De monjes y de monjas

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El tercer artículo de la historia de este blog era la fantástica notícia de la concesión del título de Geshema a monjas tibetanas. (Ved el artículo aquí.) El título de Geshe, hasta hace muy poco reservado para hombres, es un reconocimiento monástico de la tradición tibetana que se compara habitualmente a un grado de ‘Doctor en filosofía budista’. La noticia supuso un gran paso adelante en términos igualdad y de derechos y respeto para las mujeres. Pero como supimos a través de la entrevista con Karma Yeshe Rabgye, este título no va a cambiar instantáneamente la mentalidad de la sociedad (monástica) tibetana, obviamente, aunque sí supone un buen augurio y un empujoncito a ese cambio.

“estuve hablando con algunos hombres Geshes y todos dijeron que nunca, jamás, recibirían enseñanzas de una mujer, porque ella nunca comprenderá el budismo como un hombre puede entenderlo. Que esta mentalidad cambie podría tomar mucho, mucho tiempo”,

dijo Yeshe Rabye. Asia está haciendo su propio proceso en cuanto a este tema y, igual que en occidente, queda muchísimo por hacer. También añadió “Es una cuestión de poder, control y dinero. El budismo no es distinto de ninguna otra religión: es un club de chicos.” Esta última frase puede chocarles a algunos, y muchos preferirán no creerla. El budismo se nos presenta en occidente adornado de una serie de características como racionalidad, apertura, tolerancia, etc. No son directamente falsas, pero son generalizaciones, a veces simplistas, y hay que matizar.

Es sabido que el Buda, en un acto bastante transgresor en su sociedad de ese momento, permitió la ordenación de mujeres. Tampoco fue tan sencillo: hubo que convencerle. Cuando Mahapajapati Gotami (tía materna y luego madrastra del Buda) pidió entrar en la orden monástica, en un primer momento el Buda se negó. Mahapajapati se afeitó la cabeza, congregó a más mujeres y, con la ayuda de Ananda (primo del Buda y su asistente personal), consiguió que el Buda accediera a ordenarla, previa aceptación de ocho condiciones adicionales. Sin embargo, tenemos que vigilar al juzgar esos acontecimientos a partir de los estándares actuales de igualdad. El acto fue de todos modos loable, y el Buda no fue el único maestro espiritual en dar esa posibilidad a las mujeres.

No obstante, la cosas cambian y posteriores tradiciones budistas no estuvieron a la misma altura. La tradición de monjas completamente ordenadas (bhikkhunis) sobrevivió en países como China, Corea, Vietnam o Taiwan, pero se extinguió o nunca existió en otros países: Birmania, Tailandia, Tíbet. En Sri Lanka fue reintroducida, pero en otros lugares nunca se revivió esa tradición ni pareció haber mucho interés en recuperarla. Y de hecho, aún hoy existe mucha reticencia a ello. En esas tradiciones sólo existe la ordenación menor o de novicia. La complicación es que una mujer debe recibir la ordenación de bhikkhuni de otra bhikkhuni de esa tradición. Si en un linaje determinado no hay bhikkhunis, no las podrá haber. Personalidades como Jestunma Tenzin Palmo (budismo tibetano) o Ven. Dhammananda (tailandés) tuvieron que acudir a otras tradiciones para recibir la ordenación completa, en Hong Kong y en Sri Lanka respectivamente. Para reestablecer la ordenación completa de mujeres en una tradición en donde se ha extinguido hace falta una bhikkhuni de otra tradición y un bhikkhu (monje completamente ordenada) de esa tradición: y es en ese segundo punto donde las cosas se complican.

Ven. Dhammananda

“La sangha tailandesa, la autoridad religiosa del país, no reconoce esas ordenaciones, citando una orden religiosa de 1928 que prohibe que los monjes ordenen a mujeres. Según las enseñanzas del Buda, un monje hombre tiene que ser ordenado por un coro de monjes hombres, pero las mujeres necesitan un coro de monjes hombres y mujeres. Esta orden hace que sea efectivamente imposible que las mujeres sean ordenadas en Tailandia.” (fuente)

Así, la ordenación de la Ven. Dhammananda en Sri Lanka, donde la tradición se recuperó en 1996 con la colaboración de monjas coreanas, no es reconocida en su propio país, en el que la ordenación de bhikkhunis se extinguió en el siglo XIII.

“Dhammananda fue la primera mujer tailandesa en ser ordenada como monje budista theravada en siglos. A pesar de la prohibición oficial, ahora gestiona el monasterio de Songdhammakalyani, el primer templo sólo para mujeres en Tailandia, situado en Nakhon Pathom, cerca de Bangkok.” (fuente)

El ejemplo de Dhammananda está creando escuela, y ahora hay 150 bhikkhunis tailandesas practicando en diez templos. Ajahn Brahm, monje inglés discípulo de Ajahn Chah y que actualmente es abad de un monasterio en Australia, fue recientemente excomunicado de la tradición tailandesa del bosque por ordenar bhikkhunis. Él, Ajahn Amaro, Ajahn Sujato o la Ven. Dhammananda son ejemplos de voces que claman por la igualdad en el budismo tailandés. En la tradición tibetana, sobresalen las voces de apoyo del Dalai Lama, el Karmapa o Tenzin Palmo.

Si queréis investigar más sobre el tema, hay un precioso documental sobre Tenzin Palmo llamado “A Cave in the Snow”, el blog de Sujato (en inglés) es una delicia, y en youtube podréis encontrar los comentarios de Ajahn Brahm acerca de la ordenación de mujeres y su excomunicación, a parte de muchas charlas de dhamma dadas en su monasterio australiano. Poco a poco, las cosas van mejorando, y la antigua mentalidad india de la ‘degeneración del tiempo’ que a veces pervade el budismo parece tener serios y sólidos rivales.

Foto 1: Jestunma Tenzin Palmo
Foto 2: Ven. Dhammananda

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