Meditar con emociones (I)

Éste es el primero de una serie de artículos sobre la meditación y su interacción con varios fenómenos como el dolor, las emociones, los pensamientos persistentes.

Todos vivimos realidades emocionales difíciles, incluso aterradoras, que por lo general no queremos experimentar. Pero una verdadera espiritualidad no puede pasarlas por alto, y para posibilitar el crecimiento personal debemos estar dispuestos a exponernos a ellas. “La mayoría de nosotros,” dice la maestra Pema Chödron, “consciente o inconscientemente, querríamos que la meditación fuera una sesión de relajación donde no tuviéramos que relacionarnos con la incomodidad. De hecho, mucha gente piensa erróneamente que la meditación consiste en esto. Creen que la meditación lo incluye todo menos eso que nos hace sentir mal.”

La tarea de la primera ‘noble verdad’ del Buda nos insta a conocer, e incluso aceptar, dukkha: lo doloroso, incómodo, insatisfactorio, imperfecto. Es un remedio contra el estado psicológico de negación. Pretender que el camino del dharma sea por fin la manera de librarnos de dukkha de una vez por todas, y a ser posible rápido, no es más que caer en la trampa que la primera tarea intenta contrarrestar. Según dice Ponlop Rinpoche, no puedes estar en un camino hacia el despertar hasta que no empiezas a trabajar con lo desfavorable, lo desagradable, como una parte más de tu meditación.

En lugar de ser otra tecnología para conseguir todo lo que deseo y librarme de todo lo que no me apetece, la meditación nos debería permitir familiarizarnos con las emociones negativas, aunque aportando espacio y cambiando nuestra forma de tratarlas. No es fácil. ¿Cómo me relaciono con lo incómodo cuando surge, reconociéndolo en lugar de reprimiéndolo, pero sin dejar que me arrastre? ¿Cómo practico esto durante las sesiones de meditación? En un artículo titulado ‘Meditar con las emociones’, Pema Chödron propone un ejercicio de meditar con las emociones, que traduzco al final de este artículo, algo acortado.  “Siempre asociamos nuestras emociones con pensamientos,” observa,

Nuestras emociones tienen mucha conversación mental y, en mi experiencia, a menudo es difícil discernir entre qué es el pensamiento y qué es la emoción. En toda sentada, en toda media hora de nuestras vidas, vienen y van muchas cosas. Pero no es necesario intentar solucionarlo todo. No tenemos que poner tanto significado a lo que surge, ni tampoco tenemos que identificarnos tan fuertemente con nuestras emociones. Todo lo que tenemos que hacer es permitirnos experimentar la energía, y con el tiempo se irá de ti. Lo hará. Pero tenemos que experimentar la emoción: no pensar en la emoción. Es lo mismo que he estado explicando con la respiración.

Sugiere que podemos ser conscientes de una emoción con el mismo tipo de atención que dirigimos a la respiración, a los sonidos o a las sensaciones corporales: experimentarlo de primera mano, con aceptación neutral, sin juzgar, sin elaborar discursivamente, conociéndolo como se conoce a una persona, una canción o un lugar. Chödron usa el ejemplo de una experiencia de miedo: “seguramente tienes una historia, una trama, sobre sentir miedo de algo que va a suceder. Pero si hay un manera de que interrumpas la conversación usando tu entrenamiento meditativo, entonces puedes tener una verdadera experiencia de miedo: una experiencia no-verbal.”

Te puedes fijar, propone, en cómo experimentas el miedo como sensación en el cuerpo, porque a veces las tramas con las que acompañamos las emociones pueden ser estrategias para alejarnos de la experiencia directa. Añadimos historias a nuestras emociones y esas historias las avivan, las perpetúan, incluso las magnifican. Si nos atrapamos en la trama, las emociones pueden intensificarse y esclavizarnos. Puede parecer una paradoja, pero estar con la emoción sin intentar escapar, sin distraernos con historias a su alrededor, observándolas con calma, al final puede ser una experiencia muy liberadora: porque si no echamos más leña el fuego, las emociones que tan fuertemente proclaman su presencia luego acaban por disiparse, como todo.

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Pon tu alarma para dentro de 20 minutos. Durante los primeros minutos, siéntate y conecta con tu respiración: nota el aire entrar y salir y busca la sensación de espaciosidad de tu respiración.

Cuando parezca que han pasado unos cinco minutos, deja surgir una memoria que acarree una emoción fuerte. Quizás una emoción fuerte más inmediata ya ha salido a la superficie. En ese caso, trabaja con la primera emoción fuerte que aparezca. Quizás no es negativa, quizás sea alegría.

Primero: ¿cómo percibes esa emoción? ¿Cómo es su sensación? Encuentra su textura y color. Nota dónde se localiza en tu cuerpo. ¿Es intensa? ¿Es leve? ¿Está en tu pecho o en tu estómago? Estás buscando una respuesta sentida. Es como decir “¿Cómo es un dolor de muelas?” No tienes que describírtelo en palabras, pero quieres conocer esa sensación.

Si surgen pensamientos y te distraen, sólo date cuenta de ellos y vuelve a la experiencia, a encontrar la sensación o percepción.

¿Cómo sientes esa emoción tras unos minutos? Se dice que todas las experiencias surgen y se apagan. ¿Es esa tu experiencia? Los pensamientos pueden hacer que la energía de las emociones se congele o permanezca durante mucho tiempo. Si dejamos estar los pensamientos, la energía puede moverse. ¿Es esa tu experiencia?

Si te describes tu percepción de la emoción con una palabra, ¿cómo te hace sentir esa palabra? Quizás es “agradable,” “desagradable,” “doloroso,” “apretado,” “hormigueo,” “tenso.”

Inspira y expira. Notándolo. Experimentándolo. Descansando en la experiencia.

Si experimentas una emoción intensa, quizás quieras respirar más hondo para que te ayude una sensación de espacio, apertura, simpatía. Si no sientes nada, sólo un estado neutro en blanco, nota cómo se percibe, cómo se experimenta esa in-sensibilidad. Si sientes resistencia a este ejercicio, experimenta eso. Ya sea aburrimiento, resistencia, agobio, dolor, placer o sopor, intenta llegar a la experiencia preguntándote: ¿Qué es esto? No buscas una respuesta verbal, buscas una experiencia: ¿Qué es esto?

Cuando suene la alarma, es probable que la emoción, o aquello que hayas experimentado durante la meditación, persista. Pero Chödron apunta que puede haber surgido también una sensación de más espacio alrededor de esa emoción. “Quizás nos sintamos menos asfixiados por la emoción,” comenta. Y como todo ejercicio de meditación, el cojín, la silla o la banqueta son el campo de entrenamiento, pero luego la partida es en la vida cotidiana. ¿Podemos llevar ese espacio con nosotros? ¿Intentar recordar y recuperar esta perspectiva meditativa cuando nos agarre una emoción fuerte, quizás recurrente? No se trata de dejar de sentir nada por la fuerza, sino de, quizás, estar algo más estables cuando aparezca.

Fuente: http://www.tricycle.com/practice/meditating-emotions

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