El problema de las (malas) traducciones

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Cuanto más inglés aprendía, más comprendía el mensaje y los conceptos del budismo. ¿Cómo se explica eso? La respuesta es la gran cantidad de malas traducciones al castellano que corren por el mercado editorial budista.

Se ha convertido ya en tópico lo de que siempre se pierde algo en la traducción. Es cierto, y cualquiera involucrado en la actividad de traducir lo sabe bien. Pero sigue siendo posible hacer una mejor o peor traducción y la tarea del traductor es esforzarse para perder lo mínimo posible, ya que resulta sencillamente inviable que todo el mundo alcance un alto nivel en lenguas extranjeras.

Algo que no se tiene en cuenta muy a menudo es que siempre leemos traducciones. Incluso los textos más antiguos de que disponemos son traducciones: los agamas chinos son traducciones de versiones sánscritas muchas de ellas ya perdidas; lo mismo ocurre con los textos del canon tibetano; hasta los discursos en pali son copias de copias de copias de composiciones que se transmitieron oralmente durante siglos, estandarizando los dialectos de monjes de distintas partes de la india hasta llegar a un lenguaje que el Buda no hablaba. Y para colmo, la grandísima mayoría de textos en castellano no están traducidos directamente del chino clásico, del pali, del sánscrito o del tibetano, sino del inglés. Así, hasta cuando se trata de obras compuestas directamente en las diversas lenguas asiáticas hoy vivas, son traducciones de traducciones. Y las traducciones son de vital importancia, porque determinan nuestro entendimiento del dharma.

¿Por qué hay tantas malas traducciones? Sospecho que muchas traducciones son realizadas por practicantes budistas con muy buenas intenciones pero sin el suficiente conocimiento de inglés o de gramática en general. Y no estoy diciendo que no haya buenas traducciones (hay muchas, y brillantes) ni que para hacerlas sea imprescindible ser traductor profesional, en el sentido de haber hecho la carrera de traducción e interpretación (aunque muchísimo mejor, por supuesto), porque de hecho, las traducciones de traductores profesionales que no saben de budismo tienen su propios problemas. En todo caso, admiro y respeto el trabajo de esa gente que dedica parte de su tiempo libre para hacer el dharma accesible a más gente.

Existen distintes enfoques a la traducción, algunos más literalistas que otros. Mi filosofía de traducción, influída por los ‘errores’ que más he leído y que intento evitar en mis (obviamente aún mejorables) traducciones es comprender tan bien como pueda el sentido detrás de una expresión inglesa, no apegarme a las palabras concretas del texto original y que la traducción suene lo más natural posible en castellano, usando las expresiones propias del idioma. Si no hago esto, veo el esqueleto inglés en mi versión castellana, e incluso si una frase un tanto forzada sigue siendo comprensible, la mayoría de veces existe una forma propia del idioma español que transmite la idea de manera aún más clara*. Estamos tan acostumbrados a leer frases que en realidad no suenan naturales en castellano que podríamos pensar que las hemos asimilado; pero cuando uno lee una buena traducción ¡de repente entiende el doble de bien a qué se refiere el texto!

* Es por eso que se dice que uno debe traducir de otro idioma al suyo propio, porque el texto extranjero ya está escrito y lo que se necesita es saber realmente cómo se expresan y cuán naturales suenan las cosas en el idioma al que se traduce; y qué mejor para eso que ser hablante nativo.

¿Y por qué la mayoría de gente no se da cuenta de cuándo lee una mala traducción? Hay una forma de pensar del lector que blinda las malas traducciones y que el filólogo K. R. Norman, experto en lengua pali, señaló en su libro A philological approach to Buddhism (1997): la idea de que si algo suena obscuro y complejo es que debe de ser muy profundo. Aunque es cierto que a veces hay ideas complejas que siempre serán difíciles de comprender a simple vista, muchas otras veces la opacidad de la frase no se debe a la complejidad y profunidad del mensaje, sino a una traducción mala o mejorable.

Un ejemplo de no-naturalidad respecto a términos budista fundamentales que dio una vez Richard Gombrich es la expresión los cinco agregados’. ¿Qué es un agregado? ¿Qué demonios significa eso en español o en inglés? El concepto es ajeno a nuestra cultura y por lo tanto requiere explicación; pero si uno mira al texto pali, la metáfora lo clarifica: esos cinco constituentes de una persona (forma, percepción, sensación, inclinación–volición y conciencia) son comparados a fajos que uno carga a la espalda. Fajos (bundles) es como algunos maestros traducen hoy el término: el concepto sigue necesitando explicación, pero por lo menos es una palabra común de nuestro idioma con la uno se relaciona fácilmente, uno puede imaginar un campesino caminando cargando fajos de paja, de ramas, etc.

Sin títuloEl primer ejemplo inglés–español que me viene a la mente es el verbo ‘to realize‘, traducido tan frecuentemente como realizar. Aunque una realización puede referirse a un logro (y uno de los significados de ‘realize’ es alcanzar, lograr u obtener), el sentido más habitual de ese verbo inglés no es otro que darse cuenta, percatarse o saber. Realizar, en español, significa casi siempre hacer. (Unos párrafos más arriba he escrito: “muchas traducciones son realizadas por practicantes budistas…”) ¿Qué significa entonces que ‘hay que realizar la vacuidad’? ¿Tenemos que hacerla, como quien hace un trabajo manual? ¿O quizás se nos dice que tenemos que darnos cuenta de la vacuidad de todas las cosas, comprenderla, aprehenderla? ‘To realize‘ es un verbo complicado que puede tener traducciones castellanas diferentes en distintas frases, y habría que mirar cuál es el término usado en las lenguas clásicas del budismo mahayana en este caso; pero creo que es bastante obvio que la vacuidad no es algo que haya que realizarse como quien realiza un esfuerzo o una gestión o un plan de emergencia. El único sentido en que ‘realize‘ puede traducirse por realizar es el de hacer algo realidad: realizar un sueño. Y no estoy muy seguro de que éste sea tampoco el significado de ‘realizar la vacuidad‘.

Otro caso es el adjetivo ‘último‘, no como traducción del inglés ‘last’ sino ‘ultimate‘. Son pocos los casos en que se puede traducir así sin problemas, por ejemplo cuando decimos que ‘la erradicación del sufrimiento es el fin último del budismo’ (aunque quizás es aún más claro decir ‘la meta u objetivo final’). Sin embargo, verdad última, logro último o mi preocupación última son expresiones forzadas que pueden expresarse con mucha más claridad traduciéndolas como verdad absoluta, logro definitivo o mi máxima preocupación.

Y luego está ‘mindfulness’, que cada vez más se deja sin traducir. Es un muy buen ejemplo de un término traducido del inglés y no de las lenguas originales del budismo. La segunda parte de la palabra inglesa (–fulness) conduce a traducciones como atención plena o conciencia plena. Pero ‘be mindful of the risks’ significa ‘sé consciente de los riesgos’ o ‘ten presente…’ o ‘ten en cuenta…’, y no necesariamente ‘sé plenamente conciente…’  ¿Tendría sentido traducir ‘fearful (temeroso)’ como ‘lleno de temor’ y ‘wrathful’ (iracundo, colérico) como ‘lleno de cólera’? Abraham Vélez de Cea, en sus traducciones directas del pali, se limita a decir ‘atención’, ya que la palabra pali no implica plenitud alguna. Aun así, si atendemos a la instrucción de que este ‘ser consciente’ o ‘estar atento’ debe ser integral y aplicarse en todo momento, podríamos justificar el adjetivo añadido ‘plena’, aunque también podríamos decir ‘constante’ o ‘completa’. Éste es precisamente un caso muy complejo, en parte debido a la evolución misma del concepto dentro de las tradiciones budistas (el término original ‘sati’ significa sencillamente recordar o rememorar, y la palabra usada por los tibetanos también es el verbo recordar); yo aún no acabo de decirime por cómo traducirlo, y me pareció que merecía la pena señalar el conflicto o dificultad de la expresión.

Casos más inocuos (de traducciones demasiado apegadas a la forma del inglés) son el ya famoso ‘eventualmente’ en lugar de ‘finalmente’ (eventually), ‘explicó cómo su padre era un hombre muy estricto’ en lugar de ‘explicó que su padre era un hombre muy estricto’ (he explained how his father was a very strict man) o expresiones tipo ‘you do not need to be a rocket scientist to understand this’ traducidas como ‘no necesitas ser un científico espacial para entender esto’, existiendo el equivalente castellano de ‘no hace falta ser un genio para entender esto’.
A este respecto, también hay que tener en cuenta la diversidad del idioma, y que el español de México o Sudamérica acostumbra a estar mucho más plagado de anglicismos, asimilados en el lenguaje natural, que el de España.

Para finalizar: una feliz consecuencia de la expansión del budismo en los países de habla hispana es que cada vez hay más gente que tiene muy buen nivel de inglés como segunda lengua y también sabe de budismo. O traductores profesionales que conocen el dharma. Y lo más importante y óptimo: irá creciendo el número de hispanohablantes nativos que, con el propósito de acceder al dharma en sus textos originales, aprendan bien las lenguas asiáticas (vivas o muertas) en que se encuentran esos escritos. Así, deseo que haya cada vez más traducciones directas, que no pasen por el inglés, porque esto puede ser muy positivo tanto para evitar los problemas de la doble traducción como por los descubrimientos conceptuales que resultan de acercarse al dharma en su realidad lingüística.

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7 comentarios en “El problema de las (malas) traducciones

    1. Hola Rocío. Hay muchos sinónimos para ‘suerte’. Si te refieres al sentido genérico o positivo, buena fortuna, creo que lo que más funciona es ‘lakkhī’. Así que la frase entera quedaría así:
      ” me jīvitassa lakkhī ”
      Mi nivel de pali no es tan alto como para saber si este uso de la palabra vida (jīvita) hubiera quedado natural en su día, pero supongo que es el riesgo de construir una frase en nuestro idioma y quererla transportar a otro tan distinto y lejano. También se me ha hecho raro que no sea una frase completa, sólo un sintagma suelto, quiero decir, que no tenga verbo. De todas formas eso es una traducción correcta. A la hora de tatuaje fíjate que los símbolos encimas de algunas ‘i’ son tildes horizontales, no inclinadas como en castellano; indican que es una vocal larga.

  1. Si el problema fuera de traducción, y un solo idioma fuera correcto, como chino antiguo o Pali, ambos hablados hoy día por muchísima gente, estarían esos países petados de iluminados.
    Y no.
    El buddha se iluminó en 36 horas y nunca tuvo muy claro cómo lo hizo.
    A partir de ahí, el mensaje se perdió.
    Desde hace muchísimos siglos la única forma de iluminarse es hacer lo que el buddha hizo: investigar.
    Y de eso casi nadie habla.

    1. Para no crear confusión, quizás es necesario apuntar que pali es una lengua muerta como el latín o el griego clásico. Hay alguna gente que lo conoce (lejos de ser muchísima), básicamente monjes theravada, académicos y algunos practicantes muy comprometidos. Pero no es una lengua que se utilice en el día a día en ningún país de Asia y, de hecho, nunca ha sido una lengua viva del mismo modo que las que conocemos (“pāli-bhāsā” significa literalmente “la lengua de los textos”).
      La afirmación de que el Buda nunca tuvo muy claro cómo llegó al despertar me ha parecido algo peculiar, ya que se pasó los siguientes 45 años de su vida instruyendo a otros cómo lograrlo, cosa que algunos lograron según el canon pali.

      1. Pues mi muestreo puede haber tenido un sesgo importante. Mi única amiga taiwanesa, que fue mi novia, y un bhikkhu que quise traer de Laos, son las únicas personas “nativas” de las que tengo constancia personal en Asia.
        La primera estudió chino antiguo en la secundaria. En Taiwan es obligatorio.
        Es genial porque ella no sabe nada de budismo, es católica, y me lee los agamas en tiempo real.
        “Ok”, es monje y habla Pali, de hecho solo habla Pali en las comunidades theravadins, como los curas catolicos cuando van a Roma: entre ellos hablan latín.

        Eso no es una lengua muerta… del todo.

        Y me he tomado la molestia de contar, y fijate, al Buddha se le atribuyen mas de un millon ochocientas mil palabras..y ¿sabes cuantas describen el proceso de meditación en todas ellas? no llegan a 200.
        Eso si, repetidas en tres suttas distintos, y ya.

        Si el buddha se paso 45 años repitiendo 200 palabras parecería mas un disco rayado que un predicador.

        Y no, hablo de todo lo humano y divino, pero poquísimo de si método de meditación. Casi nada. Poco, mal e incompleto. Normal: se iluminó en 36 horas, como para acordarse…
        Por eso casi nadie (solo 12-14 personas en el mundo hoy dia) meditan de verdad, los otros solo se dedican a pudrir la mente, o ni eso.

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