Repensar el dharma para un mundo secular

despues 2¡Ésta es la entrada número 100 del blog! Y para celebrarlo, os traigo una gran noticia: ya ha salido el último libro de Stephen Batchelor traducido al castellano: “Después del budismo.” Lo podéis encontrar en tiendas o comprarlo por internet a la editorial Kairós.

Además, se ha organizado una conferencia con Batchelor llamada “Repensar el dharma para un mundo secular“, que es el subtítulo del libro. Será el 16 de noviembre en Casa Asia de Barcelona: ¡apuntad la efeméride! Si no estáis en Barcelona no sufráis, porque Kairós colgará el vídeo de la charla en su página web, ¡oe! Bueno, ‘oe’ para mí no, que estaré de traductor y… a quién le gusta escuchar su propia voz.

En esta entrada quiero hacer una reseña de este libro que, para mí, es lo mejor que ha escrito Batchelor desde “Budismo sin creencias.” Las primeras páginas empiezan fuerte, y no sé si eso es bueno o malo, ya que puede parecer menos accesible de lo que es luego. Aunque el libro no es breve y su estilo es más académico que la mayoría de publicaciones de dharma comerciales, sus líneas rebosan pensamiento innovador y  relevancia para la práctica.

Una de las fortalezas de “Después del budismo” es que no aborda los contenidos únicamente de manera abstracta —que es una debilidad de intelectuales como Batchelor y puede dejar fríos a ciertos lectores—, sino que usa historias de personajes de carne y hueso para ejemplificar cómo se traducen a una vida humana encarnada. La forma como lo hace es alternando capítulos ‘conceptuales’, donde reflexiona sobre algún aspecto del dharma, con capítulos ‘narrativos’, en los que ofrece retratos de figuras cercanas al Buda: su primo Mahānāma, jefe de los sakyas; el rey Pasenadi de Kosala, de quien los sakyas eran vasallos; Sunakkhatta, que le denuncia en la asamblea de Vesali; su médico, Jīvaka; y su asistente (y también primo) Ānanda.

En esos capítulos ‘narrativos’ uno se siente inmerso en el mundo de Gotama, granularmente detallado, que se nos acerca y cobra realidad a través de su inestabilidad política, de la competencia entre diferentes recetas para la felicidad, de las personas tan llenas de conflictos internos como nosotros mismos. Esa alternancia de capítulos ‘conceptuales’ y ‘narrativos’ aporta ritmo y variedad a la lectura, y permite que las reflexiones más abstractas se asienten, respiren.

Pero ¿qué pretende el autor en este libro? Los movimientos reformistas suelen volver a los orígenes para recuperar algo que se cree perdido. En esta línea, el budismo secular tiende a centrarse en el budismo primitivo, también llamado budismo temprano o pre-sectario, aunque me gustaría remarcar que el mismo proyecto puede tener su base en el zen o el vajrayana —ambos, movimientos que en su día fueron radicalmente innovadores y quisieron recuperar el espíritu original del dharma.

El problema es que esto lleva a relacionar al budismo secular con el theravada. Y es cierto que hay más afinidad con éste que con, pongamos, el budismo nichiren, puesto que ambos se remiten al canon pali y comparten vocabulario, metáforas y formas de meditación. Pero esa conexión se debe a un malentendido habitual: la gente suele equiparar el budismo primitivo al theravada, y esto es un error.

Parte de este malentendido se debe precisamente a la propaganda theravada. Unos cien años o menos tras la muerte de Gotama tuvo lugar el segundo concilio budista, en el que se produjo un cisma cuando los ancianos (sthavira) quisieron endurecer el vinaya, el código monástico, y la comunidad mayoritaria (mahāsāṃgha) lo rechazó. En ese momento, esto no supuso otras discrepancias ideológicas. Los theravada se autodenominaron ‘theravada’, mucho siglos más tarde, para identificarse con los sthavira originales de ese primer cisma, pero en realidad proceden de una subdivisión posterior de las muchas que ocurrieron, seguramente la escuela vibhajyavāda.

Reconstruir el dharma previo a esa primera fractura es una pretensión ambiciosa. Pero aunque quizás nunca se pueda llegar a esa certeza, podemos acernarnos a ella. Se puede, como hacen los académicos del budismo primitivo (‘early Buddhism‘ en inglés), cotejar las numerosas escuelas tempranas y las distintas líneas de transmisión textual independientes, viendo dónde difieren y dónde coinciden y, por lo tanto, qué tiene más puntos de provenir de una fuente común anterior. También se pueden determinar capas de antigüedad con criterios filológicos.

Cuatro ejemplos: a diferencia del theravada, el budismo primitivo no incluye el abhidharma, es anterior al filtro del comentarista Buddhaghosa (s.V aC) y a la supremacía del brahmanismo en todo el subcontinente indio; y, lo más revolucionario de todo, los conceptos de verdad absoluta y verdad relativa o convencional no aparecen ni una sola vez en los discursos antiguos, el suttapiṭaka. Según parece, el Buda histórico no pensaba en esos términos. La distinción, sin embargo, es fundamental a todas las formas de budismo que nos han llegado, incluyendo el theravada.

La gracia de estos descubrimientos, a mi modo de ver, no es en absoluto tildar esos desarrollos de inválidos o corruptos, sino afirmar y legitimizar una lectura alternativa. En otras palabras: imaginar un budismo sin la distinción de verdad absoluta y verdad convencial no es una herejía por la simple razón de que hubo un momento en la historia en que esa distinción no existía.

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En “Después del budismo,” Stephen Batchelor hace el trabajo que no hacen los académicos, el de imaginar cómo sería a efectos prácticos un dharma diferente partiendo de la legitimidad de prescindir de ciertas doctrinas y pensando en personas que viven y respiran en el siglo XXI. El libro se abre mostrando esa realidad de evolución usando el ejemplo de la vacuidad. De esta forma establece el enfoque, que evidencia que el mismo budismo cumple la doctrina budista de las ‘tres características’ de la existencia: es cambiante, en sentido último insatisfactorio, y condicionado, desprovisto de una esencia inmutable e independiente.

El segundo capítulo, a partir de la figura de Mahānāma, reflexiona sobre qué significa ser un practicante laico del dharma que vive su vida, trabajando y disfrutando de los placeres sensoriales, desde la perspectiva del despertar, habiendo tenido una experiencia inicial del nirvana. Esto es lo que se conoce como ‘entrar en la corriente’ y, casualmente, es el tema de mi tesis —que es lo que debería estar escribiendo, y no este artículo…

El capítulo 3, ‘La cuádruple tarea‘, elabora la reformulación de las cuatro nobles verdades que el autor esbozó en su ensayo “Un budismo secular“; y en el quinto, ‘Soltar la verdad‘, se exploran las características de un dharma ajeno a la doctrina de las dos verdades y que, en general, pone mucho menos énfasis en la idea de acceder a la Verdad (mayúscula intencionada). Para mí es de los mejores del libro.

Le sigue, en el capítulo 6, un retrato del monje Sunakkhatta que muestra algunas de estas ideas desde un enfoque narrativo. Junto con Mahānāma, Sunakkhatta es una de las mejores reconstrucciones que Batchelor ha hecho hasta el momento, mucho más solidas que sus especulaciones sobre la juventud del Buda en “Confesiones de un ateo budista.”

Si Mahānāma es “el converso,” Sunakkhatta es descrito como “el traidor.” Se trata de un hombre cautivado por los estados alterados de consciencia, los poderes sobrehumanos, el acceso a verdades metafísicas, las proezas ascéticas, los milagros… En definitiva, los efectos especiales de la espiritualidad. A sus ojos, la parte de transformación psicológica y ética del dharma no es muy impresionante, no da la talla como meta.

Aun así, es un practicante comprometido y durante una época incluso es asistente personal del Buda. Pero muchos años después le traicionan sus prioridades y decide abandonar al Buda, reprochándole que no ha realizado milagros ni le ha revelado el principio de las cosas. Sunakkhatta vuelve a Vesali y le denuncia en la asamblea de la ciudad, acusándole de los cargos de ser un hombre corriente sin poderes sobrehumanos. Si el dharma de Gotama no satisface esas inquietudes, entonces ¿en qué consiste realmente?

Al situar este episodio en el marco general de la historia del Buda, se nos descubre que corresponde al último año de su vida, año en que el ejército de Kosala arrasó Kapilavatthu, la capital de los sakyas. El Buda fracasó en su intento de impedirlo. ¿Quizás fuera en ese contexto que Sunakkhatta, decepcionado de que ni siquiera en esas circunstancias el Buda fuera capaz de realizar un milagro para salvar a su gente, abandonó el aprendizaje? La humanidad de Gotama se nos revela de forma sobrecogedora en este capítulo, que describe con sensibilidad dramática cómo un anciano de 80 años, perdida la vitalidad de su juventud, ve peligrar tanto el mundo político que conoce como el proyecto de su comunidad.

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Henry Shukman y Batchelor en el debate “Going back to the source” (youtube).

El capítulo 7 es una interpretación fenomenológica de enseñanzas clásicas como los cinco agregado o nombre-forma (nāmarūpa). A pesar de estar repleto de interesantes análisis, me resulta el capítulo más prescindible. No queda igual de claro que con los demás cómo se relaciona su contenido con otros capítulos y con el proyecto global del libro. Mi sensación es que sube la complejidad sin que merezca suficientemente la pena: lo preferiría como ensayo independiente.

Esto se compensa con el siguiente capítulo teórico, ‘Lo sublime cotidiano‘, donde Batchelor aborda la meditación como una sensibilidad aplicada momento a momento, incluso con una cualidad estética, y toca un tema mucho más vivencial que cerebral. Es un contraste agradable.

El penúltimo capítulo es un retrato muy enternecedor de Ānanda, primo del Buda y su asistente personal durante los últimos 25 años. Ānanda es, sin lugar a dudas, el personaje canónico más querido. Sin embargo, a pesar de ser elogiado por Gotama repetidas veces, los textos no le reconocen mucho ‘estatus espiritual’ y casi no se le permitió asistir al primer concilio por no haber llegado al despertar. Lo alcanzó justo la noche antes y, luego, en el concilio fue el responsable de recitar todos los discursos para que pudieran memorizarse. Hay una cierta contradicción…

¿Es quizás la mezcla de su innegable sabiduría con su humildad, amabilidad y lealtad al Buda lo que ha hecho de él un personaje tan popular? ¿Se debe a su falta de pedestal el que nos resulte más cercano? David Loy señaló en esta entrevista que parece haber habido una intención, por parte de los recopiladores del canon, de dejar mal a Ānanda. Batchelor completa ahora esa idea y nos relata las luchas de poder que siguieron a la muerte del Buda, dignas de una trepidante telenovela. ¿Cómo sería hoy el budismo si el resultado de esas tensiones hubiera sido otro? ¿Qué dharma hemos perdido?

El libro termina con un capítuo llamado ‘Una cultura del despertar’ y un epílogo. Ambos recogen reflexiones generales e inspiradoras sobre el papel del dharma en nuestra sociedad actual, sobre la doctrina del karma y el renacimiento, la autonomía en el camino espiritual o la comunidad. La elección del último capítulo es muy acertada: te hace terminar el libro llenándote de motivación. Después del budismo” es, sin duda alguna, una lectura de lo más estimulante. Así que consigue el que tiene que ser para mí su verdadero objetivo, el de inspirar a quien lo lea a lanzarse a una tarea fascinante: la tarea individual y colectiva de hacer realidad el dharma de hoy.

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7 comentarios en “Repensar el dharma para un mundo secular

  1. No existe contradicción. Ananda no sabía meditar y el Buddha en el parinibbana sutta le da por perdido. Ananda era muy popular entre los bhikkhu y fue por esa razón por la que Mahakassapa, otro que tampoco sabía meditar, por instigación del rey de Maghada le convoca a él y a Upāli, un laico, para que conteste preguntas en lo que se llamó “Primer Concilio”. A la salida del mismo la mitad del sangha que no participó rechazaron la nueva doctrina por considerarla diferente a la del Buddha.
    Por tanto, no basta con remontarse solo al segundo concilio para encontrar el primer cisma: el primer concilio fue cismatico.
    Obviamente en la literatura posterior ensalzaron a Ananda y le hicieron arahant y primo y coetaneo del Buddha y hasta levito sobre un río para morirse explosionando para que los habitantes de las dos orillas no de peleasen por sus reliquias.
    Si queréis huir de los cuentos chinos, revisad las fuentes…

  2. El Dharma no hay que pensarlo o repensarlo tenemos que practicarlo y repatricarlo. El Dharma es una experiencia y sólo desde la vivencia se puede cambiar.

  3. Muchas gracias, Bernat. Nos has ofrecido una muy buena presentación del texto de Stephen Batchelor y tu reflexión en torno es ilustrativa, convoca. No hemos leído el libro aún y sí, es una gran noticia la de que contemos ahora con la traducción al castellano.
    Felicitaciones en la celebración de la entrada 100 del blog. Gratitud a tu trabajo pionero y tus aportes con el budismo secular en el ámbito hispanohablante,

    Liliana

  4. Suscribo totalmente el comentario de Liliana.
    Enhorabuena Bernat por tu trabajo y estaremos atentos a la charla de SB y tu traducción en el vídeo de Kairós, las y los que no podemos asistir personalmente.
    Y ahora… ¡a por tu tesis!
    Pere

  5. Estimados Amigos:

    Me gustaría tener contacto con Stephen Batchelor, escriba a qué correo puedo dirigirme.

    Gracias por su atención.

    ROBERTO VIANA GUERRERO
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