El dharma de la almóndiga

[2,5 páginas]

Hay algo de aquellos que se aferran a un budismo ortodoxo o tradicional que me parece incoherente y hasta ilógico. Ilógico, quizás, porque no creo en lo sobrenatural. Y cuando digo que no creo en lo sobrenatural no estoy pretendiendo rechazar todo aquello que se escapa de lo comprensible a primera vista: mantengo la capacidad de mirar con asombro todo aquello de la existencia que aún nos es misterioso. De ningún modo critico el hecho de que a algunas personas les funcione el budismo tradicional, ya sea theravada, tibetano, nichiren… Faltaría más. Me estoy refiriendo más bien a los que se resisten a la evolución, reforma o reinterpretación del dharma y que, en lugar de sencillamente continuar con lo que les funciona, intentan deslegitimar esa evolución. (Quiero dejar clara esta distinción para el resto del artículo.) Esta actitud anti-reforma parece bastante incoherente viniendo de una religión o espiritualidad que pone en el centro de su pensamiento la noción del cambio.

Para mí es comparable al conservadurismo con el lenguaje. Un ejemplo. Entiendo que, de entrada, ver que la Real Academia Española acepta almóndiga o cocreta genere caras de sorpresa, risa e incluso desagrado. Todo el mundo está en su derecho de que le guste o no una palabra. Pero, más allá de ese posible desagrado, si lo pensamos bien, ¿sobre qué base puede rechazarse que los sonidos que pronuncia la gente sigan cambiando, igual que fueron cambiando durante años para llegar a las formas albóndiga y croqueta?

¿Por qué no puede cambiar un fonema, o una R de sitio dentro de una palabra, como parte de la evolución del lenguaje? Si no aceptamos este cambio, entonces ¿también deberíamos dejar de decir “milagro” y volver a la forma arcaica y ya en desuso, “miraglo”, más cercana al latín? No tendría mucho sentido ¿verdad? Así, ¿cuál es el problema con almóndiga y cocreta? ¿Es que sólo son válidos los cambios fonéticos que sucedieron antes de que nosotros aprendiéramos a hablar, y los que vengan más tarde ya no? ¿Verdad que esto no tiene ninguna lógica? Es una postura en cierto sentido egocéntrica, que equipara lo que “no me gusta” a lo que “no es correcto”. Yo sigo diciendo albóndiga, pero me parece genial que en algunas regiones de España ahora la gente diga almóndiga.

En una historia que cita el jesuíta Anthony De Mello en su “The Song Of The Bird”, alguien se acerca al Buda y le comenta que lo que él enseña no se encuentra en las escrituras. El Buda responde que, entonces, deberían añadirlo. El otro vuelve a replicar que algunas de las cosas que el Buda enseña incluso contradicen a las escrituras, a lo que éste contesta que, entonces, las escrituras necesitan ser modificadas. No sé si esta historia es canónica, y estoy buscando su origen; pero de todos modos ejemplifica muy bien la actitud del hombre que hoy conocemos como el Buda, actitud que podemos comprobar en los discursos conservados en lengua pali.

Y es ahí donde algo me chirría: ¿tiene sentido admirar a ese gran hombre, aplaudirle la actitud iconoclasta, considerarla sensata y digna de elogio, y luego no continuar esa actitud? ¿…o criticarla si quien la tiene es otra persona que no sea el Buda? Aplaudir esta actitud a alguien y luego criticar exactamente la misma a otra persona implica, lógicamente, que lo que te importa y lo que admiras es la persona en sí y no realmente la actitud. Y también implica que a esa persona, en este caso el Buda, no la admiras por su actitud sino de por sí, sin demasiado motivo (conocido). Quizás has derramado en ese personaje todo lo que consideras bueno, todas las esperanzas, las ganas de respuesta.

Albóndigas de avena de un servidor.
Albóndigas de avena de un servidor.

Si uno ve el dharma como producto de ciertas condiciones (y, como se dice tanto en el budismo, “todo lo condicionado está sujeto al cambio”) y no como una verdad revelada, y ve al Buda como un ser humano (y no sobrehumano), entonces encuentro del todo lógico, y coherente con el mismo Buda, que se sigan analizando con espíritu crítico las escrituras y enseñanzas, incluídas las budistas, y se considere legítimo descartar y modificar cosas.

De hecho, los maestros tradicionales que a veces critican las reformas contemporáneas del dharma pertenecen a una tradición que HA realizado cambios. Esos cambios son aceptados hoy en día por su simple antigüedad: no se puede descartar como no-válido o no-budista lo que enseña un rinpoché tibetano aunque choque con pasajes del canon pali puesto que lleva siglos vigente, forma parte de una tradición establecida. Incluso las reformas del movimiento ch’an (zen) tienen que considerarse con buenos ojos, por radicales que fueran en su momento, ya que pertenecen al pasado y han engendrado un linaje que ha demostrado su capacidad de entrenar las mentes de mucha gente, generar maestros sabios, etc.

Por contra, los movimientos actuales de tipo reformista, como los que se engloban bajo la etiqueta de ‘budismo secular’, no han tenido aún la posibilidad de demostrar esa eficacia por la sencilla razón de que nacieron hace relativamente poco. Pero si uno analiza su discurso podrá ver que viene de las tradiciones anteriores, que conserva pilares del dharma como la ética; y si uno aplica sus enseñanzas y prácticas meditativas, comprobará que mantiene el poder transformador personal y social. (Obviamente, a algunos les funcionará más y otros seguirán encajando mejor con formas tradicionales de budismo.) Es como la albóndiga y la almóndiga: la segunda es nueva, inusual y minoritaria, pero no hay que olvidar que la “vieja” fue nueva un día, que surgió de ciertas causas y condiciones, y que el valor de ambas reside en el hecho de permitirme ir al bar de la esquina y que no me traigan salchichas.

Las posturas más dogmáticas se quedan en la actitud de que lo que dijo el Buda ‘va a misa’. Básicamente aceptan y aplauden la iconoclastia e irreverencia del Buda con respecto a otras tradiciones de su época, pero luego consideran que lo que él dijo, o lo que nos ha llegado, no puede someterse al mismo análisis. El Buda es un ser iluminado, perfecto, omnisciente (cualidad muuy típica de los humanos) y por lo tanto hay que tomarse en serio sus palabras: si algo nos choca debe de ser nuestro problema, porque los textos tienen la razón y nosotros no. Esta visión trata el dharma como una verdad revelada que es válida para todos los tiempos y todos los lugares, admitiendo sólo pequeños retoques imprescindibles dados los cambios de la sociedad. Incluso si adoptamos esa concepción del dharma, existen ciertas objeciones: hay que admitir que lo que nos ha llegado ha pasado inevitablemente por manos humanas que han podido “contaminarlo”. Y si el dharma es válido para todos los tiempos y lugares, ¿qué dharma? ¿En qué momento histórico lo congelamos? ¿El dharma de los primeros textos mahayana o el del Milindapanha? ¿El de los sutras pali o el de la ortodoxia theravada actual? ¡Incluso ahí hay grandes diferencias!

Con posturas menos rígidas, el debate acostumbra a desembocar en la cuestión de dónde poner la frontera entre lo que puede modificarse y lo que no, con la implicación de que si se cambiaran ciertas cosas el resultado ya no sería budismo. En ese punto siempre me acuerdo de la doctrina de la vacuidad, que propone que nada tiene una esencia inmutable. Pero crece la opinión de que la práctica de la meditación, las virtudes o la noción de las tres características de la existencia son más indispensables que la metafísica de la reencarnación o los rituales —que, por cierto, el Buda no prescribió y hasta ridiculizó. Yo entiendo y celebro que algunos budistas cuestionen ciertas modificaciones usando argumentos. Pero a veces al rascar un poco uno se encuentra, en el fondo, debajo de las razones, una simple resistencia al cambio.

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11 comentarios en “El dharma de la almóndiga

  1. Más que cambiar es partir de un original que quizás con el tiempo también modifiquemos. Me gusta su artículo.
    Le falta una acepción a su “albóndiga” original pasando por “almóndiga” para llegar a “armóndiga” que es cómo la pronunciamos en algunos lugares del sur.

  2. Llego tarde a este post, pero no podría estar más de acuerdo. Chirría la actitud de interpretación del dharma como “verdad” indiscutible, sobre todo cuando uno de sus ejes fundamentales es el cambio continuo de todo. ¡Enhorabuena por la web! Será una de mis páginas de visita obligada a partir de ahora 😉

  3. Alguna vez leí que en el budismo /zen hay solo una cosa sagrada: un espacio vació sin nada sagrado dentro.
    Por otra parte, el devenir es lo unico permanente en cambio continuo, pulveriza todos los absolutos, todos los dogmas, todo lo que fabricamos para parar el sol.

  4. A proposito del lenguaje, también sometido al devenir, acepto y entiendo su continuo proceso de modificacion y enriquecimiento. Máxime cuando provengo de un sitio donde en el castellano se habla de vos por tú, sin embargo no todo cambio “suena bien”. ” La ” calor chirría, ya sea si hablas de tú o de vos, por mas que sea considerado ” a la fuerza” igual de correcto.
    Lo mismo el budismo, que también está sujeto al devenir, al cambio. Pero hay que estar atento, para que sea un aggiornamento necesario, pero no ” fabricar” un budismo a medida.

  5. Buen artículo. Llevo tiempo pensando en el tema. Nadie sabe si existió el Buda (tampoco ha pruebas de que no existiese). Lo cierto es que no hay forma de saber cuáles fueron las enseñanzas porque el Canon más antiguo se recopiló hacia el siglo I antes de la Era Común (según dicen) y de ese texto no queda nada. Parece que la escritura en pali se hizo hacia el s. V (se atribuye al autor del Vissuddhimagga, Buddhaghosa) y creo que no se conserva el original. Mucha gente cree que el pali era la lengua que pudo hablar el Buda, pero incluso lo filólogos tienen dudas al respecto. Sería trabajo para una tesis doctoral detallar las versiones manuscritas más antiguas, las pruebas que corroboran su autenticidad y las variantes textuales. Hay que añadir que sobre los sutras que, supuestamente , son textos basados en las palabras del Buda, se han escrito infinidad de comentarios. ¿Por qué comentar algo que se dice que fue expuesto con claridad? Creo que es en un libro del maestro budista Tich Nath Hanh en el que leí que el Buda usaba un lenguaje llano y coloquial. ¿Si era tan claro por qué fue necesario comentarlo?
    Los sutras aceptados por los Teravadines, supuestamente los más fieles, tienen un estilo peculiar. Empiezan con algo así como “esto es lo que he oído” y continúan con una retahíla de repeticiones muy pesadas que parecen más una estrategia mnemotécnica que la repetición de un discurso real, a no ser que en tiempos del Buda la gente que usaba un lenguaje coloquial se expresase de esa forma. Resulta extraño que el Buda hable de sí mismo en tercera persona, por ejemplo con la expresión “el Tathagata” en alguien que supuestamente habla de forma coloquial. Por qué un ser iluminado o despierto se referiría así mismo con un título altisonante.
    Puede ser agotador seguir la pista de los documentos (algunas personas se dedican a eso), hacer una estimación de su época mediante referencias cruzadas o análisis lingüísticos y comparar contenidos. Cuando se aplica una metodología rigurosa queda clara una cosa: ninguna persona en el mundo sabe cómo fue la enseñanza original, y en cuanto a las fechas de la vida del Buda hay discrepancias. Precisamente su vida transcurrió en un periodo en el que no se dejaban textos escritos y no hay nada que permita hacer una data exacta.
    la consecuencia es que todo lo que hay son versiones del Budismo, que si hacemos un esfuerzo tremendo podremos esbozar una cronología aproximada de que ideas son más antiguas o menos, en incluso posibles incorporaciones procedentes de otros sistemas filosóficos y religiosos. Por ejemplo, de la filosofía griega, ya que el imperio de Alejandro Magno dejó un reino al norte de la India que se llamó el reino bactriano, uno de cuyos dirigentes (Menandro I Soter) se convirtió al budismo. He leído en alguna parte que el ideal Mahayana podría haber sido influido o inspirado por el concepto griego de filantropía. En definitiva, que el concepto de “ortodoxia” es endeble. Ningún historiador sostiene que el Theravada actual sea un budismo idéntico al de hace 2000 años, por más que se aferre al Canon Palí. Por cierto, que periódicamente hacen concilios para reordenar la doctrina. ¿Para qué habría que hacer concilios si la enseñanza “original” ya era completa y perfecta?

    1. Muy buenos comentarios Jesús. Si te interesan estos temas, de hecho existe mucha literatura al respecto. El canon pali se escribió en Sri Lanka en el siglo I aC, Buddhaghosa es un comentarista posterior. Las opiniones de los académicos varían, por supuesto, pero hay algunos consensos mayoritarios: el Buda histórico existió y las fechas más probables para su vida son 480 a 400 aC, con obvio margen de error (ref. Richard Gombrich), el canon pali se cerró cuando se escribió, y el pali es un prácrito que contiene características de varios dialectos del norte de la India de la época del Buda o un poco posterior, y probablemente es el resultado de un proceso de estandarización entre los diferentes grupos destinados a preservar las enseñanzas. El pali no es idéntico a los dialectos que seguramente hablaba el Buda, como el magadhi, pero sí muy cercano. (Hoy día muy pocos sostienen que el Buda hablara pali.) Algunos expertos que puedes consultar son K. R. Norman, William Geiger o A. K. Warder. Bhikkhu Analayo actualmente compara los nikayas palis con sus equivalentes en chino, los agamas, traducidos de versions sánscritas ya perdidas, y las semajanzas son extraordinarias!
      El estilo repetitivo de los textos también es resultado de este proceso, las reglas mnemotécnicas que comentas. Pero es probable que ese proceso se iniciara ya durante la vida del Buda, por lo menos durante sus últimos años. También es característico en general de los rapsodas (épicas indias comparten algunos rasgos estilísticos) y si a eso le sumamos la fonología del pali y otros prácritos, hay que imaginarse a las enseñanzas siendo dadas de forma enfática, recitadas y en algunos casos incluso cantadas. La métrica de los versos pali funciona como la del griego clásico, basada en la distribución de sílabas largas y sílabas cortas.
      Y sobre lo de Tathāgata, el Buda lo usa en algunas ocasiones pero en otras usa el pronombre habitual de primera persona, ahaṃ. El término estaba en uso en su época y se refería en general a aquellos que habían alcanzao la meta de su vida espiritual, que cada escuela entendía de forma diferente, claro.

      1. Muchas gracias, excelente la forma en que lo explicas. Si que me interesa, porque con todo, hay un conjunto de enseñanzas que me parecen universales en el sentido de que la experiencia permite validarlas. Me gusta leer su tras porque con todos los cambios que pueda haber son lo más próximo al Buddha.

        Lo de Buddhaghosa lo encontré en una edición francesa del Vissudhimagga. Comentan que además de esta obra él (y sus colaboradores) transcribir onda el canon al pali, porque estaba antes en cigalés. Y si no me falla la memoria, la copia más antigua completa que se conserva es del siglo VIII.

        En todo caso me ha gustado mucho el blog. Es interesante conocer para poder adaptar, no le veo sentido a incorporar los budismos con los añadidos culturales, por ejemplo los añadidos confucianos del Soto Zen, o la magia tántrica tibetana. Un saludo.

      2. Lo que leíste de Buddhaghosa se refiere a los comentarios, que se escribieron primero en cingalés y después se pasaron al pali. Sobre el fragmento más antiguo conservado no me acuerdo pero está por internet 😉

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