Observa tu mente, no la de otros — 10 respuestas de Ajahn Chah

Directo, profundo, sin adornos, cálido, sabio, firme. Así aparece en sus charlas Ajahn Chah, la figura que puso la meditación vipassana y la tradición tailandesa del bosque en el mapa occidental. El ‘efecto mariposa’ de sus enseñanzas estableció monasterios theravada por todo occidente, pero también centros laicos de donde, al final, acaba saliendo el mindfulness secular. Siempre me ayuda y me inspira leerle un poco, especialmente de retiro: me devuelve a la esencia de la práctica, a la inmediatez palpable de la meditación, a la sencillez y profundidad del mensaje del Buda.

Aquí tenéis una selección de una sesión de preguntas con sus monjes occidentales, si no me equivoco, en los 70. Podréis notar que el contexto es monástico, así como masculino, pero aplicable a nosotras y nosotros. ¡Espero que os sirva y os anime a seguir meditando!

Estoy intentándolo mucho con mi práctica, pero parece que no llego a ninguna parte.

Esto es muy importante. No intentar llegar a ningún sitio en tu práctica. El mismo deseo de ser libre o estar iluminado es lo que impide tu libertad. Puedes intentarlo tan duramente como quieras, practicar vigorosamente día y noche, pero mientras lo hagas con el deseo de alcanzar en mente, nunca encontrarás paz. La energía de ese deseo causará duda y agitación. No importa cuánto o cuán intensamente practiques, la sabiduría no emergerá del anhelo. Déjalo estar. Observa la mente y el cuerpo con atención conciente pero no trates de conseguir nada. No te aferres siquiera a la práctica del despertar.

¿Qué puedo hacer con las dudas? Hay días que me invaden las dudas sobre la práctica, sobre mi progreso, o el maestro.

Dudar es natural. Todo el mundo empieza con dudas. Puedes aprender mucho de ellas. Lo importante es que no te identifiques con tus dudas: no te enredes en ellas, eso pondría tu mente a girar en círculos. En lugar de eso, observa el proceso de dudar, de preguntarse. Ve quién es que está dudando. Ve cómo las dudas van y vienen. Así ya no estarás victimizado por tus dudas. Saldrás de ellas y tu mente estará tranquila. Puedes ver que todo va y viene. Suelta aquello a lo que te agarras. Suelta tus dudas y sólo observa. Así es como se termina con la duda.

A menudo parece que muchos monjes aquí no practican. Parecen descuidados o desatentos. Esto me molesta.

No es apropiado observar a otras personas. Esto no ayudará a tu práctica. Si estás molesto, observa la molestia en tu mente. El que otros tengan mala disciplina o sean malos monjes no es algo que debas juzgar tú. La disciplina de los monjes es una herramienta para tu propia meditación, no un arma para criticar o encontrar faltas. Nadie puede hacer tu práctica por ti, ni tú puedes practicar por nadie más. Sólo sé conciente de tu propia conducta. Esta es la forma de practicar.

He practicado con mucho cuidado el control de los sentidos. Mantengo mis ojos bajos y soy conciente de cada pequeña cosa que hago. Al comer, por ejemplo, me tomo mucho tiempo e intento ver cada contacto: masticar, saborear, tragar, etc. Hago cada paso deliberadamente y con cuidado. ¿Estoy practicando bien?

El control de los sentidos es buena práctica. Hay que ser conciente de ello duranto todo el día. ¡Pero no te pases! Camina y come y actúa de forma natural. Entonces desarrolla una atención natural a lo que está pasando en ti. No fuerces tu meditación ni te fuerces a ti a patrones extraños. Esto sería otra forma de anhelo. Sé paciente. La paciencia y la determinación son importantes. Si actúas con naturalidad y eres conciente, la sabiduría también vendrá de forma natural.

¿Es necesario sentarse durante largos ratos?

No. Sentarse durante horas no es necesario. Hay quien piensa que cuanto más largas tus sesiones sentadas, más sabio debes de ser. ¡Yo he visto gallinas sentadas en sus nidos durante días! La sabiduría viene de ser conciente en todas las posturas. Tu práctica debe empezar cuando te despiertas por la mañana, y continuar hasta que te duermes. No te preocupes de cuánto tiempo aguantas sentado. Lo importante es que te mantengas observando estés trabajando o sentado o yendo al baño. (…)

Todavía tengo muchos muchos pensamientos. Mi mente divaga mucho aunque intente estar atento.

No te preocupes por esto. Mantén tu mente en el presente. Lo que sea que surja en la mente, obsérvalo. Suéltalo. Ni siquiera desees librarte de pensamientos. Entonces la mente alcanzará su estado natural. Sin discriminar bueno y malo, caliente y frío, rápido y lento. Ni mí ni tú, ningún yo en absoluto. Sólo lo que hay. (…) Dondequiera que estés, conócete a ti mismo estando natural y observador. Si surgen dudas, míralas ir y venir. Es muy simple. No te aferres a nada.

Es como ir por un camino: te irás encontrando obstáculos. Al encontrar una perturbación, obsérvala y supérala dejándola ir. No pienses en los obstáculos que has pasado. No te preocupes por los que aún no has visto. Manténte en el presente. No te ocupes de la distancia del camino ni del destino. Todo cambia. Lo que sea que pases, no te aferres a ello. Al final la mente alcanzará su equilibrio natural en el que la práctica es automática. Todo irá y vendrá por su propio pie.

Si mezclarlo todo en el bol es una regla importante, ¿por qué usted no lo hace como maestro? ¿No es importante que un maestro predique con el ejemplo?

(…) Incluso el Buda a veces decía a sus discípulos una cosa y luego hacía otra. Tus dudas en el maestro pueden ayudarte. Tienes que observar tus propias reacciones. ¿Crees que es posible que guarde alguna comida fuera de mi bol, en platos, para dárselo a los laicos que trabajan alrededor del monasterio? La sabiduría es algo que debes observar y desarrollar tú. Toma del maestro lo que sea bueno. Sé consciente de tu propia práctica. Si estoy descansando mientras todos vosotros debéis sentaros, ¿esto te enfada?

Uno de mis maestros comía muy deprisa y haciendo ruidos, pero nos decía que comiéramos lentamente y con atención. Yo solía mirarlo y enfadarme. Yo sufría, ¡pero él no! Miraba el exterior, luego aprendí. Hay quien conduce muy rápido pero con cuidado, hay quien conduce lento y tiene accidentes. No te apegues a reglas, a la forma externa. (…) Mirar hacia afuera es comparar, discriminar. No encontrarás la felicidad así. Ni tampoco hallarás paz si te pasas el tiempo buscando a la persona o maestro perfecto. El Buda nos enseñó a mirar al dharma, a la verdad, no a mirar a los demás.

¿Qué puedo hacer cuando noto surgir el enfado?

Usa la amabilidad (mettā). Cuando durante la meditación aparecen estados mentales de enfado, equilíbralos desarrollando sentimientos de amabilidad. Si alguien hace algo malo o se enfada, no te enfades tú, porque entonces estarás siendo más ignorante que ellos. Sé sabio. Mantén la compasión en mente, ya que esa persona está sufriendo. Llena tu mente de amabilidad como si fuera tu hermano. Concéntrate en la sensación de amabilidad como tema de meditación y difúndelo a todos los seres del mundo. Sólo se supera el odio a través de la amabilidad.

(…) No compares, no discrimines. Deja estar tus opiniones, observa tus opiniones y a ti mismo. Este es nuestro dharma. No puedes hacer que todo el mundo actúe como tú quieres o que sean como tú. Esto sólo te hará sufrir. Es un error común entre meditadores, pero observar a las demás personas no te hará desarrollar sabiduría. Simplemente examínate a ti, tus emociones. Así es como comprenderás.

¿Cuál es el mayor problema de tus nuevos discípulos?

Opiniones. Puntos de vista e ideas sobre todas las cosas: sobre sí mismos, sobre la práctica, sobre las enseñanzas del Buda. Muchos de los que vienen aquí tienen una posición alta en la comunidad. Son comerciantes adinerados, graduados universitarios, profesores, trabajadores del gobierno. Sus mentes están llenas de opiniones sobre las cosas. Son demasiado listos para escuchar a los demás.

He desarrollado estados mentales de mucha paz en la meditación. ¿Qué debería hacer ahora?

Esto está bien. Pacifica y concentra la mente, y usa esa concentración para investigar cuerpo y mente. Cuando la mente no está pacífica, también tienes que observar. Entonces conocerás la verdadera paz. ¿Por qué? Porque verás la impermanencia. Incluso la paz debe verse como transitoria. Si te aferras a estados mentales de paz luego sufrirás cuando no los tengas. Suéltalo todo, incluso la paz.

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