5 ideas para meditar en la playa este verano

Si se puede meditar en todas partes, en la playa también. La clave para aprender a practicar en cualquier situación empieza por recordar que eso es una opción.

La práctica es aquí y ahora, dice el pasaje sobre el ‘mindfulness del dharma’ (es decir, el ‘recordatorio’ sobre el dharma o la práctica): es inmediata, accesible, invita a venir y mirar, a ser experimentada personalmente por quien tiene comprensión. (AN 6.47)

He venido a Italia a visitar a mi hermano y estamos pasando un par de días en la playa. La cantidad de oportunidades para la práctica aquí es interminable (empezando por el mero hecho de estar con la familia), y hay algo contemplativo en el dolce far niente de languidecer al sol y remojarse con rigor periódico. Orientando la atención una y otra vez a los sentidos, una pátina de silencio y oleaje se establece en el fondo de la mente.

Quizás éste no sea el verano más adecuado para postear esto, pero con suerte aún podremos tener momentos vacacionales. Si se hace con menos frecuencia, a horas menos concurridas y guardando cierta distancia, no tengo claro que la playa sea precisamente lo más peligroso. Además, independientemente de esto, la cautela y protección mutua ciudadana tiene que ir acompañada de la lucidez de que nuestra existencia siempre es vulnerable, que esta no es una ‘época de crisis’ sino que es la vida. Mejor tomar perspectiva y encontrar una fórmula de largo plazo, de tener vida conviviendo con el virus en el par de años que nos quedan sin vacuna, en lugar de estar siempre reaccionando a vista corta.

En todo caso, como ahora estoy en la playa, estoy practicando en la playa. Así que se me ocurrió compartir algunas ideas que si no sirven para este verano servirán para otro.

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Volver de un retiro

Cualquier idiota puede ayunar; pero sólo una persona sabia sabe romper el ayuno.

— George Bernard Shaw

Ir de retiro es un elemento fundamental en el camino del dharma y la meditación. No es un añadido opcional, a mi modo de ver; no si uno aspira a integrar verdaderamente sus lecciones y beneficios. La sesión de práctica diaria y el cultivo de la actitud meditativa momento a momento —lo que se suele llamar la ‘práctica informal’— son como el agua y la luz necesarias para que una planta crezca. Pero la planta también necesita abono de vez en cuando: y eso es el retiro.

En un retiro se crean condiciones propicias para el cultivo sistemático de la atención plena y otras cualidades: las necesidades básicas están cubiertas; hemos dejado fuera las obligaciones mundanas, como un perrito en la puerta del supermercado; tenemos todo el día para practicar y, literalmente, nada más que hacer. La profundización de un retiro y la práctica en la vida cotidiana se nutren mutuamente.

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Un retiro es un entorno donde es explícito que todo es material para la práctica. Por eso es tan poderoso. Todo está incluído: desde las largas horas atornilladas al cojín a la apreciación de la naturaleza, pasando por un café tirando a malo y por la frustrante comunicación reducida —sincerémonos: ¿cuánta gente mira el whatsapp durante un retiro? Por eso creo que un retiro no tiene que ser demasiado cómodo o lujoso. No es que haya que ir a sufrir tampoco, pero practicar el ‘contento’ es un elemento que sería nefasto perder.

Pero es tanto una práctica estar de retiro como salir de él y volver al ‘mundo real’. Seguir leyendo “Volver de un retiro”

Buda y la virtud del habla (II)

¿Qué sucede si tomamos la atención plena (mindfulness), la alejamos de la respiración y la llevamos a lo que decimos? ¿Podemos aplicar lo que hacemos cuando meditamos a nuestro proceso de hablar? Mantenernos presentes, no dejarnos cautivar por trenes de pensamiento conflictivos, observar el nacimiento de intenciones… ¿Cuánto valor tiene la meditación si se limita a experiencias mentales privadas y no se traduce en palabras? ¿Se puede meditar hablando? ¿Qué significaría?


En la primera parte de esta serie escribí: “A finales del año pasado, exploramos este tema con nuestro grupo de meditación y me gustaría compartir algo de eso en dos artículos. El segundo introducirá unas guías prácticas para cultivar la palabra apropiada; pero de momento introduzcamos la idea.” ¡Esto fue el 18 de abril de 2016…! Como fecha de caducidad para una promesa, un año es bastante, así que ahí voy. Pero empezaré resumiendo en un párrafo el contenido del primer artículo (aunque, evidentemente, es mejor que os lo leáis, qué voy a decir yo…).

Cuando el Buda hablaba de la “palabra inapropiada” se refería a cuando el contenido es falso (a sabiendas), mal intencionado, con ánimo de difamar, dividir y enemistar a gente, el tono es áspero, antipático, o se trata de cháchara infructífera. El problema con lo último es cuando desemboca en contar verdades ‘photoshopeadas’, exageraciones y cosas negativas de otros con el fin de ensalzarse a uno mismo, o simplemente divertirse, sin tener en cuenta el posible daño a terceros ni si los rumores en que uno participa son realmente ciertos. El reto es mantener las conversaciones sociales y ligeras ceñidas a lo cierto y a lo que es fructífero compartir. Sin embargo, el mismo Buda afirmaba que a veces hay que decir cosas desagradables en el momento oportuno: no se trata de callarse todo lo que pueda no gustar ni de aspirar a un estado en el que, mágicamente, nadie se ofenda jamás a lo que hemos dicho. Es imbuir nuestra comunicación de valores como la honestidad, el cuidado y la amistad.

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6 maneras de integrar la meditación en tu día a día

Uno de los grandes retos para muchos es establecer una práctica regular de meditación, a poder ser diaria. Este es un tema que ha salido varias veces en este blog, así que si ese es tu caso dale un vistazo a los artículos ‘Cómo meditar, incluso si eres muy impaciente‘, ‘10 consejos para establecer una práctica de meditación‘, y la reflexión ‘No consigo meditar cada día‘. Pero la práctica formal regular no lo es todo, y llegados ahí uno inevitablemente se pregunta qué viene a continuación. Esta entrada es para quienes quieran ir un paso más allá, quienes sientan que la sentada no es suficiente o intuyan que esta práctica tiene aún mucho a ofrecer y la podrían aprovechar más.

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Mañana intensiva organizada en Barcelona hace unos meses (gracias Sérgio por la foto)

Algunas de las cosas que diré se solapan con los artículos que acabo de enlazar, pero he intentado presentar en concreto y de forma completa aquellas condiciones que más me han ayudado —y me siguen ayudando— a que la meditación forme una parte integral de mi vida: (1) reconecta con la actitud meditativa durante el día, (2) haz práctica intensiva, (3) escucha meditaciones guiadas y charlas, (4) sigue leyendo y estudiando, (5) experimenta con tu vida cotidiana, y (6) encuentra comunidad (o créala).

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No consigo meditar cada día

Hoy hace exactamente 3 años que empezó esta página web, y me gustaría hablar de algo que quizás nos persigue a muchos a pesar de llevar años en el ‘mundillo’ del budismo o la meditación, un reto que para algunas personas habrá seguido ahí durante estos 3 años: meditar a diario.

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Lo primero que quizás tengamos que preguntarnos es ¿hace falta meditar cada día? ¿Es realmente necesario? Cualquier actividad que queramos incorporar a nuestras vidas, o cualquier habilidad que suponga bastante aprendizaje, necesitará cierta práctica regular. ¿Aprenderemos ruso dedicando media hora a la semana? ¿Mejoraremos mucho nuestra forma física con una visita al gimnasio cada quince días? Obviamente no. La meditación es lo mismo y, aunque saltarse un día o dos no es ninguna catástrofe, hacerlo a menudo será mucho más fructífero.

Algo importante es tener clara nuestra motivación. ¿Por qué meditamos o queremos meditar? A veces podemos tardar mucho tiempo en apreciar realmente los beneficios de la meditación y es algo que sucede de forma gradual. El esfuerzo genera algunos resultados y éstos nos inyectan más entusiasmo por la práctica, vitalizando nuestro esfuerzo. Esta retroalimentación positiva sucede de forma diferente para cada persona y tenemos que estar abiertos, quizás descubramos cosas que no esperábamos y nuestra motivación y apreciación de la práctica puede ir cambiando con el tiempo.

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Buda y la virtud del habla (I)

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La palabra apropiada, más habitualmente traducida por palabra o habla correcta, es el tercer elemento del camino óctuple. Abstenerse de mentir también es uno de los cinco preceptos laicos. No hay duda de que la manera en como nos comunicamos es un aspecto crucial de nuestras vidas de animales sociales. ¿Podemos volvernos más conscientes de cómo hablamos? ¿O darnos cuenta de patrones tóxicos en nuestra forma de comunicarnos con otros? ¿Podemos cultivar una forma de hablar que busque el entendimiento en lugar de la confrontación, la armonía en lugar de la división, el bienestar en lugar del malestar?

A finales del año pasado, exploramos este tema con nuestro grupo de meditación y me gustaría compartir algo de eso en dos artículos. El segundo introducirá unas guías prácticas para cultivar la palabra apropiada; pero de momento introduzcamos la idea.

¿Y qué es, monjes, la palabra correcta? Abstenerse de mentir, abstenerse de hablar maliciosamente, abstenerse de palabras ásperas y abstenerse de charla frívola. Esto se llama palabra correcta.

Mahāsatipaṭṭhāna sutta, DN 22

Practicar la virtud en nuestras palabras, según el Buda, pasa por evitar que su contenido sea falso, difamatorio o infructífero, que su intención sea malevolente y que las formas sean inapropiadas. Lo primero es lo más obvio y se refiere a mentir a sabiendas, instándonos a cultivar la honestidad. La mentira y el engaño son desaconsejables, ya que pueden conducir a sacar conclusiones y tomar decisiones basándonos en información falsa. La última categoría, por contra, es la que provoca más sorpresas: el cotilleo. ¿Cuál es el problema de estar de cháchara, de hablar sin mucho motivo? No podemos hablar siempre de cosas trascendentes, nos convertiríamos en unos muermos… En el libro ‘The Spirit of the Buddha’, Martine Batchelor se pregunta: “¿pueden nuestras charlas triviales ser apropiadas, ajustadas a los hechos, conectadas con lo bueno, tal y como el Buda nos aconseja hacer? ¿Pueden animarnos? ¿Pueden ser ligeras y alegres?”

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El mundo sufre, y no vamos a enfadarnos por eso.

Hoy decidí salir a tomar un café y leer un rato para que me tocara el aire, activar el cerebro y así contrarrestar mi habitual bajada de energía de después de comer. Me senté en una terraza de un bar cerca de casa, pedí un café y un vaso con hielo y, antes de empezar la lectura, saqué el móbil e hice una llamada. Hablé por teléfono lo suficiente como para que, al colgar, el café ya se hubiera enfriado, nadando entre los cubitos. Y cuando hacía unos diez minutos que estaba allí sentado y justo abría mi e-reader, veo cómo el camarero empieza a recoger los cojines de las sillas…

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¿Ya cierran? ¡Pero si no son más que las tres de la tarde! Me cago en la leche, me habré sentado en uno de esos bares que sólo abren por la mañana… ¿Y por qué no me ha avisado el camarero? Ya le vale. (Como si él tuviera que adivinar mis intenciones de quedarme media horita leyendo; la mente es la hostia.) Pero lo único que estaba sucediendo es que, mira tú por dónde, en ese momento la realidad no estaba siguiendo mi guión. O dicho siguiendo el clásico análisis budista de la experiencia: en dependencia de las formas visuales y el ojo, surge la conciencia visual; la conjunción de las tres cosas es el contacto; condicionada por el contacto, surge la sensación (en ese caso desagradable); condicionada por la sensación, surge la reacción (en ese caso aversión); condicionado por la reacción (aversiva), surge el aferramiento… Y así llegamos a dukkha (sufrimiento, insatisfacción, imperfección).

En ese instante me acordé, más o menos, de una frase del último libro que he leído este verano. Por suerte, tenía el pdf en el e-reader y pude buscar la cita exacta. Es ésta:

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El poder de la plena conciencia (també en català) – Martine Batchelor

[1,5 págs.]

Una práctica regular de la meditación es un buen método para desarrollar la aptitud de estar consciente, una fuerza que podría convertirse en más potente que la inclinación a los malos hábitos. El poder de la plena conciencia te da la fuerza de hacer las cosas de manera diferente, y de encontrar el coraje de ir más allá de aquello que te limita habitualmente.

Durante bastantes años, he sufrido un fuerte sentimiento de rechazo cada vez que una persona me ha hecho daño. No era capaz de dirigirle la palabra durante largo tiempo. Un día, noté este hábito cuando estaba apareciendo. Vi claramente que estaba a punto de cerrarme a la otra persona. En aquel momento, el poder de la plena conciencia era suficientemente potente para pararme y ofrecerme la ocasión de responder a la situación de manera diferente. Me quedé aterrorizada por este terreno desconocido en el cual me disponía a penetrar. Pero escogí ir más allá del miedo, sonreír e ir hacia la otra persona en lugar de alejarme. Me sorprendió un sentimiento de bienestar en el fondo de mi corazón. Me sentí muy calmada. De golpe, me di cuenta de cuán doloroso debía ser para los demás sentirse rechazados. Fue un choque.

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Las rebajas budistas

Termina la navidad, los reyes magos se han ido, y ¿qué llega? Las rebajas. El sistema actual es muy inteligente, pues por escandalosamente obvio y visible que resulte su estratagema (empezar las rebajas justo cuando termina una época tradicional de compras ‘obligatorias’, para que sigamos gastando…), muchos picamos. Picamos a sabiendas del truco. Los medios y la publicidad, como apuntó David Loy en su curso en Barcelona hace unas semanas, sirven para normalizar cosas que podrían ser diferentes, que quizás incluso deberían ser cuestionadas.

Claro, queremos aprovechar que a partir de hoy y durante una época todo es más barato, aunque acabemos de gastarnos la tarjeta de crédito en las últimas semanas porque, claro, tampoco vamos a retrasar los regalos navideños… Bueno, y todo es más barato hasta que se junte con otra época de rebajas. Y por supuesto, más barato respecto un precio habitual que seguramente está hinchadísimo, con lo cual la rebaja es falsa. Al final nos encontramos en una situación de rebajas casi constante: la cuestión es que siempre sea un momento oportuno para comprar, da igual si la excusa es el día del padre o que ha empezado el otoño. Y como los de marketing conocen bien la tendencia humana a fijarnos en lo que tenemos delante en lugar de pensar con vista de pájaro, nos la cuelan.

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Cómo meditar, incluso si eres muy impaciente

La meditación de la conciencia o atención plena (mindfulness), derivada de técnicas vipassana budistas, es cada día más popular, y está llegando al público general en gran parte gracias a sus efectos positivos en la salud física y mental demostrados científicamente, aunque descontextualizada de su marco ético y espiritual. (Si te interesa este tema, puedes leer Meditación fuera de contexto I y II.) Sin embargo, creo que es motivo de alegría para el bienestar general de la humanidad que esto esté sucediendo, así como cualquier otro método que reduzca el sufrimiento de las personas. Por mucho que desde un punto de vista budista esto no sea suficiente, no deja de ser algo positivo, parece, y el tiempo dirá si es cosa de un verano o no.

Un artículo del Huffington Post se enmarca en esta visión popular de la meditación secular, como algunos se la llama a veces, con el título de “Cómo meditar (incluso si eres muy impaciente).” No obstante, ofrece datos interesantes y propone 7 consejos para aquellos que quieren empezar un nuevo hábito: meditar.

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