Tener objetivos en el camino espiritual no es un problema (Rob Burbea)

En este extracto de una charla de 2008, Rob Burbea cuestiona la reticencia espiritual a tener metas y a usar el lenguaje del esfuerzo. Maestro como los hay pocos, siempre profundo y heterodoxo a partes iguales, Rob sugiere que no deberíamos saltar al desapego antes de tiempo, sino usar un apego sano. He editado el contenido un poco para que fluyera más como lectura. Podéis escuchar aquí la charla entera (o el retiro entero: no tiene desperdicio).
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En mi vida ¿cómo me relaciono con el esfuerzo, con las metas, con nociones de progreso en el camino espiritual? Es fundamental forcejear con esta pregunta y para la mayoría de gente no es nada fácil. Podemos tener ideas de que la práctica trata de “simplemente ser,” lo que sea que esto signifique, o sólo “estar con lo que sucede.” Pero el Buda nunca usó este lenguaje.

Ideas así pueden ser muy útiles en ciertas ocasiones, como una de las múltiples perspectivas de nuestro buffet; pero si es la única, nuestra práctica espiritual termina teniendo muy poco parecido al resto de nuestra vida, que está llena de metas.

Si conduces un coche sabes que vas de aquí hasta allí y que tienes que hacer las cosas de manera que llegues. Cuando voy al baño, necesito tener el objetivo de… hacerlo dentro, los demás lo agradecerán. Una relación, incluso de amistad, tiene implícito el objetivo de que funcione, y si hay una fractura o disfunción intentaremos recobrar la armonía.

Las metas no son un problema en sí. Donde nos atrapamos y sufrimos es en la imagen de nosotros mismos que se crea alrededor de nuestra relación con esa meta: ¿Soy lo suficientemente bueno? No soy bastante bueno. El “yo” y la comparación van de la mano y no de forma muy sana. El “yo” se enreda en una imagen de sí mismo y crea un problema con la meta: aún no la he alcanzado, él sí, ellos están más adelante, etc. Construyo una “idea de yo” alrededor de esa meta, alrededor del fracaso, o de ser lento, o estúpido, o un torpe espiritual.

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Entendiendo el refugio: ¿voto o reflexión continua?

Eso de tomar refugio frena a mucha gente. Huele instantáneamente a formalismo religioso, a ritual de juramento a tres objetos sagrados, a ‘he aquí la versión budista de la trinidad…’ Si quieres, por supuesto, te lo puedes tomar así; pero esta interpretación no es la única —y a mi modo de ver es bastante pobre. Sin un entendimiento alternativo lo que sucede es que mucha gente tira el concepto entero por la borda, y yo creo que en realidad nos ayuda a navegar.

Puede parecer que el concepto de refugio tenga poca sustancia, porque se nos presenta como simple puerta de entrada al club. Y sin embargo, he tardado varios años en comprender su profundidad. ¿Qué significa (o puede significar) realmente? ¿Y cuál es su historia? Para mí no es un voto sino una reflexión constante. Y el objeto de esa reflexión es la confianza.

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Antes que nada quisiera quitarme una espinilla que hace tiempo que me viene molestando. Quizás penséis que tengo la piel muy fina, pero es que está ahí bloqueando un poro de la comprensión (toma metáfora). Esa espinilla es la expresión misma ‘tomar refugio’ o ‘toma de refugio’. Es fea.

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Observa tu mente, no la de otros — 10 respuestas de Ajahn Chah

Directo, profundo, sin adornos, cálido, sabio, firme. Así aparece en sus charlas Ajahn Chah, la figura que puso la meditación vipassana y la tradición tailandesa del bosque en el mapa occidental. El ‘efecto mariposa’ de sus enseñanzas estableció monasterios theravada por todo occidente, pero también centros laicos de donde, al final, acaba saliendo el mindfulness secular. Siempre me ayuda y me inspira leerle un poco, especialmente de retiro: me devuelve a la esencia de la práctica, a la inmediatez palpable de la meditación, a la sencillez y profundidad del mensaje del Buda.

Aquí tenéis una selección de una sesión de preguntas con sus monjes occidentales, si no me equivoco, en los 70. Podréis notar que el contexto es monástico, así como masculino, pero aplicable a nosotras y nosotros. ¡Espero que os sirva y os anime a seguir meditando!

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Buda y la virtud del habla (II)

¿Qué sucede si tomamos la atención plena (mindfulness), la alejamos de la respiración y la llevamos a lo que decimos? ¿Podemos aplicar lo que hacemos cuando meditamos a nuestro proceso de hablar? Mantenernos presentes, no dejarnos cautivar por trenes de pensamiento conflictivos, observar el nacimiento de intenciones… ¿Cuánto valor tiene la meditación si se limita a experiencias mentales privadas y no se traduce en palabras? ¿Se puede meditar hablando? ¿Qué significaría?


En la primera parte de esta serie escribí: “A finales del año pasado, exploramos este tema con nuestro grupo de meditación y me gustaría compartir algo de eso en dos artículos. El segundo introducirá unas guías prácticas para cultivar la palabra apropiada; pero de momento introduzcamos la idea.” ¡Esto fue el 18 de abril de 2016…! Como fecha de caducidad para una promesa, un año es bastante, así que ahí voy. Pero empezaré resumiendo en un párrafo el contenido del primer artículo (aunque, evidentemente, es mejor que os lo leáis, qué voy a decir yo…).

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Los cinco ¿preceptos? laicos

En el post anterior, John Peacock hablaba del papel de la ética como fundamento del camino del dharma y prerequisito de la meditación. El “entrenamiento gradual”, uno de los métodos usados por el Buda para exponer su enseñanza, empezaba en la generosidad y la virtud. Seguramente la enseñanza más asociada a los laicos, en especial en el budismo del sur, son los llamados cinco preceptos. Su formulación estándar es algo así:

  1. Abstenerse de matar/herir a seres vivos.
  2. Abstenerse de tomar aquello que no es dado.
  3. Abstenerse de una conducta sexual inapropiada.
  4. Abstenerse de mentir.
  5. Abstenerse del consumo de sustancias intoxicantes.


A primera vista son prescripciones de evitar ciertas actividades, reglas que regulan el comportamiento para el beneficio (se supone) de uno mismo y los demás. Muchos maestros contemporáneos nos advierten de que no los leamos como si fueran la versión budista de los 10 mandamientos, aunque entonces llamarlos ‘preceptos’ quizás no sea la mejor opción, como explicaré después. Pero ¿cuál es la diferencia? ¿Qué son entonces?

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Buda y la virtud del habla (I)

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La palabra apropiada, más habitualmente traducida por palabra o habla correcta, es el tercer elemento del camino óctuple. Abstenerse de mentir también es uno de los cinco preceptos laicos. No hay duda de que la manera en como nos comunicamos es un aspecto crucial de nuestras vidas de animales sociales. ¿Podemos volvernos más conscientes de cómo hablamos? ¿O darnos cuenta de patrones tóxicos en nuestra forma de comunicarnos con otros? ¿Podemos cultivar una forma de hablar que busque el entendimiento en lugar de la confrontación, la armonía en lugar de la división, el bienestar en lugar del malestar?

A finales del año pasado, exploramos este tema con nuestro grupo de meditación y me gustaría compartir algo de eso en dos artículos. El segundo introducirá unas guías prácticas para cultivar la palabra apropiada; pero de momento introduzcamos la idea.

¿Y qué es, monjes, la palabra correcta? Abstenerse de mentir, abstenerse de hablar maliciosamente, abstenerse de palabras ásperas y abstenerse de charla frívola. Esto se llama palabra correcta.

Mahāsatipaṭṭhāna sutta, DN 22

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El sufrimiento y el no-yo

El primer post del año era algo largo y en ocasiones técnico, así que he pensado que el segundo sea algo más breve, directo y accesible. En el siguiente vídeo, de unos 6 minutos de duración, el académico y maestro zen David Loy habla de la relación entre dukkha (ese término amplio que significa sufrimiento pero también incluye insatisfacción y tensión) y anatta: no-yo. Éstas son dos de lo que se conoce en el budismo como las tres características de la existencia. Espero que lo encontréis interesante y, si queréis, podéis leer la entrevista que le hice hace cosa de un año, y que se publicó aquí bajo el título de “Desmontando el budismo – Una conversación con David Loy“. David tiene unos cuantos libros traducidos al español y podéis encontrar algunos en la sección de Lecturas recomendadas.

Recordad que tenéis que activar los subtítulos en la configuración del vídeo (la ruedecita que aparece abajo a la derecha). ¡Que lo disfrutéis!