, el ritual suele entenderse como un aspecto lúdico y estético de las tradiciones y se identifica con el origen del concepto de juego, el descubrimiento de que el acto de pretender, la performance, configura una realidad.

Este es otro de los libros que más me ha estimulado en los últimos años a nivel existencial y me ha dejado con curiosidad para replantear y reimaginar la dimensión ritual en mi proyecto, a fuego muy lento, de seguir actualizando el dharma secular en su constante diálogo con la tradición.


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