Meditación fuera de contexto (I)

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Una de las cosas que más preocupan a los budistas tradicionales con la modernización y secularización del dharma es que ciertos aspectos de esta tradición se saquen de contexto. Es una preocupación legítima y comprensible. De hecho yo, personalmente, la comparto, aunque discrepe con algunos en cuanto a dónde está exactamente la frontera entre lo que es transformación y adaptación y lo que es degradación o empeoramiento. Una de las situaciones en las que coincido es en la descontextualización de la meditación. He encontrado en la fantástica revista “Tricycle” un artículo que me viene perfecto para introducir este tema, del que hace tiempo que quería escribir, escrito por Judy Lief, una discípula de Chögyam Trungpa Rinpoche. Empieza así:

“Todos tenemos ideas preconcebidas, puntos de vista. No tenemos sólo ideas, sino opiniones e innumerables juicios, especialmente acerca de los demás. Puede que aspiremos a liberarnos de esta trampa, pero a menudo lo que descubrimos es que sólo cambiamos un conjunto de prejuicios por otro.
La práctica de la meditación de la atención o conciencia plena no sucede en un vacío, sino en un cierto contexto y punto de vista. En la tradición budista, la meditación acostumbra a presentarse en el marco de punto de vista, meditación y acción. Cada una de estas tres cosas es esencial,”

Los peligros, dice Lief, de dejar a un lado lo que se engloba en “punto de vista” (es decir, ideologías, opiniones, un marco conceptual) es que la meditación puede producir el efecto opuesto del que estaba diseñado a generar: engañarnos más en lugar de hacernos despertar, encerrarnos en nosotros mismos en lugar de hacernos conectar con el mundo y los demás, relajación temporal pero sin mejoras más profundas y a largo plazo…

“La meditación en y por si misma no es uno milagroso remedio para todo. Una comprensión y motivación adecuadas son importantes. El punto de vista informa la práctica.
De la misma forma, la meditación equilibra el punto de vista. La práctica de la meditación es una forma de suavizar nuestra solidez. Sin práctica, incluso el punto de vista más inspirado puede volverse una rígida ideología.”

Desde mi humilde experiencia, esta reciprocidad es importante. Meditar de forma completamente independiente de un marco conceptual o filosófico no trae los mismos resultados que cuando está enmarcada en un contexto, y entonces sus frutos dependerán de este contexto. Meditar sin estudiar o reflexionar hace más fácil que esos frutos empiecen y terminen en el cojín. Pero sólo estudiar sin meditar tiene exactamente el mismo riesgo: ideas, conceptos y opiniones interesantísimas y profundas, pero flotando en un mundo puramente intelectual que no afecta demasiado a la calidad de vida, paz interior, comportamiento, ética…

La autora señala que el tercer elemento, la acción, es el que equilibra tanto el punto de vista como la meditación, evitando los dos problemas acabados de enumerar, al integrar punto de vista y meditación en nuestras vidas, aplicándolos a situaciones reales y nuestras relaciones con otros. Pero, si queremos salir del discurso clásico de la existencia cíclica (maldición de la cual uno busca librarse mediante la comprensión de unas Verdades absolutas y la disolución definitiva de un error profundo en nuestra percepción de la Realidad), entonces ¿cómo aplicar a nuestra vida cotidiana la práctica de la meditación? ¿Con qué objetivo y motivación? ¿Cuál es su contexto?

Secuestrada por el mundo del consumo y la gratificación inmediata, la meditación budista pasa a ser un producto más que la gente adquiere y del que espera resultados (obviamente, cuanto más pronto mejor y con el mínimo esfuerzo); se convierte y queda reducida a una técnica –o tecnología– que se usa para cualquier fin; acaba entendiéndose muy a menudo como un simple ejercicio que hay que dominar, en el cual hay que volverse hábil, como si fuera un deporte o manualidad. En países como Estados Unidos, donde goza de mucha popularidad y ya es totalmente mainstream, la atención plena es percibida como parte de una vida sana, igual que la dieta y el gimnasio; o se receta en centros médicos contra el dolor crónico o la hipertensión; o se usa en grandes empresas como Google para que los trabajadores rindan más y mejor y sean más creativos. Pero, apartada de todo contexto, ¿se utiliza para que tomen conciencia del efecto de su estrés en su vida personal? ¿Para que los directivos reflexionen acerca de los efectos e impacto de sus compañías en cuanto a desigualdad social, medio ambiente, etc.?

Injustamente (yo creo), el budismo secular recibe mucha crítica por eliminar o “modificar demasiado” el marco tradicional en el que se encajaban la meditación y la ética budistas; pero, en el fondo, lo que muchos maestros relacionados con el dharma secular, como por ejemplo Batchelor o Akiñcano, intentan evitar es precisamente la tendencia al ‘mcmindfulness’ desprovisto de todo contexto. Eso se consigue ofreciendo otro marco ético, vital, existencial, desde el cual abordar la práctica de la meditación. Después de lo que he leído de estos dos autores y otros reformistas o intérpretes modernos del budismo, creo que corrientes como el budismo secular no pueden ser acusadas justamente de no cumplir el siguiente punto:

“En el budismo, la cuestión no es simplemente ser hábiles meditadores sino cambiar nuestra perspectiva completa de la vida. La meditación no es meramente una técnica útil o gimnasia mental, sino parte de un sistema equilibrado diseñado para cambiar la forma como abordamos las cosas al nivel más fundamental.”

El riesgo de que con la meditación ocurra lo mismo que ya ha sucedido con el yoga, como apunta Lief, existe. “La técnica misma pensada para debilitar el poder de la ego-fijación podría convertirse en otra pluma de nuestro ego-sombrero”, avisa. Y tiene razón. Pero, a mi modo de ver, esto no significa necesariamente que el marco tradicional sea del todo imprescindible. De hecho, al leer el primer párrafo que he citado de su artículo, he pensado en la cantidad de gente que se acerca al dharma con el honesto deseo de investigar, conocer, comprender y diluir prejuicios, patrones psicológicos y de conducta y que, al hacerse budistas, al final no hacen más que precisamente cambiar un paquete de ideas preconcebidas por otro, eso sí, más de moda y más exótico. Lo que sí significa la advertencia de Judy Lief es que no puede descartarse todo y no poner nada en su lugar, hay que ir con cuidado: y ésta es la oportunidad y el reto que tienen los pensadores budistas modernos y todos los practicantes de hoy, es decir, nosotros.

 

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3 comentarios en “Meditación fuera de contexto (I)

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