Hoy hace exactamente 3 años que empezó esta página web, y me gustaría hablar de algo que quizás nos persigue a muchos a pesar de llevar años en el ‘mundillo’ del budismo o la meditación, un reto que para algunas personas habrá seguido ahí durante estos 3 años: meditar a diario.

Lo primero que quizás tengamos que preguntarnos es ¿hace falta meditar cada día? ¿Es realmente necesario? Cualquier actividad que queramos incorporar a nuestras vidas, o cualquier habilidad que suponga bastante aprendizaje, necesitará cierta práctica regular. ¿Aprenderemos ruso dedicando media hora a la semana? ¿Mejoraremos mucho nuestra forma física con una visita al gimnasio cada quince días? Obviamente no. La meditación es lo mismo y, aunque saltarse un día o dos no es ninguna catástrofe, hacerlo a menudo será mucho más fructífero.
Algo importante es tener clara nuestra motivación. ¿Por qué meditamos o queremos meditar? A veces podemos tardar mucho tiempo en apreciar realmente los beneficios de la meditación y es algo que sucede de forma gradual. El esfuerzo genera algunos resultados y éstos nos inyectan más entusiasmo por la práctica, vitalizando nuestro esfuerzo. Esta retroalimentación positiva sucede de forma diferente para cada persona y tenemos que estar abiertos, quizás descubramos cosas que no esperábamos y nuestra motivación y apreciación de la práctica puede ir cambiando con el tiempo.
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En definitiva, se trata de una invitación a reflexionar sobre cómo nos comunicamos con los demás (qué decimos, cómo lo decimos y cuándo), y a indagar en las motivaciones que yacen debajo. (Podéis ver un ejemplo de esto en el canon pali