9 libros sobre meditación y sabiduría budista antigua para este año

¡Aquí va una lista de recomendaciones para tu mesita de noche este año! Porque mantenernos inspirados es algo que hay que cultivar, y encuentro que leer es una gran forma de hacerlo. Además nos informa y abre perspectivas.

¡Por cierto! El nuevo libro de Stephen Batchelor, ‘The Art of Solitude’, sale a la venta el mes que viene. Quizás el más experimental de su carrera, Batchelor ha escrito este libro como un collage —como los collage con objetos encontrados que él realiza hace años— que, girando alrededor de la idea de la soledad como ingrediente central de la espiritualidad, alterna secciones sobre Buda, la ayahuasca o el peyote, arte pictórtico, o los ensayos de Montaigne. Mientras esperamos…

Pongo libros en castellano y también en inglés, porque no todo se traduce. Aunque, curiosamente, ¡varias de las sugerencias en castellano son grandes libros ingleses que me he alegrado mucho de ver traducidos! Espero que los disfrutéis. Una lista permanente de recomendaciones está aquí.

en castellano

Satipaṭṭhāna: Los orígenes del mindfulness.
y Meditación satipaṭṭhāna, una guía práctica. — Analayo

Dos obras cabales de este gran monje y académico, por fin traducidas al castellano. Son libros de cabecera para conocer a fondo la práctica del mindfulness desde el budismo. El primero fue originalmente la tesis doctoral de Analayo, mientras que el segundo tiene un enfoque más didáctico y práctico. Incluye la mayoría de información de su tesis, de forma más condensada y a mi juicio mejor, y viene con unos audios con Analayo guiando (él mismo en español) siete meditaciones.

En palabras del Buddha.

Un verdadero logro de la editorial Kairós, que toma la recopilación de discursos del canon pali que Bhikkhu Bodhi realizó hace años, organizados por temas, y retraducidos directo al español por Abraham Vélez de Cea, el experto en pali Aleix Ruiz Falqués, y Ricardo Guerrero Diánez. Gran libro de consulta para conocer de primera mano las enseñanzas del Buda histórico.

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El verdadero motivo por el que no progresa tu meditación

Hay una respuesta sencilla y a la vez amplia: porque estás intentando cambiar tu vida sin cambiar tu vida. No tiene que ver con cómo meditas, sino con el hecho de que sólo meditas.

En el budismo la meditación formal es sólo una de las varias herramientas transformadoras, está dentro de un contexto más amplio que le da forma y sentido. Hay unos cuantos pasos previos a eso de sentarse a meditar.

Se pueden tomar dos perspectivas hacia el proyecto de transformación. Una es que medito con la esperanza de que eso se extienda hacia el resto de mi vida. Este es el discurso imperante, el que se mide en los laboratorios. Su lógica es tan cristalina que quizá suene raro pensar que hay otra.

Esta otra perspectiva es que vivo de una forma que me facilite la meditación, así llego al cojín con media faena hecha. Si mi vida es una agitación constante del deseo caprichoso, la irritación o la atención a corto plazo, ¿qué espero encontrarme cuando me siente y cierre los ojos?

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¿Deberíamos meditar con algún objetivo?

Uno de los debates internos del budismo mahayana es si el despertar es gradual o súbito. Esto quedó inmortalizado en el icónico debate de Samye, en el que el Tíbet terminó decidiéndose en favor del modelo gradual, propio del budismo indio, en lugar del modelo súbito del budismo chino.

El relato que conocemos de ese debate es de historicidad dudosa, y es simplista creer que podemos separar estos dos enfoques con limpieza quirúrgica: influencias del budismo chino se pueden apreciar en la escuela tibetana nyingma, y el zen también ha combinado ambas perspectivas en figuras como Chinul.

Monjes debatiendo en el monasterio de Sera (Tíbet)

Pero esta cuestión también toma otra forma: ¿Hay un despertar al que llegar? ¿O sólo hay que darse cuenta de que siempre hemos estado despiertos pero no lo sabíamos? ¿Hay que sentarse con un objetivo o sin él? Las varias escuelas de budismo se sitúan en distintos puntos de un espectro entre estos dos enfoques.

Ambos tienen su virtud y sus inconvenientes. Seguir leyendo “¿Deberíamos meditar con algún objetivo?”

Observa tu mente, no la de otros — 10 respuestas de Ajahn Chah

Directo, profundo, sin adornos, cálido, sabio, firme. Así aparece en sus charlas Ajahn Chah, la figura que puso la meditación vipassana y la tradición tailandesa del bosque en el mapa occidental. El ‘efecto mariposa’ de sus enseñanzas estableció monasterios theravada por todo occidente, pero también centros laicos de donde, al final, acaba saliendo el mindfulness secular. Siempre me ayuda y me inspira leerle un poco, especialmente de retiro: me devuelve a la esencia de la práctica, a la inmediatez palpable de la meditación, a la sencillez y profundidad del mensaje del Buda.

Aquí tenéis una selección de una sesión de preguntas con sus monjes occidentales, si no me equivoco, en los 70. Podréis notar que el contexto es monástico, así como masculino, pero aplicable a nosotras y nosotros. ¡Espero que os sirva y os anime a seguir meditando!

Estoy intentándolo mucho con mi práctica, pero parece que no llego a ninguna parte.

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El mindfulness está cambiando el budismo

Me he apuntado a un curso de mindfulness de 8 semanas. Concretamente, de MBCT (mindfulness-based cognitive therapy). Lo he hecho desde mi curiosidad por el diálogo entre el budismo y la modernidad. A ver qué tal. Por cierto, otro signo de este diálogo es que mi madre ahora colorea mandalas (aquí una muestra).

Apuntarme a este curso me ha recordado que he visto que, últimamente, hay maestros y centros budistas que empiezan a ofertar actividades de mindfulness o a presentar sus enseñanzas en esos términos. En parte, seguramente, para atraer al público, y no de forma meramente interesada, sino como parte natural de ese diálogo. Sin embargo, a mí me parece que esta influencia del mindfulness en el budismo va más allá de un simple rebranding, de con qué palabras las escuelas budistas ofrecen su contenido: está afectando al contenido mismo.

El pasado diciembre, participé en la jornada que organiza cada año la Coordinadora Catalana d’Entitats Budistes. Esa edición tenía como título “Presente y futuro del budismo en occidente” y uno de los temas centrales de la mesa redonda en la que yo participaba eran las (presuntas) descontextualizaciones del dharma. Como podéis imaginar, el mindfulness fue el gran protagonista. Uno de mis co-conferenciantes se mostró apasionadamente molesto con el movimiento del mindfulness. Mi postura es la de verlo como un caballo de Troya y como algo generalmente positivo para la sociedad, sin dejar de prestarle una atención crítica. (Veremos si mi opinión cambia tras completar el curso de MBCT.) Y también creo que, dada la realidad actual, el budismo tiene que dejar de tratar al mindfulness como algo de su propiedad, del mismo modo que el cristianismo, por ejemplo, no debería considerarse a sí mismo como el guardián definitivo del amor al prójimo.

Pero, dejando a un lado mi opinión del tema, lo que me chocó de ese rechazo receloso y protector del mindfulness es que viniera de alguien perteneciente al budismo tibetano, precisamente una tradición que no se ha caracterizado por cultivar esta práctica. No digo que en él no se trabaje la atención al presente como cualidad, sino que tradicionalmente no ha puesto énfasis en ella de forma directa. De hecho, el Satipaṭṭhāna Sutta, el discurso sobre las aplicaciones de la atención plena en que se basa el vipassana moderno (origen el mindfulness), jamás se tradujo al tibetano. Por mucho que esa tradición insista en que su canon contiene todas las enseñanzas budistas al completo, eso no es más que propaganda —una propaganda de la que, sin duda, los tibetanos están convencidos.

Yendo un paso más allá, y ahora entro en un terreno delicado, históricamente el budismo tibetano no se caracterizó por practicar lo que hoy en día entendemos como “meditación.” Me refiero a la práctica de contemplar la experiencia subjetiva al desnudo y en silencio, ya sea a través de un ancla como la respiración o con atención abierta. Usaré la palabra “meditación” en ese sentido durante el resto del artículo, aunque soy consciente de que la definición es humana y arbitraria, y que ejercicios como la visualización de mandalas o las recitaciones podrían considerarse una forma de meditación. Lo clarifico para que nos entendamos.

Ya puedo anticipar objeciones de los lectores. La primera sobre el dzogchen o el mahamudra, las prácticas propiamente tibetanas más parecidas al vipassana; la segunda, que muchas habréis asistido a cursos de budismo tibetano donde se habla de shiné (ཞི་གནས་, correspondiente a samatha) y lhagtong (ལྷག་མཐོང་, correspondiente a vipassana). Mi argumento no es que tales prácticas no existan en esa tradición —existen, como muestran las obras indias de Asanga y Kamalashila que utiliza— sino que:

  1. tradicionalmente no constituían lo más distintivo y extendido del budismo tibetano, que eran ejercicios devocionales y tántricos, a modo de generalización; y
  2. que el papel que se les da hoy día ya es una adaptación a las necesidades, intereses y proyecciones del converso occidental.

Como me explicaba Yeshe Rabgye hace unos años, los currículums para monjes jóvenes no incluían meditación, y son varias las veces que he oído de practicantes serios del budismo tibetano formándose en Asia que “los tibetanos no meditan.” Esa fue también mi sensación al pasar temporadas en comunidades de tibetanos en el exilio, obviamente con sus excepciones. Si alguien se ha sentido ofendido o cree que pretendo dejar mal a esa tradición, quiero clarificar que mi perspectiva es puramente histórica y que en ningún momento estoy emitiendo juicios de valor. Y para romper una lanza a favor de mi intención no-partidista voy a decir que nada de esto es exclusivo del budismo tibetano: exactamente lo mismo puede aplicarse al theravada.

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Ledi Sayadaw, uno de los padres del vipassana

Me explico. Los linajes de meditación han existido siempre, pero a lo largo de la historia han representado la excepción más que la norma. Dejando a un lado las prácticas laicas, por lo general limitadas a la acumulación de méritos, incluso entre los monjes aquellos que meditaban eran una minoría. El vipassana fue un movimiento de reforma que surgió en el siglo XIX principalmente en Myanmar (entonces Birmania) motivado por cuestiones más bien políticas y sociales.

Ante el dominio británico, una nueva clase media educada quiso reafirmar su identidad y herencia cultural. Esto hizo que se empezara a enseñar meditación y abhidharma a los laicos, quizás como forma de resistencia ante las misiones cristianas. Pero al hacerlo, la forma como presentaron el dharma se vio influida por la educación occidental que habían recibido y por el movimiento protestante: se enfatizó lo racional y el acceso directo a los textos y se rebajó el papel de la institución monástica como mediadora exclusiva a las enseñanzas. Debía formularse un dharma que pudiera competir, por así decirlo, con el pensamiento occidental del momento. Bajo la nueva forma del vipassana, la meditación se puso en un primer plano en el que hacía siglos que no estaba. Y ese nuevo énfasis también ha teñido cómo otras tradiciones se han presentado a nuestras sociedades, e incluso cómo se han entendido a sí mismas.

Resumiendo: el budismo de hoy se está viendo influido por el mindfulness, una práctica que surge de una forma de budismo que, a su vez, surgió con influencia occidental. O al revés: el colonialismo británico en Asia tuvo como resultado un movimiento reformista del budismo que enfatizó una forma de meditación que, con los años, dio a luz al mindfulness contemporáneo, cuya popularidad está incitando nuevas modificaciones en las escuelas budistas, hasta el punto de recuperar aspectos que tradicionalmente habían quedado más bien marginados. Si eso no es un ejemplo de la interdependencia, no sé qué lo es…

Termino recuperando el hilo inicial del artículo. Por territorial que pueda parecer la actitud de algunos budistas, que de pronto se muestran tan protectores con unas tierras de ultramar por las que se han vuelto a preocupar no hace mucho, entiendo el recelo. Si el budismo ha triunfado en occidente básicamente como un sistema de meditación —algo que no refleja con toda fidelidad lo que ha sido durante siglos en sus países de origen —, ahora el éxito del mindfulness le ha quitado la custodia exclusiva. Quizás el problema es precisamente el énfasis en la meditación, por paradójico que parezca. No sé si la mejor respuesta es reforzar aún más ese énfasis o más bien poner las energías en algo que muchos necesitan más allá de las 8 semanas y que no sé si el mindfulness proporciona aún: contexto, profundización y una visión del potencial completo de una vida humana despierta.


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6 maneras de integrar la meditación en tu día a día

Uno de los grandes retos para muchos es establecer una práctica regular de meditación, a poder ser diaria. Este es un tema que ha salido varias veces en este blog, así que si ese es tu caso dale un vistazo a los artículos ‘Cómo meditar, incluso si eres muy impaciente‘, ‘10 consejos para establecer una práctica de meditación‘, y la reflexión ‘No consigo meditar cada día‘. Pero la práctica formal regular no lo es todo, y llegados ahí uno inevitablemente se pregunta qué viene a continuación. Esta entrada es para quienes quieran ir un paso más allá, quienes sientan que la sentada no es suficiente o intuyan que esta práctica tiene aún mucho a ofrecer y la podrían aprovechar más.

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Mañana intensiva organizada en Barcelona hace unos meses (gracias Sérgio por la foto)

Algunas de las cosas que diré se solapan con los artículos que acabo de enlazar, pero he intentado presentar en concreto y de forma completa aquellas condiciones que más me han ayudado —y me siguen ayudando— a que la meditación forme una parte integral de mi vida: (1) reconecta con la actitud meditativa durante el día, (2) haz práctica intensiva, (3) escucha meditaciones guiadas y charlas, (4) sigue leyendo y estudiando, (5) experimenta con tu vida cotidiana, y (6) encuentra comunidad (o créala).

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Retiro de meditación con John Peacock

¡Ya están abiertas las inscripciones para el retiro de fin de semana con John Peacock! En junio del año pasado el grupo de Barcelona organizamos por primera vez un retiro de fin de semana, invitando a Martine Batchelor para dirigirlo. La experiencia fue excelente: éramos unos 25 participantes aproximadamente y el retiro funcionó a la perfección. Dado el buen feedback que todos percibimos, nos hemos propuesto organizar dos retiros de estas características al año, y ya está aquí el siguiente. Tendrá lugar del 2 al 4 de junio en la “casa d’espiritualitat Marcos Castañer” en Hostalets de Balenyà (Barcelona), el mismo sitio que el año pasado, y hemos invitado a John Peacock.

Bajo el título de “Las mejores formas de vivir en este mundo”, el tema elegido para el retiro son la práctica de los brahma vihāras, ‘residencias divinas’ o ‘sublimes’, pero más conocidas por su nombre alternativo: los cuatro inconmensurables. Se trata de cuatro cualidades a cultivar mediante formas específicas de meditación: la amabilidad (mettā), la compasión (karuṇā), la alegría empática/compartida (muditā) y la ecuanimidad (upekkhā). La primera la veréis a menudo como ‘amor bondadoso’, del inglés loving kindness.

smallJohn escribe: ¿Cómo sería conocer este mundo a través de la cualidades de la amabilidad, la compasión, la alegría empática y la ecuanimidad? ¿Cuán transformadora sería esta experiencia? ¿Sería el mismo mundo con el que estábamos en contacto antes? Durante este fin de semana exploraremos la centralidad de los Brahma Vihāras en la visión del Buda de qué es “despertar” y crecer en el mundo. Al fin y al cabo, no es accidental que en el Mettā Sutta, el Buda describiera la amabilidad ilimitada (mettā) como “la mejor manera de vivir en este mundo” y como un tipo de “mindfulness”.

Ya os podéis inscribir al retiro. Toda la información necesaria está en un documento pdf (hay versión en catalán y en castellano) y una hoja de inscripción, y siempre disponible desde la página de Eventos.

Pdf informativo en castellano

Pdf informatiu en català

Hoja de inscripción

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