Todo lo que (no sé si) querías saber sobre cómo se construyó el budismo moderno

Andaba yo todo emocionado con la idea de compartir en un post las ideas principales de un libro que terminé hace poco y que me ha parecido espectacular. Debería ser una obra indispensable en la estantería (o la nube) de cualquier persona interesada en el budismo secular o en la reforma y adaptación del dharma a la modernidad. De hecho, a lo Dupont y Dupond, yo aún diría más: es relevante para cualquier practicante de dharma de hoy.

Y cuál es mi sorpresa cuando, yendo ayer de tiendas haciendo de rey mago, ¡me encuentro que Kairós acaba de publicarlo en castellano! Así que el post se ha precipitado y va a convertirse en mi recomendación de libro para estas fiestas.

“The Making of Buddhist Modernism” de David L. McMahan es una descripción muy bien documentada de cómo se configuró el budismo moderno a partir de un complejo entramado de influencias culturales que emerge de la dinámica relación entre occidente y oriente.

Es un libro divulgativo, de historia y no de doctrina: no esperes iluminarte con él. Sin embargo, sí arrojará luz sobre argumentos budistas que habrás oído y leído mil veces. Su tesis principal tiene dos elementos: (1) que la mayoría de lo que llamamos budismo tradicional ya es un budismo reformado resultado de las interacciones Este-Oeste, y (2) que esta reforma se proyectó al pasado, extendiendo la percepción de que el budismo siempre ha sido así.

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Los 53 sutras de Buda son FAKE news

Por esa clase de webs y páginas de redes sociales donde todo es consciente, natural y cuántico, corre una orgía de falta de rigor digna de facepalm. Una lectora del blog (¡gracias Gloria!) me lo mandó y me quedé a cuadros. Si os gustó el post “8 citas de Buda falsas“… abrochaos el cinturón, porque han llegado “Los 53 sutras de Sidharta Gautama Buda, Dhammapada (Budha).” Ya la ortografía es libre e incoherente.

Antes de continuar quiero apuntar que esto no es un ejercicio de burla. En parte es un divertimento desenfadado, sí; pero no es antipático ni malicioso, porque lo que quiero argumentar es que, dejando a un lado si algo te funciona o inspira, y sin cuestionar la validez de esto en medida alguna, el rigor importa.

Fake news las hay también en el mundo del dharma, y hay que combatirlas allá donde se encuentren, sea donde sea. (Ya exploré en este otro post cómo facebook encarna los venenos de la avidez, la aversión y la confusión. Pues bien, una de las cuentas rusas ‘falsas’ descubierta y desactivada en facebook se llamaba ‘Mindful Being y pretendía hacer a la gente más receptiva al autoritarismo.) Como no soy indiferente a lo fake y, además, este es un tema que me toca la patata, no sólo no quiero contribuir a la desinformación sino que colaboraré a disolverla si puedo. Vamos a ver qué pasa con estos 53…

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Dharma en un mundo queer

(Texto de mi amiga River Wolton)

Imagina… un mundo donde la heterosexualidad y el binarismo de género no son la norma. Imagina… que llegas a tu primer retiro budista de una semana. Un curso de introducción a la meditación que tomaste, y que te dio algo de paz, te ha inspirado a venir aquí y explorar más. El taxi para enfrente de la puerta principal, sales, recoges tu equipaje, pagas el taxi, respiras profundamente.

Te han asaltado muchas preguntas por el camino. Vives en un mundo donde la forma como te encarnas, la simple manera como vives y amas no se considera normal o corriente. Eres parte de una minoría, calculada en un diez por ciento de la población, una minoría conocida como heterosexuales, straights, o heteros. También eres parte de una minoría aún más pequeña que se identifica o bien como hombre o bien como mujer, y que permanece en el género que se le asignó al nacer: cisgéneros, cissis, binarios o binos.

Fotografía de Michael Prewett

Eres consciente de la suerte que tienes. Creciste con dos padres afectuosos. Cuando saliste del armario en la adolescencia, dijeron: “No importa quién eres o a quién ames, siempre te apoyaremos.” Habían intuido que eras binario desde una edad temprana, y aunque les chocó que también fueras heterosexual, lo llevaron bien.

Ahora, más de una década más tarde, les has presentado a tu nueva pareja, que también es heterosexual y binaria. Lo ves como tu primera relación seria: tienes amor, buenos amigos, y empiezas a sentirte parte de una comunidad fuerte y orgullosa. Aunque aún sois reacios a ir de la mano o mostrar afecto en público, algunas actitudes sociales están cambiando. En el país donde naciste se te permite casarte, adoptar, y la ley te protege de la discriminación.

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Ver la vacuidad de nuestros discursos culturales

Acabo de ver el episodio “Moda modesta” de la serie documental de netflix “Internet y el nuevo periodismo.” La moda modesta es un movimiento que reivindica una forma de vestir que muestre menos, que sea compatible con ciertas tradiciones religiosas, y que sea no obstante moderna y estilosa.

El documental entrevista a mujeres diseñadoras: cristianas, musulmanas y judías ortodoxas; pero describe este movimiento de moda como transversal e incluyendo personas no religiosas. El estereotipo contra el que diseñadoras e influencers tienen que luchar es que ir cubierta es retrógrado y opresivo. La moda modesta lo cuestiona y reclama la agencia de quien quiera no seguir el ir destapada que se ha convertido en un status quo.

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En el contexto del vestir, ¿qué significa ser libre si vas de tienda en tienda buscando algo modesto y no encuentras casi nada? ¿Puedes realmente vestir como te apetezca? La libertad absoluta es un mito. La mujer media que va con escote y minifalda no siempre ha elegido vestir de esta manera. Toda época tiene unos discursos y unos cánones que nos influyen enormemente. Lo que plantea la moda modesta es que el destape no es necesariamente más libre, sino un canon más de tantos.

Ir tapados nos puede parecer opresivo porque un día, cuando eso era la norma, los movimientos divergentes eran criticados y empujados a conformar, y ese empuje es ciertamente opresivo. Obviamente, también hay motivos actuales de fundamentalismo religioso, pero no es esto lo que tenemos delante. Hoy los papeles han cambiado: el canon es ir destapada (que poco a poco se va aplicando también a los hombres) y el movimiento divergente es cubrir más piel. No dejaría de ser irónico que esto fuera ahora lo criticado y empujado a conformar.

Las etiquetas de opresivo y liberador pertenecen a los periodos de transición y quizás es básicamente ahí donde tienen sentido; son circunstanciales, vacías. Una vez un canon está en plena vigencia y tiñe a la sociedad ¿sigue siendo liberador? La libertad que haya ya no se puede medir con la adherencia a esa moda sino con hasta qué punto es permitido desviarse de la norma.

Evidentemente, la moda no es lo interesante en este blog: la cuestión son los cambios y sus percepciones. Podríamos estar hablando también de cambios en tendencias culturales, usos del lenguaje, modelos de espiritualidad, concepciones de distintos grupos humanos… Seguro que cada cual puede encontrar ejemplos en esas y otras categorías y examinar cómo se relaciona con ellos.

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¿Cuál es el discurso imperante o el canon que no veo porque es como agua para un pez? ¿Qué sensación noto cuando éste es desafiado? ¿Qué reacción surge inmediatamente? ¿Puedo ver la condicionalidad de ese canon y entender cómo llegó a estar donde está?

Como budistas y meditadores de una época que cada vez más se percibe como un eslabón hacia un mundo distinto, nuestra práctica debe incluir ver la vacuidad de los discursos implícitos de nuestro tiempo: ver su contingencia, ver las normas con las que me crié en tanto que normas… Porque si sólo veo la paja en el ojo pasado, me convertiré en el intransigente del mañana.

Y mientras algunos sucesos es casi imposible no verlos como involuciones —y no estoy sugiriendo que todo lo nuevo tenga que ser bueno—, la tarea es suspender el juicio automático y la reactividad frente a todo aquello nuevo, darme cuenta de mi aferramiento al cómo eran las cosas, y ver con ojo crítico tanto el mundo como mis gafas.

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¿Deberíamos meditar con algún objetivo?

Uno de los debates internos del budismo mahayana es si el despertar es gradual o súbito. Esto quedó inmortalizado en el icónico debate de Samye, en el que el Tíbet terminó decidiéndose en favor del modelo gradual, propio del budismo indio, en lugar del modelo súbito del budismo chino.

El relato que conocemos de ese debate es de historicidad dudosa, y es simplista creer que podemos separar estos dos enfoques con limpieza quirúrgica: influencias del budismo chino se pueden apreciar en la escuela tibetana nyingma, y el zen también ha combinado ambas perspectivas en figuras como Chinul.

Monjes debatiendo en el monasterio de Sera (Tíbet)

Pero esta cuestión también toma otra forma: ¿Hay un despertar al que llegar? ¿O sólo hay que darse cuenta de que siempre hemos estado despiertos pero no lo sabíamos? ¿Hay que sentarse con un objetivo o sin él? Las varias escuelas de budismo se sitúan en distintos puntos de un espectro entre estos dos enfoques.

Ambos tienen su virtud y sus inconvenientes. Seguir leyendo “¿Deberíamos meditar con algún objetivo?”

Entendiendo el refugio: ¿voto o reflexión continua?

Eso de tomar refugio frena a mucha gente. Huele instantáneamente a formalismo religioso, a ritual de juramento a tres objetos sagrados, a ‘he aquí la versión budista de la trinidad…’ Si quieres, por supuesto, te lo puedes tomar así; pero esta interpretación no es la única —y a mi modo de ver es bastante pobre. Sin un entendimiento alternativo lo que sucede es que mucha gente tira el concepto entero por la borda, y yo creo que en realidad nos ayuda a navegar.

Puede parecer que el concepto de refugio tenga poca sustancia, porque se nos presenta como simple puerta de entrada al club. Y sin embargo, he tardado varios años en comprender su profundidad. ¿Qué significa (o puede significar) realmente? ¿Y cuál es su historia? Para mí no es un voto sino una reflexión constante. Y el objeto de esa reflexión es la confianza.

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Antes que nada quisiera quitarme una espinilla que hace tiempo que me viene molestando. Quizás penséis que tengo la piel muy fina, pero es que está ahí bloqueando un poro de la comprensión (toma metáfora). Esa espinilla es la expresión misma ‘tomar refugio’ o ‘toma de refugio’. Es fea.

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Dinámicas de poder en la sala de meditación

El #MeToo ha llegado definitivamente a las comunidades budistas de occidente y un nuevo escándalo ha salido a la luz. Esta vez concierne al jefe del budismo Shambhala, Sakyong Mipham Rinpoché, que durante años ha exhibido patrones de abuso de alcohol y discípulas —a menudo en ese orden.

Este caso pare estarse gestionando mejor que otros; pero también me ha sorprendido más, ya que el Sakyong no se crió y formó tanto en Asia sino que está mucho más aculturado a occidente. Los problemas de los abusos, obviamente, no son regionales, van más allá de choques culturales y religiosos, y el mundo budista justo está despertando —uso este término a conciencia— a las dinámicas de poder.

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En un artículo de septiembre del año pasado escribí sobre algunos de los factores que contribuyen a estos comportamientos. Quisiera apuntar que en cierto sentido la religión es una cultura y que, dentro del variopinto budismo, el vajrayana merece un apartado propio. Pretender llegar a una ética panbudista y aplicarla al vajrayana sería como imponer los valores de una cultura a otra. Y no obstante, también hay que evitar el extremo relativismo cultural.

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