Los cinco ¿preceptos? laicos

En el post anterior, John Peacock hablaba del papel de la ética como fundamento del camino del dharma y prerequisito de la meditación. El “entrenamiento gradual”, uno de los métodos usados por el Buda para exponer su enseñanza, empezaba en la generosidad y la virtud. Seguramente la enseñanza más asociada a los laicos, en especial en el budismo del sur, son los llamados cinco preceptos. Su formulación estándar es algo así:

  1. Abstenerse de matar/herir a seres vivos.
  2. Abstenerse de tomar aquello que no es dado.
  3. Abstenerse de una conducta sexual inapropiada.
  4. Abstenerse de mentir.
  5. Abstenerse del consumo de sustancias intoxicantes.


A primera vista son prescripciones de evitar ciertas actividades, reglas que regulan el comportamiento para el beneficio (se supone) de uno mismo y los demás. Muchos maestros contemporáneos nos advierten de que no los leamos como si fueran la versión budista de los 10 mandamientos, aunque entonces llamarlos ‘preceptos’ quizás no sea la mejor opción, como explicaré después. Pero ¿cuál es la diferencia? ¿Qué son entonces?

Más que normas a obedecer, los preceptos pueden verse como cinco guías que nos invitan a indagar en nuestras acciones e intenciones, a ver sus consecuencias en nosotros en términos de sensaciones, bienestar, hábitos y formación de un carácter, así como sus efectos en el mundo, en las relaciones interpersonales, su contribución al bienestar colectivo, etc. Son una herramienta para el autoconocimiento y para el desarrollo personal: a través de abstenerme voluntariamente de esto y aquello descubro cosas de mí mismo, me examino, trabajo con mi mente, y no de una manera intelectual sino vivencial. Así que los preceptos no son donde se termina, no son donde las decisiones, los dilemas morales o los debates terminan porque “el budismo tiene una lista que dice tal y cual”; más bien son donde se empieza, son un punto de partida para la auto-indagación ética.

Así, el primer precepto (me cuesta no ponerlo entre comillas cada vez porque creo que va en contra de mi argumento con este artículo, pero qué difícil es cambiar convenciones…) se vuelve una indagación en mis relaciones hirientes con otros seres. John Peacock ponía un gran ejemplo en un vídeo del último artículo: incluso en el caso de que mate a un bicho, esto puede ser material de indagación en el por qué, en qué me motivó, si había miedo, etc. El segundo no se limita a abstenerme de robar: incluye ver si fuerzo a otros de cualquier forma para conseguir algo que quizás no querían darme. Junto con el tercero, me invitan a interrogar en mis deseos, en si a veces son tan intensos como para sobreponerse a mis propios estándares éticos, me dé cuenta o no.

Bajo los preceptos yacen ciertos principios: no-violencia, ser cuidadoso, contentarse, honestidad, atención plena, sensibilidad. Éstos son valores que contribuyen a estar despiertos: despiertos a lo que está sucediendo, a la realidad de los demás, conscientes de intenciones y consecuencias. En este sentido, el problema del quinto precepto es precisamente que ciertas sustancias me llevan a tener menos presentes estos valores y facilitan que olvide los cuatro preceptos anteriores. De hecho, la redacción exacta de este precepto no condena a las sustancias en sí sino que dice que uno se abstiene de los estados de descuido o negligencia (pamādaṭṭhānā) causados por su consumo. En una cultura como la nuestra que incluye cantidades moderadas de alcohol con la comida, a diferencia de la india, esto no tiene por qué significar que no puedo tomarme una copita de vino con el menú —¿o sí? Éste es un tema controvertido.


En cierta manera, estos valores son lo que dan lugar a los preceptos. Y aquí alguien podría preguntarse: entonces ¿cuán importantes son las cinco guías específicas? ¿Podemos prescindir de ellas? Mi opinión es que en la práctica las necesitamos, y que los problemas surgen cuando se pone demasiado énfasis en la formulación concreta por encima de los valores que le dan vida. Esto puede dar lugar a desestimar el contexto de situaciones que planteen un dilema moral y proceder a aplicar normas a ciegas, como si ofrecieran algun tipo de seguridad frente al riesgo y el ensayo-error de la vida humana. Aun así, a pesar de la mala fama que puedan tener las reglas, pueden ser útiles si las entendemos como resúmenes o recordatorios que nos permiten tener ciertas ideas a mano en la vida cotidiana. En otras palabras, como resultado final de un proceso de reflexión ética, no como reglas predeterminadas desde las cuales derivamos juicios. De esta forma, los cinco preceptos son a la vez el inicio de la auto-indagación y entrenamiento ético y su resultado final en una forma que sea fácil de recordar —aunque eternamente temporal y sujeta a renovación.

Pero, con todo lo que estoy diciendo, ¿por qué insistir con llamarlos ‘preceptos’? Precepto viene del latín praecipere, dirigir, prever, avanzarse, enseñar; pero para nosotros ha pasado a designar básicamente una norma incuestionable que hay que seguir. El término pali en la fórmula que se recita tradicionalmente es sikkhāpada, un compuesto hecho de sikkhā, entrenamiento, estudio o disciplina, y pada, que significa pie, paso, camino, curso y también ítem, principio, elemento… . Algunas traducciones dicen ‘reglas de entrenamiento’, lo que ya es más adecuado. Pero las imágenes de un paso, un camino o un principio tienen una connotación muy diferente de ‘regla’. Por otro lado, pensar en términos de entrenamiento es muy interesante: implica que no hay nada a ‘transgredir’ o ‘romper’, sino que esto es un proceso de aprendizaje en el que uno espera volverse más y más hábil.

De todos modos, la mayoría de veces a esta enseñanza se la llama con otro compuesto, pañcasīlani, que significa ‘cinco virtudes’. Sīla también puede traducirse como moralidad o ética, y cualquier elección de traducción determina cómo nos relacionamos con la enseñanza. Otras traducciones más libres podrían ser: los cinco entrenamientos éticos, los cinco entrenamientos en virtud, los cinco caminos virtuosos… Y quizás eliminando el artículo definido “el” (que no existe en pali) uno tiene más la sensación de que éste es uno de los varios modelos posibles a utilizar para examinar la propia vida y culivar un carácter virtuoso. A mí me gusta ‘camino’ especialmente por lo directo de la metáfora: tomaré este camino para evitar pasar por ahí o porque sé adónde me conduce ese otro camino, etc.

En este espíritu creativo de jugar y dialogar con las enseñanzas, buscando lecturas y formas que nos puedan funcionar, he pensado en otras dos formas de pensar en estas cinco guías. Una es pensar, explícitamente, en áreas de auto-indagación:

  1. Comportamiento físico: cómo trato los cuerpos de otros seres vivos.
  2. Adquisición: cómo me relaciono con querer y obtener, qué metodos uso, cuáles son los efectos…
  3. Sexo: cómo utilizo esta energía vital, ¿domina otros estándares éticos y los anula?
  4. Habla: comunicación en general, honestidad y engaño, motivación al hablar, efectos de lo que uno elige decir…
  5. Intoxicantes: qué sustancias (o qué cantidad de ellas) me hacen bajar la guardia, interfieren en mi juicio, causan descuido.

La otra es hacer una formulación más afirmativa, en lugar del lenguaje clásico en términos de abstención, que sirva especialmente como recordatorios:

  1. Respeta la vida, sé cuidadoso
  2. Cultiva estar contento con lo que tienes
  3. Usa la energía sexual de forma bonita
  4. Habla honestamente
  5. Ten cuidado con las sustancias que te hacen descuidado, no-cuidadoso

Un buen ejercicio es intentar seguir estas guías durante una semana, y a ver qué descubrimos en el camino. También se pueden elegir una o dos como foco especial y dedicarles un buen rato de reflexión. Por cierto, todo esto me recuerda que tengo pendiente desde hace muchísimo una segunda parte del artículo sobre la palabra correcta, uno de los factores del camino óctuple y que, dada su importancia, también tiene su lugar en los cinco … (rellenen con su expresión favorita). Pero esto será otro día.

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Dibujos de Kernel Peralta.

10 comentarios en “Los cinco ¿preceptos? laicos

  1. Una nota al segundo párrafo:
    En referencia a que los cinco preceptos no son como los mandamientos cristianos, he oído el argumento de que las cosas enumeradas en los preceptos son ‘malas’ en el sentido de que tienen consecuencias negativas, no ‘malas’ de por sí o porque Dios lo diga. Sin embargo, aunque el budismo no tenga un Dios creador al que complacer ni hable en términos de castigo ni de ‘merecer’, el karma funciona como una entidad superior bastante parecida a Dios. Si bien se considera una ley natural e impersonal que no tiene la intencionalidad humana de Dios, en la práctica yo no le veo tanta diferencia… Dado mi condicionamiento cultural, me parece extraño hablar de ‘ley natural’ cuando causas y efectos pueden pertenecer a vidas diferentes, pasadas y futuras. Además, los comentaristas theravada sí hicieron la distinción entre comportamientos que son inapropiados en una cultura particular y comportamientos que son insanos de por sí. Los académicos especializados en el tema de la ética budista tienen un problema inicial, y es que la tradición budista no ha desarrollado realmente teorías sistemáticas sobre la ética de la misma forma que ha hecho con la epistemología o la ontología: nunca ha debatido de forma explícita, por ejemplo, si los actos son negativos porque generan consecuencias negativas o generan consecuencias negativas porque son negativos.

  2. Achacar al Buddha las barbaridades que individuos que jamás entendieron el Dhamma escribieron mil años después es exactamente lo mismo que decir que el Jesucristo organizó la venta de bulas papales a cambio de dinero.
    Pero es más fácil copiar y pegar que leer.
    El Buddha NUNCA dió cinco preceptos. El Buddha NUNCA habló de entrenamientos graduales y cuando habló de generosidad fue para compararla con la generosidad de las serpientes con sus crías.
    En fin.
    Sólo lee, anda, antes de escribir éstas cosas y que tengamos que pasar la pena de leerlas..

    1. Hola Ariya Bodhita. ¿En qué basas tus afirmaciones? Los preceptos son comunes a todas las tradiciones, con textos casi idénticos, y las escisiones ocurrieron mucho antes que los mil años que mencionas. El canon pali se cerró muy probablemente en el siglo I aC, es decir, entre 300 y 400 años tras la muerte del Buda. Si los preceptos no se remontan al Buda, como mínimo se remontan al periodo pre-sectario del primer par de siglos. Lo mismo con el entrenamiento gradual y la generosidad, de la cual el canon está lleno de referencias.

      El tema de la autenticidad de los textos canónicos es muy interesante y puede encontrarse literatura al respecto gratis en internet. Por ejemplo:
      – The Historical Authenticity of Early Buddhist Literature: A Critical Evaluation (Alexander Wynne)
      – The Authenticity of the Early Buddhist texts (Ajahn Sujato & Ajahn Brahmali)

      Pero de hecho no tienes por qué pasar la pena de leer mi blog si no te gusta…

      1. No es cuestión de gustar, sino cuestión de rigor.
        Te voy a dar estas tres entradas y vas a entender no solo lo que te quiero decir, sino la razón por la cual la ética del buddha es lógica, coherente y tiene efectos evidentes. No son 5 mandamientos en rebajas:

        https://buddhistas.wordpress.com/2016/05/15/el-octavo-precepto/
        https://buddhistas.wordpress.com/2016/06/25/el-descubrimiento-del-buddha-expresado-en-1-789-palabras/
        https://buddhistas.wordpress.com/2016/12/13/etica-para-nerds-o-como-dejar-de-sufrir/

        Espero que te sea de provecho. Y como podrás comprobar es lo que es. Y además, funciona.

    2. Hola Ariya, felicidades por tus enormes conocimientos teóricos, pero no hay necesidad de tanta agresividad. En este sitio intentamos practicar la recta palabra.
      Gracias a todos los que generosamente compartís vuestro trabajo.

      1. Jaime, no tengo ninguna clase de conocimiento teórico, ninguno. Mi conocimiento es sólo por la práctica. Para cualquier cosa que imagine existen 3 o más suttas que me avalan, solo tengo que encontrarlos.
        Es un efecto que nos pasa a nosotros. Pensamos igual, si nos separan siglos e incluso a la vez si solo nos separan continentes. Es algo difícil de comprender para el que no le pasa. Y la agresividad es contra nuestro enemigo declarado: la ignorancia, no contra las personas.
        La realidad es una y los que estamos en ella solo describimos lo que vemos.

  3. Muy interesante. Yo pensaba que la formulación de “entrenamientos” era una útil innovación del maestro Thich Nhat Hanh, a fin de no generarle ruido a los que huían de la tradición judeo cristiana. Ahora veo que, si bien tal vez había estado innovando respecto a su tradición de origen, también se inspiró en el Canon Pali.

    Encuentro las propuestas que haces igual de útiles y ´sugerentes. Tendré que ver el video de Peacock.

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