¿Por qué necesitamos conocer nuestra historia budista?

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Artículo de Rita Gross, aparecido en el número de primavera de 2009 de “Buddhadharma: the practitioner’s quarterly”.

Los budistas conversos occidentales conocen quizás algunas leyendas “familiares” propias del tipo específico de budismo que practican; pero muchos carecen de una formación sistemática en la historia de su recién escogido camino religioso. Muchos no conocen qué lugar ocupa el linaje que han elegido en el esquema general del budismo, una religión amplia y antigua con muchas variantes regionales e históricas. Cada uno de los innumerables subgrupos budistas tiene su propia historia sobre cómo, cuándo y dónde impartió Buda las enseñanzas en que se basan sus visiones y prácticas. Estas historias hacen afirmaciones difíciles de conciliar unas con otras. Dar sentido a estas historias puede ser difícil a menos que uno tenga herramientas para comprender la relevancia de la leyendo y el mito.

El Dalai Lama ha sostenido durante años que el budismo y la ciencia moderna son compatibles y que, si la ciencia pudiera desmentir de forma definitiva algunas afirmaciones budistas tradicionales, el budismo debería amoldarse a esa nueva información. Yo adoptaría la misma postura en cuanto al conocimiento histórico moderno. En su literatura tradicional, ninguna forma de budismo posee un relato completo del desarrollo histórico del budismo en su totalidad ni de sus varias permutaciones culturales y sectarias. Esto significa que, sin la contribución de estudios históricos modernos, ninguna forma de budismo puede proporcionar un conocimiento histórico acurado a sus practicantes.

Todas las formas de budismo pueden acoger el estudio de la historia como algo relevante y útil. Las enseñanzas budistas siempre nos han contado que la impermanencia es un rasgo fundamental e invariable de nuestra experiencia, y que es crucial que nos mostremos cómodos con este hecho. La historia es simplemente el estudio de cómo las cosas cambian y se desarrollan; es decir, la historia estudia instituciones e ideas cambiantes, estudia la impermanencia, incluyendo las características impermanentes de instituciones, prácticas budistas, sistemas filosóficos y literaturas sagradas.

Algunos practicantes sostienen que el conocimiento histórico es irrelevante para ellos, puesto que sólo quieren meditar. Pero sin un conocimiento de la rica y diversa historia del budismo, los practicantes y las comunidades son vulnerables al fundamentalismo y al sectarismo. Asumen que las leyendas y narrativas sagradas se componen de hechos históricos y que las conocidas historias pertenecientes a su particular tradición budista deben tomarse al pie de la letra. Esos relatos a menudo tienen un tono sectario. Basándose en cuentos de logros milagrosos, proclaman la especial relevancia de los textos y los maestros asociados a una tradición budista concreta. Al reivindicar la superioridad de su forma favorita de budismo, estos cuentos menosprecian otras formas de budismo.

Por ejemplo, algunas vertientes de budismo mahayana cuentan historias que sostienen que el Buda histórico enseñó budismo mahayana, e incluso vajrayana, a unos estudiantes superiores elegidos. Esas enseñanzas fueron escondidas durante siglos, presuntamente, periodo tras el cual salieron a la luz revestidas de declaraciones de que representaban enseñanzas superiores del Buda. Los linajes budistas que no aceptaron estas historias fueron desestimados por algunos mahayanistas como incompletos e inferiores. Polemistas mahayana dieron a esos budistas el peyorativo nombre de “hinayana”, que puede traducirse como “el camino inferior.” Desafortunadamente, este término sigue siendo usado con frecuencia por algunos budistas, a pesar de su origen sectario y su significado despectivo. De hecho, al impartir historia del budismo en centros de dharma, algunos practicantes se han sentido bastante molestos tanto con mi sugerencia de que el término “hinayana” no es apropiado en el contexto de un budismo pluralista como con la probabilidad de que el Buda histórico no enseñara mahayana o vajrayana durante su vida.

La historia y las narrativas sagradas parecen estar en desacuerdo mutuo cuando ambas se toman al pie de la letra. El conocimiento histórico desafía el rigor de la narrativa sagrada. Esto puede resultar en una crisis de fe si no se comprenden las diferencias entre leyenda e historia y si no se aprecia la relevancia de cada una. Cuando alguien asume que las leyendas son objetivamente precisas, entonces los fundamentos de su espiritualidad peligrarán si se demuestra que los eventos narrados en la historia sagrada no ocurrieron en el tiempo y espacio empíricos. Sin embargo, el estudio moderno de las religiones ha reconocido durante muchas décadas que la historia y la narrativa sagrada no tienen por qué ser incompatibles, ya que tienen funciones diferentes. La historia trata las figuras y hechos empíricos, que pueden o no ser espiritualmente significativos. Las leyendas y relatos sagrados proporcionan orientación y significado a aquellos que siguen un camino específico, irrespectivamente de que los eventos que narran sucedieran en el tiempo y espacio empíricos. Una narrativa sagrada no tiene por qué ser históricamente acurada para transmitir un significado profundo. Su veracidad observable no determina su relevancia.

La solidez del budismo mahayana o vajrayana no se ve dañada por reconocer que no fueron predicados durante la vida del Buda sino desarrollados posteriormente debido a diversas causas y condiciones. Cuando se admite este hecho, se debilita al mismo tiempo el sectarismo budista. No hay motivo para suponer que todas las formas del budismo pasaron por el mismo proceso histórico o evolucionaron de la misma manera, lo cual significa que las diferentes formas de budismo no tienen por qué competir por importancia unas con otras. Esto también significa que las distintas formas del budismo tendrán diferentes narrativas sagradas. Para los mahayanistas, el relato legendario de cómo el Buda enseñó mahayana explica la continuidad entre las corrientes anteriores y posteriores de enseñanzas, atenuando las afirmaciones de que el budismo mahayana fue simplemente inventado por sus seguidores a su propia conveniencia. Para los theravadas, estas mismas leyendas garantizan que las capas más antiguas de las enseñanzas budistas presentan un camino completo en lugar del camino “inferior” que la mitología mahayana les atribuye.

Por lo tanto, el estudio de la historia, que incluye el estudio de leyendas y relatos sagrados y la manera en cómo éstos sirven a los practicantes budistas, puede ser útil para disminuir el sectarismo y evitar peleas doctrinales fundamentalistas. Cuando la leyenda y la historia no se confunden, cada una puede ocupar su debido lugar para una comprensión acurada de la totalidad del budismo y del linaje y práctica que uno prefiera. En lugar de promover la duda, este fundamento puede proporcionar apoyo para una confianza en el dharma.

RITA M. GROSS fue reconocida especialmente por su novedoso trabajo sobre religión y feminismo. Fue profesora de estudios comparados en religión en la Universidad de Wisconsin-Eau Claire y también maestra de budismo Shambhala autorizada por Jetsun Khandro Rinpoche. Su obra magna “El budismo después del patriarcado” está traducida al castellano.

[Traducción revisada en noviembre de 2016]

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4 comentarios en “¿Por qué necesitamos conocer nuestra historia budista?

  1. No estoy de acuerdo en casi nada de lo que este artículo dice.
    Donde se dice que hinayana es un “camino inferior” ?
    Cómo se puede decir que el mahayana y el vajrayana no los enseño Buda Sakyamuni en perdsona?
    Esto no deja de ser más que la opinión de alguien muy mal informado. Puede que diga ser un “profesor” que no “maestro” de nada, porque se queda en la letra, lo que en budismo solemos llamar bastante despectivamente “erudito”, osea, un chalatán que no ha practicado nunca.

    1. Hola Rafael. Gracias por tu comentario. Respondo a continuación.

      Sobre el hinayana:
      Lo de que es un camino inferior es, literalmente, el significado de la palabra “hina-yana” (vehículo menor). Es un término que acuñaron los que se autodenominaron “maha-yana” (gran vehículo).

      Sobre que el Buda histórico no impartió enseñanzas mahayana:
      Ésto no es la opinión de la autora sino algo compartido por toda la comunidad académica e incluso maestros de las varias tradiciones. Se establece en base a criterios históricos (evidencias de la antigüedad de los textos), lingüísticos (evolución del lenguaje y estilo de los textos) y doctrinales. Si quieres informarte hay mucha literatura disponible al respecto. Yo no puedo ofrecer aquí toda la explicación en un comentario. Quizás sea interesante apuntar que el mahayana es fruto de la lógica e inevitable evolución del dharma, como lo es el vajrayana tibetano, el ch’an o zen, e incluso muchas cosas del theravada actual; que no fueran enseñados por el Buda histórico no quita validez alguna a la sabiduría que contienen.

      Sobre Rita Gross:
      ¿En qué se basan tus consideraciones sobre ella (a parte de en que no te ha gustado lo que dice) y tu afirmación de que no practicó nunca? Si miras al final del artículo podrás leer que no sólo era una académica reconocida sino una maestra autorizada por la tradición.

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