En ciertos círculos, lo de aprovechar el confinamiento como semi-retiro, para tomar perspectiva o bajar el ritmo, ha alcanzado a gran velocidad el grado de cliché. Y la idea guarda valor. Por encima de todo siento que, ahora que empezamos a normalizarla, esta etapa ermitaña nuestra puede servirnos para explorar formas de integrar la meditación en nuestra vida cotidiana y, más en general, de aumentar nuestra ‘cantidad’ de práctica.
Con tanta gente ofreciendo actividades online, los recursos no faltan, incluyendo retiros virtuales. Como alternativa, puedes hacer uno en plan DIY: eliges un retiro de entre catálogos como Dharmaseed (en inglés) o AudioDharma (inglés y castellano) y sigues sus grabaciones durante unos días.

Pero algo me ronda la cabeza desde que se vislumbraba el confinamiento. Gente a mi alrededor se angustiaba ante la idea de pasarse nosecuantas semanas en casa, temiendo volverse chiflados. Me di cuenta del reto que todo esto supondría en términos de salud mental. Yo, incluso habiendo pasado meses de retiro, no salté de alborozo al imaginarme encerrado en mi mini-apartamento. Sin embargo, imaginé que tendría cierta ventaja.
Así que me pregunté: ¿qué he aprendido de mis retiros que pueda servirle a la gente a afrontar su forzada reclusión? Y decidí también pedir input a dos buenos amigos dhármicos. Aquí van 7 humildes lecciones sacadas de los retiros de meditación que podemos aplicar al confinamiento.
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