Entendiendo el refugio: ¿voto o reflexión continua?

Eso de tomar refugio frena a mucha gente. Huele instantáneamente a formalismo religioso, a ritual de juramento a tres objetos sagrados, a ‘he aquí la versión budista de la trinidad…’ Si quieres, por supuesto, te lo puedes tomar así; pero esta interpretación no es la única —y a mi modo de ver es bastante pobre. Sin un entendimiento alternativo lo que sucede es que mucha gente tira el concepto entero por la borda, y yo creo que en realidad nos ayuda a navegar.

Puede parecer que el concepto de refugio tenga poca sustancia, porque se nos presenta como simple puerta de entrada al club. Y sin embargo, he tardado varios años en comprender su profundidad. ¿Qué significa (o puede significar) realmente? ¿Y cuál es su historia? Para mí no es un voto sino una reflexión constante. Y el objeto de esa reflexión es la confianza.

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Antes que nada quisiera quitarme una espinilla que hace tiempo que me viene molestando. Quizás penséis que tengo la piel muy fina, pero es que está ahí bloqueando un poro de la comprensión (toma metáfora). Esa espinilla es la expresión misma ‘tomar refugio’ o ‘toma de refugio’. Es fea.

Probablemente estéis tan acostumbradas a la expresión que no notéis lo poco natural que suena en castellano. No es idiomática. Buscad ‘tomar refugio’ en google y sólo os saldrán referencias budistas (ya lo he hecho yo: pincha aquí). No es muy buena traducción.

Cuando los budistas indios adoptaron el sánscrito en el periodo de gestación del mahayana, mantuvieron aspectos de las lenguas que usaban antes, dando lugar a una forma mixta que los estudiosos llaman sánscrito-híbrido-budista. Y algo parecido nos sucede a nosotros.

Usamos jerga budista a la que se le ve la costura inglesa, porque viene de traducciones amateurs: de ‘to take refuge’ obviamente sale ‘tomar refugio’, ¡si no fuera porque ya existe ese verbo en español: refugiarse! Por tiquismiquis que suene esta observación, pienso que cuanto menos tengamos apartados mentales separados para el dharma y el resto de nuestras vidas, mejor. Y una forma de evitar esa disociación es usar un lenguaje natural.

El lenguaje natural es aquél que encuentras en el diccionario de la RAE, que puedes conectar con referencias de una novela o una serie, que puedes escuchar en las noticias. Sí, un cierto grado de vocabulario técnico es inevitable, pero éste no es el caso: ‘to take refuge’ en inglés es una expresión habitual. La naturalidad del lenguaje facilita que hagamos conexiones y que reflexionemos en una idea fuera de su uso técnico. Así que hagámoslo.

Un refugio es un cobijo, un lugar de seguridad y protección donde estamos a salvo. Por lo tanto, es lo opuesto al desamparo, a la intemperie y al peligro. El refugio de montaña contrasta con el mundo inhóspito, salvaje e impredecible de ahí afuera. La casa de acogida ofrece un punto de referencia estable a quien necesita (re)construir su vida, dando un ejemplo de cuidado que poder interiorizar. Las personas refugiadas escapan de situaciones de violencia, inseguridad y miedo.

Nuestro caso no será tan grave, espero, pero la metáfora nos hace buscar paralelismos: ¿Cuál es nuestro desamparo, intemperie y peligro, nuestro mundo salvaje e impredecible? ¿Cuán seguro es realmente lo que damos por sentado? ¿En qué grado puedo comparar mi práctica con (re)construir una vida, con empezar de nuevo?

Hay un refugio ocasional, restaurativo, ahí donde cuidarse y recuperar fuerzas para seguir la excursión. Y luego hay otro que es un compás constante en el que nos apoyamos durante todo el camino. Si me propongo vivir de acuerdo a ciertas prácticas y valores, ¿qué peso me ayuda a no irme volando con el soplo de un evento inesperado? ¿Con qué contrarresto la inercia de mi propia reactividad? Para remar hacia Ítaca ¿me ayudo del odio y la codicia o de la compasión y la generosidad? ¿Me refugio/cobijo/amparo en la confianza o en la frustración? ¿A qué acudo cuando hay dificultades, cuando tiembla el suelo que me sustenta?

Esto es lo que significan para mí los tres objetos de refugio tradicionales, las llamadas ‘tres joyas’. El Buda simboliza el despertar, el vivir de otra manera, y la posibilidad de ello, el ¡sí, se puede! El dharma es mi práctica: no son las instrucciones muertas en una hoja de papel, sino el acto vivo de digerirlas y encarnarlas. Y la sangha es la red de amistades con las que puedo contar, la comunidad, la cooperativa de practicantes.

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Pero apoyarme en esos tres elementos da vida a una reflexión en update constante, y esa reflexión es lo que me parece más enriquecedor. ¿En qué consiste el despertar? ¿Qué me parece realista y qué una idealización? Mis modelos en el camino, ¿qué elementos de ese despertar encarnan? ¿Qué es la práctica, verdaderamente? ¿Cómo encaja en las distintas áreas de mi vida? ¿De qué maneras estoy o no construyendo comunidad?

Pero antes de seguir con la reflexión, hagamos un pequeño viaje a los inicios. En los textos antiguos, la palabra pali saraṇaṃ (refugio) se utiliza a menudo fuera de la fórmula de las tres joyas. Muchas veces se aplica sólo al Buda, y es muy habitual que tras una enseñanza suya el interlocutor declare:

Señor, recuérdeme como alguien que, desde hoy, se ha refugiado de por vida.

En mis primeros encuentros con esta expresión caí en el hábito de traducir ‘tomar refugio’, y es que es muy difícil salir de ciertas costumbres lingüísticas —por eso creo que es importante esta reflexión. Otras alternativas a la traducción de arriba serían ‘ha ido a por refugio’ o ‘ha encontrado cobijo para siempre’. Notad que ese refugio no se dirige a ningún objeto en particular.

La fórmula de las tres joyas como objetos de refugio viene de muy lejos, incluso si a lo mejor no ha estado ahí desde el primer día. Creo probable —y esto ya es una hipótesis personal— que provenga del concepto de entrar en la corriente o, por lo menos, de un trasfondo común que dio lugar a ambas ideas.

En un inicio, la persona que ha entrado en la corriente era aquella que se había puesto a practicar y se lo tomaba en serio. Es una experiencia que probablemente hayáis tenido: ver un gran valor en el budismo, en el mindfulness, etc., y decir ‘yo tiro por aquí, lo tengo claro’. En el canon pali esto requiere de confianza en el Buda, confianza en el dharma y confianza en la sangha. No en el sentido de que si emprendes el camino se te exige una cierta confianza, sino que sin ella no habrías tomado esa decisión sincera: es una condición necesaria. (Existe un cuarto factor que varía según el texto que se lea, pero casi siempre es la virtud.)

Estos elementos, variaciones incluídas, coinciden con un tipo de meditaciones poco conocidas llamadas anussati —en inglés se traducen como recollections. Son contemplaciones reflexivas sobre el Buda, el dharma, la sangha, la propia virtud y generosidad, la muerte, etc. En el canon pali aparecen como fórmulas cerradas —ya te dan la respuesta a la reflexión— pero incluso en la práctica theravada tradicional de las anussati, en que se recitan las fórmulas, se mantiene un elemento de reflexión pausada.

Si unimos estas tres ideas —los refugios, la confianza y las contemplaciones no entendidas como mera recitación— llegamos a algo que, en el fondo, es despampanantemente obvio: que este camino es una reflexión sobre el camino mismo. El refugio se vuelve una reflexión sobre mi relación con el camino.

¿Confío en mi capacidad para despertar? Entienda la idea del despertar como la entienda, ¿confío en que es una posibilidad para mí? Porque si tengo la impresión de que no hay transformación posible, o de que existe pero no es accesible, o de que yo no puedo, entonces inconscientemente no voy a intentarlo de verdad. Para romper los huevos necesito creer que puede haber tortilla.

Como curiosidad histórica, la práctica de contemplación del Buda es probablemente el origen de las visualizaciones de budas y bodhisattvas; y la reflexión sobre la figura de Gotama y lo que representa podría haber contribuído a la idea de tathagatagarbha, central en el budismo mahayana.

Aunque solemos llamar a ese concepto ‘naturaleza búdica’, la palabra sánscrita garbha significa matriz y, por extensión, embrión. El término denota tanto un espacio que contiene como lo contenido, pero en las traducciones al chino y al tibetano se perdió un poco lo primero, así como la referencia corporal. Pero lo que está diciendo de forma muy directa es que puedes gestar a un buda en tí, dar a luz a una persona nueva, nutrir un espacio despierto y fértil dentro de tí.

Segundo, ¿confío en mi capacidad de práctica? Si mi respuesta sincera es no, puedo explorar cómo es tener esa visión de mí, de deficiencia, y cómo me afecta. ¿Me inclina a la práctica apasionada y perseverante? ¿O, como no me saldrá, casi mejor ni me moleste? Es fácil refugiarse en el descrédito y la duda mecanizada: total, seguro que no funciona, nada funciona en esta vida…

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De las fórmulas de contemplación, mi favorita es la del dharma: el dharma es “visible aquí y ahora, inmediato, invita a investigar (literalmente: ven y mira), es accesible, a ser experimentado por quien tiene comprensión.” Cuando Sívaka pregunta que qué significa esto, el Buda le hace mirar a su momento presente: ¿sabes si hay codicia en tu mente o no? ¿si hay aversión o no? ¿si hay confusión o no? Sívaka responde sí a todo. Pues es en este sentido que el dharma es visible aquí y ahora.

Aunque a veces nos parezca que toda esta filosofía budista es muy compleja, algo a miles de quilómetros de distancia a lo que sólo llegaremos tras muchas escalas —y eso si nos dejan subir al avión— no olvidemos que ahora podemos ser conscientes, que la práctica también puede ser muy simple y no por eso menos profunda. Y que sucede ahora.

Y tercero y último, ¿confío en el apoyo mutuo con otras personas? No es tan sencillo hacer uso de la comunidad, confiar en ella lo suficiente como para poder ser sinceros con nuestras dificultades —una sinceridad sin la cual no podríamos avanzar— y saber ver la sabiduría de cada persona, pudiendo entonces aprender de sus experiencias.

La reflexión es cómo me puedo dejar ayudar y cómo puedo ser un buen refugio para los demás. La sangha es especialmente importante ahora que estamos pasando a un modelo comercial y individual en el que lo que tenemos son instructores que montan su chiringuito, igual que un terapeuta que abre su consulta, y atraen clientes —aunque no se usa este término. Nada de eso es malo de por sí, pero creo que sería un desastre perder el modelo de comunidad que se organiza, involucra a sus miembros, abre espacios, invita a maestras, genera amistades…

Si hay algo que prometas al tomar refugio, no es fidelidad ni una obligación autoimpuesta. Es el compromiso de seguir reflexionando a conciencia sobre tu camino, sobre la confianza y el aprecio propios como cualidades a cultivar. Y eso es un regalo que te haces y que, dada la habilidad que tenemos de olvidar cuidarnos, hay que refrescar constantemente.

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4 comentarios en “Entendiendo el refugio: ¿voto o reflexión continua?

  1. Muy bueno el artículo, gracias. Yo no he “tomado refugio” oficialmente, sino a nivel interno, con un pequeño ritual privado, pero me siento acogida y de verdad, refugiada. Y es verdad, caminar el budismo es una reflexión constante.
    Muchas gracias por este blog, Bernat. Me está ayudando mucho. Es un trabajo muy enriquecedor el que haces aquí.
    Carmen Romero

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