7 lecciones de los retiros de meditación que podemos aplicar al confinamiento

En ciertos círculos, lo de aprovechar el confinamiento como semi-retiro, para tomar perspectiva o bajar el ritmo, ha alcanzado a gran velocidad el grado de cliché. Y la idea guarda valor. Por encima de todo siento que, ahora que empezamos a normalizarla, esta etapa ermitaña nuestra puede servirnos para explorar formas de integrar la meditación en nuestra vida cotidiana y, más en general, de aumentar nuestra ‘cantidad’ de práctica.

Con tanta gente ofreciendo actividades online, los recursos no faltan, incluyendo retiros virtuales. Como alternativa, puedes hacer uno en plan DIY: eliges un retiro de entre catálogos como Dharmaseed (en inglés) o AudioDharma (inglés y castellano) y sigues sus grabaciones durante unos días.

Pero algo me ronda la cabeza desde que se vislumbraba el confinamiento. Gente a mi alrededor se angustiaba ante la idea de pasarse nosecuantas semanas en casa, temiendo volverse chiflados. Me di cuenta del reto que todo esto supondría en términos de salud mental. Yo, incluso habiendo pasado meses de retiro, no salté de alborozo al imaginarme encerrado en mi mini-apartamento. Sin embargo, imaginé que tendría cierta ventaja.

Así que me pregunté: ¿qué he aprendido de mis retiros que pueda servirle a la gente a afrontar su forzada reclusión? Y decidí también pedir input a dos buenos amigos dhármicos. Aquí van 7 humildes lecciones sacadas de los retiros de meditación que podemos aplicar al confinamiento.

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Una mirada budista al coronavirus: cómo afrontarlo con plena conciencia

La leyenda cuenta que Siddhartha Gautama vivía en un palacio aislado de todo contacto con el lado frágil y vulnerable de la vida humana. En varias salidas de palacio, tal fue el shock que le produjo ver a personas enfermas, ancianas, y muertas, que reconsideró su vida entera.

Este relato es puro mito y nada tiene de histórico —siento reventar burbujas. Buda no fue un príncipe ni mucho menos vivió ajeno a la tragedia: su madre, sin ir más lejos, murió una semana después de darle a luz. Aun así, la leyenda sirve como paradigma de un despertar profundo, cuando la cruda realidad llama a la puerta y tomamos conciencia de nuestra condición existencial, como si se nos hundiera un pedrusco en el estómago.

Sé que todo esto es bastante cliché y lo habréis leído mil y una veces, pero nunca deja de asombrarme la facilidad con qué me encierro otra vez en el palacio. Y entonces llegan noticias que son viejas, y digo para mis adentros: por supuesto…

Somos olvidadizos. Las llamadas de puerta se pierden en las nieblas del pasado y la cotidianidad. ¿De qué manera podríamos tenerlas más presentes? Mindfulness. Como no me canso de repetir en este blog, la palabra mindfulness (sati) significaba en origen ‘memoria’. En la época de Buda adquiere un sentido doble que también aplica al ahora: de ahí el tener presente de dos frases atrás. Ser plenamente consciente de algo es no olvidarlo, tenerlo en mente. No hace falta señalar, por ejemplo, que lavarse las manos a conciencia o no tocarse la cara son grandes ejercicios de mindfulness, y que consisten en gran medida en recordar hacer (o no hacer) algo.

Sobre la relación entre el sentido de ‘memoria’ y el de ‘contemplación de la experiencia presente’, recomiendo “A History of Mindfulness” (2012) de Bhikkhu Sujato, págs. 153-154.

En el budismo tradicional, una de las cosas que se tienen presentes es nuestra condición existencial, tal como está grabada en la leyenda del shock de Buda al salir de su palacio. Esto es una práctica, algo que cultivamos: no lo dejamos al azar, en plan «espero no olvidarme de esto,» sino que practicamos ser conscientes de ello de la misma forma que practicamos ser conscientes de la respiración, de nuestros estados mentales, o lo que sea. Designamos una porción de tiempo, dejamos de lado otros quehaceres, asumimos una postura formal y realizamos un ejercicio.

Los caminos graduales del budismo tibetano empiezan con reflexiones sobre la fragilidad y rareza de la existencia humana. No se deja para más tarde: está ahí nada más comenzar. De manera similar, una práctica central en la tradición tailandesa del bosque es meditar en cementerios y vertederos de cadáveres.

Reflexiones sobre la muerte son un elemento integral en casi todo tipo de budismo, desde los inicios, cuyos textos hablan de cultivar maraṇasati: mindfulness de la muerte. Curiosamente, este tipo de prácticas brillan por su ausencia en los entornos budistas/meditativos occidentales, en especial los secularizados.

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¡Ahora estoy en Patreon!

Tras 6 años escribiendo en este blog, he decidido subirme a una plataforma de micromecenazgo. Patreon no es un crowdfunding para un proyecto concreto, sino una manera de que las personas consumidoras —en este caso lectoras— de un creador de contenido —¡hola!— puedan mostrar su aprecio y su apoyo con un donativo pequeño pero regular. (Aquí está la página.)

Patreon tiene dos modelos de contribución: mensual o por contenido. Hace más de medio año, cuando empecé a pensar en esta idea, me incliné por el modelo mensual, ya que se aleja todavía más del intercambio de un producto por una tarifa. Sin embargo, tenía dudas de si, una vez empezado mi doctorado, podría cumplir con el ritmo de publicaciones que creo que se merecen las mecenas. Y dudas confirmadas: no.

Así que me he quedado en algo más humilde pero más realista, que es la ‘contribución por contenido’; pero para mí sigue tratándose de establecer una relación entre personas. Esta mentalidad me parece muy en la línea de la tradición de generosidad que ha mantenido vivo el dharma desde sus inicios hasta hoy.

Pero antes de seguir, si has llegado hace poco a este blog quizás no tengas claro qué ofrece exactamente y si te interesará apoyarlo de forma regular. En este caso, aquí van unas muestras de los tipos de artículo que suelo escribir (si eres lector habitual, puedes saltar al siguiente párrafo).

«El verdadero motivo por el que no progresa tu meditación» o «Facebook: el samsara hecho algoritmo» son dos ejemplos del tipo más común: opinión-reflexión sobre cómo encaja el dharma en las vidas que vivimos hoy. Los hay más investigativos, como «Los 53 sutras de Buda son FAKE news» o «La homosexualidad en el budismo» —que se lleva el récord de artículo más leído ever— e incluso periodísticos si tratan algo de actualidad, como en casos recientes de abuso sexual o xenofobia. Los temas históricos se alternan con escritos sobre integrar la práctica al día a día y con posts que recogen las enseñanzas de maestros y maestras, por ejemplo «12 consejos para observar la mente» o «Meditación metta: ¿qué es y qué no es?» Puntualmente hago un post recomendando libros. Y también he realizado unas pocas entrevistas.

Resumiendo, ¿por qué he decidido abrir una página en Patreon?

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