Esto está escalando: satipaṭṭhāna y el ‘procés’

Integrar el dharma significa vivirlo en y a través de los momentos históricos que te tocan. Por muy idónea que parezca para la práctica, esa plataforma flotante y aislada donde Goku luchaba no existe. Sólo tenemos nuestro mundo de hoy para meditar y debemos digerir las lecciones que nos emplata. Es nuestro maestro.

Cuando vives desde el extranjero momentos significativos de tu tierra, te sientes interpelado y distante al mismo tiempo. Hace un par de días, una chica suiza me preguntó por la situación en Cataluña. Y dado que ella no sabía nada del tema y a mí no me hacía mucha ilusión tratarlo, le presenté un resumen.

¿Cuánto hace que dura esto? preguntó ella. Hice un zoom out, vi la evolución de los últimos diez años, y me pregunté con temor a qué podría desembocar todo esto. Sentir que estamos por encima de barbaridades del pasado no garantiza nada, ya que todas las épocas se han sentido así y la historia se repite de todas formas. ¿Qué guerra mundial tenía que acabar con todas las guerras? La primera.

No presagio nada. Soy un estudioso de la religión, y tengo tanto de analista político como de nadador olímpico. Pero la historia y la espiritualidad son ejes distintos que, contrapuestos, tienen conversaciones reveladoras. La historia se ocupa de lo horizontal, aquello que se extiende en el tiempo. La espiritualidad se ocupa de lo vertical, los temas atemporales de la humanidad.

Desde esta segunda perspectiva, las circunstancias históricas de un fenómeno nunca son verdaderamente nuevas, aunque sean técnicamente irrepetibles: como tantas películas, son variaciones del mismo puñado de tramas básicas.

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Tengo una amiga del otro bando

He estado evitando escribir sobre el conflicto catalán. Lo iba a hacer justo después del 1 de octubre, pero con la velocidad acelerada a la que cambiaba el paisaje, lo que escribía un día no valía al cabo de dos. Ahora, capaz de mirar con más ecuanimidad que hace unas semanas, veo más cosas. En especial, veo las barbaridades que dicen y pregonan “los míos”, la gente de mi misma opción política.

Esto es nuevo. Las barbaridades siempre las dicen los “otros”: los rusos, los americanos, los integristas… Y cuando te toca de cerca, sientes la agitación de forma mucho más vívida. Esto me ha motivado a recuperar esbozos y escribir, intentando articular algunas maneras de aplicar la práctica y la meditación a la situación actual.

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Esto implica ejercer la autocrítica, básicamente porque el “ellos hacen esto y aquello tan mal” ya lo traemos puesto de casa y no hace ninguna falta ejercitarlo más. Puede que ante esto la reacción inicial sea de rechazo. Si es el caso, sé consciente por unos instantes de la sensación de no estar dispuesto, observa cómo se registra en tu cuerpo, si hay tensión, si como estado de ánimo es agradable o incómodo, si es un sitio al que te querrías mudar. ¿Por qué no queremos replantearnos posturas, matizar opiniones? ¿A veces sentimos que no nos apetece comprender mejor a la otra parte? ¿Por qué? ¿Qué perderíamos?

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