Texto de Brian Dunn
[1,5 páginas]
Si el amor incondicional que siento hacia todos los seres sensibles no coloreara todos mis pensamientos, diría que no te emociona que haya alcanzado la iluminación. De hecho, si no rebosara pura compasión, diría que te estás comportando como una verdadera zorra sobre mi recién encontrada capacidad de ver la verdadera naturaleza de la realidad.
La semana pasada, cuando emergí de mi sesión de meditación y anuncié que había logrado la máxima de las metas espirituales, te encogiste de hombros con un “Qué lindo, cari.” Entonces continuaste viendo tus programas de interiorismo. No espero una fiesta de felicidades-por-llegar-a-la-iluminación a lo grande y con orquesta; pero me hubiese gustado algún reconocimiento por un logro de tal magnitud. No he construído una maldita casita en el árbol: he cultivado una perfecta quietud mental que ha desencadenado un conocimiento supremo.
Escucha, entiendo que tiene que ser duro ver a alguien a quien amas romper el círculo de muerte y renacimiento cuando tú no estás en absoluto cerca de lograrlo. Pero el hecho es que me he pegado a mi cojín de meditación todos estos años mientras tú conjuraste el tuyo para ser usado como cojín decorativo. Tu estado emocional negativo hacia mí no te acercará a la iluminación, créeme. Esto asumiendo que aún la quieras, y que puedas relegar tu hábito de álbumes de recortes a un segundo plano lo suficiente como para abrir el chakra uno.
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