Un budismo secular (artículo largo)

Muy buena noticia para este blog y para todos aquellos interesados en el budismo secular: ¡ya está terminada la traducción al castellano del detallado ensayo de Stephen Batchelor «A Secular Buddhism«, publicado en el Global Journal of Buddhism! Esta versión ha sido realizada a partir de la traducción que hizo Jesús Vicens, en ocasión del taller que Stephen y Martine Batchelor impartieron en Barcelona en junio, en el que tuve el honor –y el reto y responsabilidad– de servir de intérprete.

En este ensayo detallado y completo, estructurado en 16 capítulos muy breves, Batchelor explora las posibles consecuencias teóricas y prácticas de una secularización del dharma. ¿Qué le ocurriría a la tradición budista y a las enseñanzas del Buda si se les aplicaran los distintos significados del término secular? Estos son (1) no-religioso, (2) del mundo de hoy y para el mundo de hoy, y (3) no dominado de forma exclusiva por una institución-iglesia. Batchelor se centra en la doctrina de las cuatro nobles verdades (aunque originalmente no se llamaban ‘nobles verdades’) y pone énfasis en abordarlas como tareas en lugar de como proposiciones metafísicas, dejando a un lado las perspectivas que se fundamentan en la soteriología de la India clásica (budismo 1.0) y, así, dando lugar a una visión pragmática del dharma (budismo 2.0).

En este artículo hay una frase que, para mí, resumen el espíritu que hay detrás de toda actitud respetuosa pero reformista: «cada generación tiene el derecho y el deber de reinterpretar las enseñanzas que ha heredado«, dice Batchelor. Aunque reconoce que es una tarea ambiciosa, considera que no puede quedarse sin hacer.

Os recomiendo que imprimáis el artículo, os preparéis alguna bebida y, tomándoos vuestro tiempo, exploréis las ideas de este interesantísimo (y quizás imprescindible) texto. ¡Disfrutadlo!

Leer o descargar «Un budismo secular», de Stephen Batchelor

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Monjes con mal comportamiento

[1 página]

Se ha escrito mucho últimamente, en la prensa, acerca de la conducta de monjes budistas. Han estado matando musulmanes, violando niños, mintiendo e incluso robando de comunidades locales: todas esas cosas que el Buda Gautama aconsejó que nos abstuviéramos de hacer en los cinco preceptos. Entonces, ¿por qué no están los monjes siguiendo estos preceptos?

Hay muchas razones distintas, pero la principal es que no se los enseñan. En los monasterios es más importante que los monjes memoricen los textos y luego los reciten a toda velocidad. Si pueden hacer esto se les considera un buen monje.

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Por qué los hombres budistas no deberían ordenarse monjes

Aquí tenéis una divertidísima pieza satírica del monje budista australiano Bhikkhu Sujato, muy conocido por su activismo en favor del rol de las mujeres. (El escrito es en realidad una versión budista de otro texto bastante conocido de un sacerdote cristiano.) Aunque quizás a algunos les pueda parecer un tanto exagerado, quien haya conocido el budismo en sus países de origen sabrá que realmente queda mucho por hacer en términos de igualdad de géneros, que en las sociedades asiáticas y, por lo tanto, en las instituciones monásticas, existe aún mucho machismo, y que algunas de las cosas que dice este texto, en tono humorístico, son reflejos exactos (aunque con los géneros invertidos) de actitudes existentes, en ocasiones de manera muy explícita, hacia las mujeres.

10. El lugar de un hombre es la mano de obra, donde puede ganar dinero para donarlo a las monjas.

9. Las maneras primitivas y evasivas de comunicarse y manejar las emociones de los hombres les hace inadecuados para la vida en comunidad.

8. El físico de los hombres indica que son más aptos para tareas tales como cortar árboles y luchar contra leones salvajes. Sería “antinatural” para ellos perseguir una vocación religiosa. Es más, los hombros anchos y el “torso pesado” de los “hombres de verdad” puede ocasionar que se caigan en meditación. Esto crea un sonido, un golpe, que distrae a las mujeres, cuyos cuerpos en “forma de pera” han evolucionado claramente para poder sentarse sin moverse durante largos periodos de tiempo.

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Supersticiones de mercado y demonios invisibles

[1,5 páginas]

La idea de que la vida puede explicarse y dominarse es una superstición. También lo es la idea de que es posible vivir sin la duda, o de que la existencia tiene que ser feliz, que alguien o algo ahí afuera está atento a nosotros. ¿Esperas ser iluminado por tu práctica budista, o salvado por tu Dios? Vale. ¿Por qué?

Probablemente nunca respondas por completo esta pregunta, pero esa no es razón para dejar de preguntarla. Necesitamos que se nos recuerde que no podemos saber, no sólo intelectual sino también visceralmente. Abandonar el misterio es perder nuestro potencial para el cambio. Peor: pensar que podemos controlar ese cambio es estar perdido en superstición.

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Por qué dejé facebook

Artículo del Shambala Sun, nº de Julio 2013. [2,5 páginas]

¿Y si nuestra vida online se interpone en las conexiones de carne y hueso? SUMI LOUNDON KIM habla de cómo cortó su atadura inalámbrica. (No fue fácil.):

Mi adicción a facebook empezó hace seis años cuando mi marido me dijo, sin ironía aparente, “¡El facebook mola mucho! ¿Por qué no te registras y así podremos ser amigos?”
Un año más tarde, nos mudamos a una ciudad donde no teníamos amigos ni familia. Los animados y afectuosos intercambios con viejos amigos a través de facebook mitigaron mi repentino aislamiento y me ayudaron a pasar un año bastante duro. Finalmente hice amigos en la nueva ciudad, pero mi hábito de facebook continuó. De hecho, se intensificó.

No obstante, al cabo de cinco años haciendo clics en la página de inicio, el desencanto empezó a hacer acto de presencia. ¿Quién se hubiera imaginado que cosas normalmente interesantes podían volverse tan repetitivas? Lo mismo de siempre, lo mismo de siempre: instantáneas de platos de restaurantes elegantes, bebés, vacaciones, invitaciones a unirse a causas (por Dios, ¿de cuántas causas puede uno hacerse cargo?), extractos de sabiduría de maestros budistas, tiras cómicas, chistes… Me desilusioné todavía más cuando me di cuenta de que estaba usando el facebook para aprobación, sensación de pertenencia y sutil autopromoción. Y a menudo regañaba mentalmente a algunos de mis amigos budistas por su propio egoísmo descarado.

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Pensamientos dispersos

[2 páginas]

Uno de los hábitos principales de la mente es crear mundos de fantasía y luego poblarlos. Esto es lo que el Buda entendía por “devenir.” La capacidad de participar en tal devenir es a menudo una habilidad útil, puesto que te permite usar tu imaginación para planear el futuro y considerar lecciones del pasado. Pero esta habilidad puede convertirse en un hábito destructivo, cuando creas mundos de fantasía que generan codicia, aversión, engaño y otros hábitos mentales destructivos. Tu capacidad de hacer planes para el futuro puede convertirse en preocupaciones que pueden destruir tu paz mental. Tu capacidad de revivir el pasado te puede hacer miserable en el presente.
Una de las aptitudes importantes en meditación es aprender cómo encender y apagar estos mundos de fantasía a tu antojo, para poder pensar cuando necesites pensar y dejar de pensar cuando no lo necesites. De esta forma, la capacidad de la mente para crear mundos de fantasía no causará daños.

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Los budistas neuronales

04b03-buddhascience[2 páginas]

“Es un patrón tan viejo como el tiempo. Alguien hace un descubrimiento científico importante, el cual explica una porción del mundo; pero luego la gente, inmersa en la emoción del descubrimiento, intenta usarlo para explicarlo todo.” dice David Brooks acerca de la neurociencia, en una columna reciente. En un artículo anterior (traducido a continuación) parece más ambiguo al respecto; pero su relato es más imparcial que la mayoría de los que corren sobre este tema, y acierta a enfatizar que estos descubrimientos repercuten en la cosmovisión de la sociedad.
El conocido romance del budismo y la ciencia, pasado un periodo de cortejo, está perdiendo fans incondicionales. Cada vez se pone más en duda si “comprender el cerebro es la solución a comprender todo pensamiento y comportamiento” y si el cerebro es la mente. Quizás el neutrocentrismo sea otra forma de simplificar la confusa ambiguedad de la libertad humana, explicándolo todo a través de una sola disciplina (en lugar de varias) y reduciéndolo todo al determinismo materialista.

Veamos qué dice David Brooks en este artículo breve pero amplio, y muy fácil de leer:

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¿Por qué necesitamos conocer nuestra historia budista?

[2 páginas]
Artículo de Rita Gross, aparecido en el número de primavera de 2009 de «Buddhadharma: the practitioner’s quarterly».

Los budistas conversos occidentales conocen quizás algunas leyendas “familiares” propias del tipo específico de budismo que practican; pero muchos carecen de una formación sistemática en la historia de su recién escogido camino religioso. Muchos no conocen qué lugar ocupa el linaje que han elegido en el esquema general del budismo, una religión amplia y antigua con muchas variantes regionales e históricas. Cada uno de los innumerables subgrupos budistas tiene su propia historia sobre cómo, cuándo y dónde impartió Buda las enseñanzas en que se basan sus visiones y prácticas. Estas historias hacen afirmaciones difíciles de conciliar unas con otras. Dar sentido a estas historias puede ser difícil a menos que uno tenga herramientas para comprender la relevancia de la leyendo y el mito.

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¿Cuál es la actitud correcta para la meditación?

«Me siento a meditar. Intento permanecer concentrado. No quiero distraerme; pero me distraigo. Al darme cuenta me tenso. Esto todavía lo dificulta más…» ¿Esto os suena? Aquí van 23 consejitos de Sayadaw U Tejaniya, un maestro birmano de meditación vipassana cada vez más popular por su enfoque relajado, práctico y su insistencia en llevar la meditación a la vida diaria. Éstos son muy buenos consejos a revisar de vez en cuando y a recordar durante la meditación.

Nota de traducción: las expresiones «ser consciente» y «estar atento» se utilizan aquí de forma intercambiable, refiriéndose al estado de ‘darse cuenta’ de las cosas.

  1. Meditar es reconocer y contemplar lo que sucede –ya sea agradable o desagradable– de manera relajada.
  2. Meditar es observar y esperar pacientemente con atención y entendimiento. La meditación NO es intentar experimentar algo que has leído u oído.
  3. Sólo presta atención al momento presente. No te pierdas en pensamientos acerca del pasado. No te dejes llevar por pensamientos acerca del futuro.
  4. Al meditar, tanto la mente como el cuerpo deben estar cómodos.
  5. Si la mente y el cuerpo se cansan, algo pasa con la manera en que estás practicando; es momento de revisar cómo estás meditando.
  6. ¿Por qué te concentras tan intensamente cuando meditas? ¿Quieres algo? ¿Quieres que algo suceda? ¿Quieres que algo deje de suceder? Verifica si alguna de estas actitudes está presente.
  7. La mente que medita debería estar relajada y en paz. No puedes practicar cuando la mente está tensa.
  8. No te concentres con demasiada intensidad, no controles. No te fuerces ni te restrinjas.
  9. No intentes crear nada y no rechaces lo que está ocurriendo. Simplemente sé consciente.
  10. Intentar crear algo es codicia. Rechazar lo que sucede es aversión. No saber si algo está sucediendo o ha dejado de suceder es ignorancia/engaño.
  11. Sólo en la medida en que la mente que observa no tiene codicia, aversión o ansiedad estás verdaderamente meditando.
  12. No tengas expectativas, no quieras nada, no estés ansioso, porque si estas actitudes están en tu mente, se vuelve difícil meditar.
  13. No está intentado hacer que las cosas sucedan de la forma en que tu quieres. Estás intentando saber lo que ocurre tal cual es.
  14. ¿Qué está haciendo la mente? ¿Pensando? ¿Siendo consciente?
  15. ¿Adónde está ahora la atención de la mente? ¿Fuera? ¿Dentro?
  16. La mente que observa, contemplativa, ¿está adecuadamente atenta o sólo superficialmente atenta?
  17. No practiques con una mente que quiere algo o quiere que algo ocurra: el único resultado será que te agotarás.
  18. Tienes que aceptar y contemplar tanto buenas como malas experiencias. ¿Sólo quieres buenas experiencias? ¿No quieres siquiera la más mínima experiencia desagradable? ¿Es esto razonable? ¿Es éste el camino del Dhamma?
  19. Tienes que comprobar una y otra vez con qué actitud estás meditando. Una mente ligera y libre te ayuda a meditar bien. ¿Tienes la actitud correcta?
  20. No te sientas perturbado por la mente que piensa. No estás practicando para prevenir pensar, sino para reconocer e identificar el ‘pensar’ cuando éste aparezca.
  21. No rechaces ningún objeto que venga a tu atención. Conoce las impurezas/obstáculos mentales que surgen en relación al objeto y examínalas continuamente.
  22. El objeto de atención no es realmente importante; la mente contemplativa que trabaja en el fondo para estar atenta es de real importancia. Si la contemplación se hace con la actitud adecuada, cualquier objeto es el objeto adecuado.
  23. Sólo cuando hay fe o confianza (saddhā), surge el esfuerzo. Sólo cuando hay esfuerzo (viriya), la atención se vuelve continua. Sólo cuando la atención (sati) es continua, la mente se estabiliza. Sólo cuando la mente se estabiliza (samādhi), empiezas a comprender las cosas como son. Cuando empiezas a entender las cosas como son (paññā), la confianza se fortalece.

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«Un budista secular», por Stephen Batchelor

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Soy un budista secular. He tardado años en “salir del armario” por completo y aún siento una molesta inseguridad, un ligero halo de traición al declararme en estos términos. Como budista secular, mi práctica consiste en responder de la manera más sincera y urgente posible al sufrimiento de la vida en este mundo, en este siglo (nuestro saeculum) en el que nos encontramos ahora y en el que se encontrarán las futuras generaciones. Más que alcanzar el nirvana, veo el propósito de la práctica budista como el continuo florecer de la vida humana aquí en la tierra en el marco ético del camino óctuple. Dados los conocimientos existentes sobre la evolución biológica de los seres humanos, la emergencia del lenguaje y la conciencia de uno mismo, la sublime complejidad del cerebro y la integración de estas criaturas en la frágil biosfera que envuelve este planeta, no logro comprender cómo después de la muerte física puede haber continuidad de cualquier conciencia o yo personal, impulsada por la implacable fuerza de los actos (karma) cometidos en ésta o previas vidas. A muchos –quizás a la mayoría– de mis co-religiosos, esta confesión les conduciría a preguntar: “¿Entonces por qué, si no crees en estas cosas, te sigues considerando ‘budista’?”


No nací budista ni me crié en una cultura budista. Crecí en un entorno generalmente humanista, no asistía a la iglesia y me eximieron de atender las clases de “escrituras”, como se las llamaba entonces, en el instituto de Watford. A los dieciocho años me fui de Inglaterra, viajé a la India y me establecí en Dharamsala, en la comunidad tibetana en torno al Dalai Lama. Me hice monje budista a los veintiuno y durante diez años recibí una educación monástica formal en meditación, doctrina y filosofía budistas. Incluso en el despertar de los años 60 éste se consideraba un camino altamente incomformista. El budismo, lo poco que se mencionaba en esos días, era desestimado por los principales medios de comunicación occidentales como una preocupación marginal, aunque benigna, propia de ex- (o no tan ex-) hippies y esporádicos psiquiatras innovadores. Yo hubiera tildado de soñador a cualquiera que me hubiera dicho que, en el lapso de cuarenta años, la meditación budista estaría disponible en la salud pública, y que un diputado de los Estados Unidos (Tim Ryan, demócrata) publicaría un libro titulado “A Mindful Nation: How a Simple Practice Can Help Us Reduce Stress, Improve Performance, and Recapture the American Spirit” (Una nación atenta: Cómo una práctica sencilla puede ayudarnos a reducir el estrés, mejorar nuestro rendimiento y recuperar el espíritu americano).

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