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Dharma.cat y ‘dharma 2.0’

Aún no hace una semana que la barbarie terrorista atacó Barcelona. Había caminado por el mismo tramo de las Ramblas el día anterior y, de hecho, me estaba vistiendo para ir precisamente ahí cuando una amiga, que se encontró enmedio de todo, me llamó: «No vengas. No salgas de casa.» Hoy no escribo esta entrada para hablar del terrible incidente del pasado jueves, pero no obstante siento que no puedo evitar el tema por completo.

Todos estamos sacudidos, volviendo poco a poco a la normalidad. Sentimos el dolor de las víctimas, de los familiares, y el miedo que surge en nosotros a pesar de los eslogans de «No tinc por.» Nuestra práctica es no dejarnos condicionar por este miedo: que no bloquee nuestras vidas, que no alimente islamofobia y estereotipos, sino que se traduzca en empatizar con las comunidades que por desgracia van a sufrir odio de todos modos, y en intentar comprender tanto como podamos la complejidad de esta situación, incluyendo la realidad de esas personas que se ven movidas a este tipo de actos, seguro que con un dolor subyaciente. Recomiendo mucho esta charla de tan sólo 20 minutos, con subtítulos disponibles al castellano: What We Don’t Know About Europe’s Muslim Kids and Why We Should Care.

Pero si por ahora no hago un artículo entero a raíz de este suceso, como sí hice con los atentados de París, ni tampoco escribo sobre los escándalos recientes sobre maestros abusivos, la mayoría —aunque no todos— alrededor de Sogyal Rinpoche (no pongo links, hay demasiados), es por falta de tiempo. Si seguís este blog desde hace mucho tiempo os habréis dado cuenta de que en el último año, o incluso más, he estado publicando con menor frecuencia. No estoy nada seguro de que esto sea una mala noticia jajaja. Pero han aparecido otros proyectos y responsabilidades, y me ha ido bien porque volcarme demasiado en el blog podía, en una época, venir acompañado de ambiciones, presuntuosidad, etc. Hoy, espero que me permitáis un poco de publicidad 😉

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A parte de la tesis de mi máster en Estudios Budistas, lo que ha secuestrado buena parte de mi tiempo y de mi espacio mental últimamente es una página web nueva: www.dharma.cat. ¡Y ya está a punto, ya la podéis visitar! Es una simple plataforma de difusión de actividades relacionadas con la meditación y el dharma, en la zona de Cataluña, desde una perspectiva laica, contemporánea, no dogmática y no ritual.

Dharma.cat toma el relevo de la sección de Eventos – Actividades de esta web, que tiene lectores de todos los países hispanohablantes pero sólo muestra actividades en Barcelona y alrededores, lo cual no tenía mucho sentido. Además, esto es en esencia un blog de opinión y difusión. A partir de ahora aparecerán unos pocos eventos que tengan relación directa con el Grup de budisme secular de Barcelona (y cualquier actividad que me mandéis desde los demás grupos de práctica), pero generalmente se redirigirá al lector a dharma.cat, que es un proyecto más coral, con Yolanda Blanch, Ferran Mestanza, Àngel Solà y Jose Luis Molinuevo, y unido por un enfoque y una geografía.

Captura de pantalla 2017-08-20 a las 20.30.21La segunda razón por la que escribo este post comparte la misma palabra que la web: es el curso «dharma 2.0», que marca mi graduación del programa Community Dharma Leadership y que he diseñado e impartiré con la supervisión y apoyo de mi mentor, Stephen Batchelor. Por un lado, con todo el follón de la tesis, no sé si elegí el mejor momento para dar oficialmente mi primer curso (glups), pero ya está hecho y me hace mucha ilusión, sobretodo porque sé que tendré a algunos compañeros de camino conmigo en el curso. El target de este curso no es principiantes, no se trata de un curso de introducción, y alguien totalmente nuevo puede que se tope con un exceso de material. Pero dharma 2.0 tampoco es ‘avanzado’ ni requiere haber ‘alcanzado’ nada: mientras que un cierto conocimiento del budismo ayudará mucho, realmente basta con tener algo de experiencia en meditación en silencio, ya sea budista o laica.

Mi intención es presentar un marco exhaustivo y coherente de lo que puede significar practicar el dharma en nuestro mundo de hoy, yendo más allá de reducir la ansiedad individual y abarcando cuestiones éticas y filosóficas, siempre de forma accesible y pragmática, dejando las creencias metafísicas a un lado. Se explorarán varias ideas y metáforas fundamentales. Algunas de ellas han quedado soterradas bajo la evolución y sofisticación del budismo, como sucede con muchas tradiciones religiosas, y se han recuperado gracias al estudio académico de la realidad histórica en la que vivió Gotama. Son cosas interestantísimas y tremendamente útiles y aplicables para todos nosotros, pero los practicantes rara vez leen literatura académica, a no ser que sean un poco frikis como yo.

Los temas que se tocarán podrían extenderse o constituir cada uno un curso o retiro en sí mismo, pero el énfasis será en crear este marco o plantilla que luego cada uno podrá ir llenando. ¿Por qué? Porque siento que esto es lo que más le falta a la práctica contemporánea, a menudo secularizada, del dharma: cómo encajar las distintas ideas y prácticas, qué propósito sirven, de dónde partimos, cuál es realmente la meta, qué idea unificadora engloba todo esto y le da sentido y dirección, etc.

Intentaré, tan bien como pueda, responder a estas preguntas, compartir lo que pueda compartir, mantener las reflexiones cerca de nuestra experiencia cotidiana, seguir investigando junto a los asistentes y, por encima de todo, aprender una tonelada. Antes de terminar, os dejo el programa de las sesiones del curso. Y si estáis «por la zona», espero que visitéis www.dharma.cat y encontréis ahí actividades que nutran vuestro camino. 🙂

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Primark: ¿cosmética mindful?

primark 2Seguramente ya te hayan llegado las noticias. Si no, agárrate. Primark ha lanzado una colección de cosmética inspirada (según dicen ellos) en el mindfulness. Consiste en sprays, aceites y exfoliantes. Como lo oís. Es para flipar. En un artículo titulado ‘Así es el mindfulness, lo nuevo de Primark Beauty para relajarte’ hay un párrafo digno de un facepalm con una de esas manos gigantes de espuma: si «intentas imitar a todas las yoguis de Instagram en casa preparándote zumos depurativos naturales y demás inventos ‘wellness’, tranquilas, hay solución: ¡estás dentro del mundo mindfulness!» Sin comentarios.

En el post anterior hablé de la relación entre el mindfulness como movimiento y el budismo, y me mostraba a favor de esta tendencia. Terminado el curso de MBCT de 8 semanas me reafirmo en mi postura: va en la dirección de reducir dukkha, no de aumentarlo, y no encontré que me alejara de mi camino ni compitiera con él, tirando hacia otra dirección. Me pareció una introducción a la meditación y a la actitud contemplativa fantástica, y está consiguiendo introducir a estas prácticas a gente que quizás no se habrían acercado a un centro budista o a una clase de meditación jamás.

¿Que no es exactamente lo mismo que el mindfulness budista? Claro que no. ¿Que es incompleto? Pues evidentemente. Pero ¿qué curso de introducción a la meditación o al budismo lo es, en 8 sesiones? ¿Verdad que no vamos a un retiro budista de una semana y salimos criticando que no han contado tooodo el dharma? Muchas de estas críticas tienen un punto absurdo, muestran falta de perspectiva sobre lo que hacemos nosotros mismos, y surgen de una posesividad hacia la meditación. Tenemos la oportunidad de revisar este apego.

Pero en este post voy a hacer un poco lo contrario. Cuando se debate la aplicación apropiada de un término y se navega su significado cambiante (como es el caso de la palabra «mindfulness» hoy en día), la pregunta clave es dónde poner la línea. Si la frontera es demasiado restringida, el término se vuelve de especialistas, estático, muerto; y uno es fundamentalista y averso al cambio. Si por lo contrario la frontera es tan inclusiva y flexible que es como si no existiera, el término pierde su significado: puesto que lo quiere decir todo, ya no quiere decir nada.

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El mindfulness está cambiando el budismo

Me he apuntado a un curso de mindfulness de 8 semanas. Concretamente, de MBCT (mindfulness-based cognitive therapy). Lo he hecho desde mi curiosidad por el diálogo entre el budismo y la modernidad. A ver qué tal. Por cierto, otro signo de este diálogo es que mi madre ahora colorea mandalas (aquí una muestra).

Apuntarme a este curso me ha recordado que he visto que, últimamente, hay maestros y centros budistas que empiezan a ofertar actividades de mindfulness o a presentar sus enseñanzas en esos términos. En parte, seguramente, para atraer al público, y no de forma meramente interesada, sino como parte natural de ese diálogo. Sin embargo, a mí me parece que esta influencia del mindfulness en el budismo va más allá de un simple rebranding, de con qué palabras las escuelas budistas ofrecen su contenido: está afectando al contenido mismo.

El pasado diciembre, participé en la jornada que organiza cada año la Coordinadora Catalana d’Entitats Budistes. Esa edición tenía como título «Presente y futuro del budismo en occidente” y uno de los temas centrales de la mesa redonda en la que yo participaba eran las (presuntas) descontextualizaciones del dharma. Como podéis imaginar, el mindfulness fue el gran protagonista. Uno de mis co-conferenciantes se mostró apasionadamente molesto con el movimiento del mindfulness. Mi postura es la de verlo como un caballo de Troya y como algo generalmente positivo para la sociedad, sin dejar de prestarle una atención crítica. (Veremos si mi opinión cambia tras completar el curso de MBCT.) Y también creo que, dada la realidad actual, el budismo tiene que dejar de tratar al mindfulness como algo de su propiedad, del mismo modo que el cristianismo, por ejemplo, no debería considerarse a sí mismo como el guardián definitivo del amor al prójimo.

Pero, dejando a un lado mi opinión del tema, lo que me chocó de ese rechazo receloso y protector del mindfulness es que viniera de alguien perteneciente al budismo tibetano, precisamente una tradición que no se ha caracterizado por cultivar esta práctica. No digo que en él no se trabaje la atención al presente como cualidad, sino que tradicionalmente no ha puesto énfasis en ella de forma directa. De hecho, el Satipaṭṭhāna Sutta, el discurso sobre las aplicaciones de la atención plena en que se basa el vipassana moderno (origen el mindfulness), jamás se tradujo al tibetano. Por mucho que esa tradición insista en que su canon contiene todas las enseñanzas budistas al completo, eso no es más que propaganda —una propaganda de la que, sin duda, los tibetanos están convencidos.

Yendo un paso más allá, y ahora entro en un terreno delicado, históricamente el budismo tibetano no se caracterizó por practicar lo que hoy en día entendemos como «meditación.» Me refiero a la práctica de contemplar la experiencia subjetiva al desnudo y en silencio, ya sea a través de un ancla como la respiración o con atención abierta. Usaré la palabra “meditación” en ese sentido durante el resto del artículo, aunque soy consciente de que la definición es humana y arbitraria, y que ejercicios como la visualización de mandalas o las recitaciones podrían considerarse una forma de meditación. Lo clarifico para que nos entendamos.

Ya puedo anticipar objeciones de los lectores. La primera sobre el dzogchen o el mahamudra, las prácticas propiamente tibetanas más parecidas al vipassana; la segunda, que muchas habréis asistido a cursos de budismo tibetano donde se habla de shiné (ཞི་གནས་, correspondiente a samatha) y lhagtong (ལྷག་མཐོང་, correspondiente a vipassana). Mi argumento no es que tales prácticas no existan en esa tradición —existen, como muestran las obras indias de Asanga y Kamalashila que utiliza— sino que:

  1. tradicionalmente no constituían lo más distintivo y extendido del budismo tibetano, que eran ejercicios devocionales y tántricos, a modo de generalización; y
  2. que el papel que se les da hoy día ya es una adaptación a las necesidades, intereses y proyecciones del converso occidental.

Como me explicaba Yeshe Rabgye hace unos años, los currículums para monjes jóvenes no incluían meditación, y son varias las veces que he oído de practicantes serios del budismo tibetano formándose en Asia que «los tibetanos no meditan.” Esa fue también mi sensación al pasar temporadas en comunidades de tibetanos en el exilio, obviamente con sus excepciones. Si alguien se ha sentido ofendido o cree que pretendo dejar mal a esa tradición, quiero clarificar que mi perspectiva es puramente histórica y que en ningún momento estoy emitiendo juicios de valor. Y para romper una lanza a favor de mi intención no-partidista voy a decir que nada de esto es exclusivo del budismo tibetano: exactamente lo mismo puede aplicarse al theravada.

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Ledi Sayadaw, uno de los padres del vipassana

Me explico. Los linajes de meditación han existido siempre, pero a lo largo de la historia han representado la excepción más que la norma. Dejando a un lado las prácticas laicas, por lo general limitadas a la acumulación de méritos, incluso entre los monjes aquellos que meditaban eran una minoría. El vipassana fue un movimiento de reforma que surgió en el siglo XIX principalmente en Myanmar (entonces Birmania) motivado por cuestiones más bien políticas y sociales.

Ante el dominio británico, una nueva clase media educada quiso reafirmar su identidad y herencia cultural. Esto hizo que se empezara a enseñar meditación y abhidharma a los laicos, quizás como forma de resistencia ante las misiones cristianas. Pero al hacerlo, la forma como presentaron el dharma se vio influida por la educación occidental que habían recibido y por el movimiento protestante: se enfatizó lo racional y el acceso directo a los textos y se rebajó el papel de la institución monástica como mediadora exclusiva a las enseñanzas. Debía formularse un dharma que pudiera competir, por así decirlo, con el pensamiento occidental del momento. Bajo la nueva forma del vipassana, la meditación se puso en un primer plano en el que hacía siglos que no estaba. Y ese nuevo énfasis también ha teñido cómo otras tradiciones se han presentado a nuestras sociedades, e incluso cómo se han entendido a sí mismas.

Resumiendo: el budismo de hoy se está viendo influido por el mindfulness, una práctica que surge de una forma de budismo que, a su vez, surgió con influencia occidental. O al revés: el colonialismo británico en Asia tuvo como resultado un movimiento reformista del budismo que enfatizó una forma de meditación que, con los años, dio a luz al mindfulness contemporáneo, cuya popularidad está incitando nuevas modificaciones en las escuelas budistas, hasta el punto de recuperar aspectos que tradicionalmente habían quedado más bien marginados. Si eso no es un ejemplo de la interdependencia, no sé qué lo es…

Termino recuperando el hilo inicial del artículo. Por territorial que pueda parecer la actitud de algunos budistas, que de pronto se muestran tan protectores con unas tierras de ultramar por las que se han vuelto a preocupar no hace mucho, entiendo el recelo. Si el budismo ha triunfado en occidente básicamente como un sistema de meditación —algo que no refleja con toda fidelidad lo que ha sido durante siglos en sus países de origen —, ahora el éxito del mindfulness le ha quitado la custodia exclusiva. Quizás el problema es precisamente el énfasis en la meditación, por paradójico que parezca. No sé si la mejor respuesta es reforzar aún más ese énfasis o más bien poner las energías en algo que muchos necesitan más allá de las 8 semanas y que no sé si el mindfulness proporciona aún: contexto, profundización y una visión del potencial completo de una vida humana despierta.


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Buda y la virtud del habla (II)

¿Qué sucede si tomamos la atención plena (mindfulness), la alejamos de la respiración y la llevamos a lo que decimos? ¿Podemos aplicar lo que hacemos cuando meditamos a nuestro proceso de hablar? Mantenernos presentes, no dejarnos cautivar por trenes de pensamiento conflictivos, observar el nacimiento de intenciones… ¿Cuánto valor tiene la meditación si se limita a experiencias mentales privadas y no se traduce en palabras? ¿Se puede meditar hablando? ¿Qué significaría?


En la primera parte de esta serie escribí: «A finales del año pasado, exploramos este tema con nuestro grupo de meditación y me gustaría compartir algo de eso en dos artículos. El segundo introducirá unas guías prácticas para cultivar la palabra apropiada; pero de momento introduzcamos la idea.» ¡Esto fue el 18 de abril de 2016…! Como fecha de caducidad para una promesa, un año es bastante, así que ahí voy. Pero empezaré resumiendo en un párrafo el contenido del primer artículo (aunque, evidentemente, es mejor que os lo leáis, qué voy a decir yo…).

Cuando el Buda hablaba de la «palabra inapropiada» se refería a cuando el contenido es falso (a sabiendas), mal intencionado, con ánimo de difamar, dividir y enemistar a gente, el tono es áspero, antipático, o se trata de cháchara infructífera. El problema con lo último es cuando desemboca en contar verdades ‘photoshopeadas’, exageraciones y cosas negativas de otros con el fin de ensalzarse a uno mismo, o simplemente divertirse, sin tener en cuenta el posible daño a terceros ni si los rumores en que uno participa son realmente ciertos. El reto es mantener las conversaciones sociales y ligeras ceñidas a lo cierto y a lo que es fructífero compartir. Sin embargo, el mismo Buda afirmaba que a veces hay que decir cosas desagradables en el momento oportuno: no se trata de callarse todo lo que pueda no gustar ni de aspirar a un estado en el que, mágicamente, nadie se ofenda jamás a lo que hemos dicho. Es imbuir nuestra comunicación de valores como la honestidad, el cuidado y la amistad.

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6 maneras de integrar la meditación en tu día a día

Uno de los grandes retos para muchos es establecer una práctica regular de meditación, a poder ser diaria. Este es un tema que ha salido varias veces en este blog, así que si ese es tu caso dale un vistazo a los artículos ‘Cómo meditar, incluso si eres muy impaciente‘, ‘10 consejos para establecer una práctica de meditación‘, y la reflexión ‘No consigo meditar cada día‘. Pero la práctica formal regular no lo es todo, y llegados ahí uno inevitablemente se pregunta qué viene a continuación. Esta entrada es para quienes quieran ir un paso más allá, quienes sientan que la sentada no es suficiente o intuyan que esta práctica tiene aún mucho a ofrecer y la podrían aprovechar más.

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Mañana intensiva organizada en Barcelona hace unos meses (gracias Sérgio por la foto)

Algunas de las cosas que diré se solapan con los artículos que acabo de enlazar, pero he intentado presentar en concreto y de forma completa aquellas condiciones que más me han ayudado —y me siguen ayudando— a que la meditación forme una parte integral de mi vida: (1) reconecta con la actitud meditativa durante el día, (2) haz práctica intensiva, (3) escucha meditaciones guiadas y charlas, (4) sigue leyendo y estudiando, (5) experimenta con tu vida cotidiana, y (6) encuentra comunidad (o créala).

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Un argumento budista contra facebook

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Seguramente el futuro recordará el siglo XXI como la era de las redes sociales. Pero ¿qué dirán los libros de ese futuro sobre cómo se han adaptado e interactuado con ellas el budismo, el mindfulness, en definitiva, los caminos espirituales y de transformación personal? Lo que sigue es una reflexión en curso sobre qué aspectos de facebook (y compañía) no contribuyen a una vida más despierta y consciente, sino que la boicotean. No hace falta decir que nada de eso niega los aspectos no-problemáticos del social media y sus posibles usos positivos.

Resumamos: el objetivo del budismo es encontrar la solución al problema del sufrimiento e insatisfacción humanos. Esto conducirá a una nueva forma de estar en el mundo y, para quienes creen en el ciclo de renacimientos, a escapar de él. Ambas cosas se logran reduciendo, y finalmente erradicando, la tríada de codicia, aversión y engaño —o la versión de esos términos que prefiráis. Estos tres impulsos básicos nos mantienen atrapados en ciclos repetitivos y agotadores. El budismo los llama ‘fuegos’ y declara que hay algo más en la vida que perseguir ávidamente lo que nos gusta, intentar apartar lo que nos desagrada y aburrirnos frente a lo que nos es indiferente. Esto no sería un problema si no fuera porque se trata de una empresa irrealizable, y porque muchos de nuestros deseos obsesivos, miedos y odios son bastante estúpidos. El budismo y la meditación aspiran a superar esas limitaciones, en especial la ignorancia, y a poder ver las cosas tal y como son. En principio, todos los métodos de práctica de las distintas tradiciones budistas responden ampliamente a esa meta.

Pero ¿y facebook? ¿Cuál es el objetivo de facebook? ¿Contribuye a avivar o a sosegar esos fuegos? Esto me gusta, eso no me gusta, de aquello paso. Facebook me muestra anuncios de productos que he googleado pero aún no he comprado. Si tengo espíritu de troll o de hater, twitter o youtube me proporcionan una ventana de anonimidad para descargar mi rabia sin que tenga que afrontar consecuencias. El otro día me di cuenta que hacía semanas que la gran mayoría de lo que me encontraba al abrir facebook eran vídeos o bien de aquél secreto que él solito me va a solucionar la vida, mágicamente, o bien de cualquier noticia de actualidad que debería indignarme mucho; y vi que más allá de generarme esa reacción inicial de interés o de ira no estaban ni ayudándome a solucionar mi vida ni motivándome para cambiar el mundo.

El problema no son el deseo y la aversión en sí: el me-gusta y no-me-gusta son sensaciones naturales y distinguirlas está bien. El objetivo no es volverme indiferente a todo, sino aprender a distinguir en nosotros mismos los impulsos que son hábiles o fructíferos de los que son inhábiles o infructíferos —quizás hoy los llamaríamos productivos e improductivos. Y aunque facebook tiene el potencial de generarme el tipo de me-gusta y no-me-gusta productivos, tengo que aceptarlo: me genera muchísimos más de los improductivos, aquellos que no conducen a la mejora, al bienestar, a la acción sabia, sino sólo a la descarga impulsiva, al refuerzo de patrones reactivos e incendiarios, al comportamiento repetitivo, adictivo… Toma versión contemporánea del samsara. En el Discurso sobre los dos tipos de pensamientos, el Buda relataba:

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Retiro de meditación con John Peacock

¡Ya están abiertas las inscripciones para el retiro de fin de semana con John Peacock! En junio del año pasado el grupo de Barcelona organizamos por primera vez un retiro de fin de semana, invitando a Martine Batchelor para dirigirlo. La experiencia fue excelente: éramos unos 25 participantes aproximadamente y el retiro funcionó a la perfección. Dado el buen feedback que todos percibimos, nos hemos propuesto organizar dos retiros de estas características al año, y ya está aquí el siguiente. Tendrá lugar del 2 al 4 de junio en la «casa d’espiritualitat Marcos Castañer» en Hostalets de Balenyà (Barcelona), el mismo sitio que el año pasado, y hemos invitado a John Peacock.

Bajo el título de «Las mejores formas de vivir en este mundo», el tema elegido para el retiro son la práctica de los brahma vihāras, ‘residencias divinas’ o ‘sublimes’, pero más conocidas por su nombre alternativo: los cuatro inconmensurables. Se trata de cuatro cualidades a cultivar mediante formas específicas de meditación: la amabilidad (mettā), la compasión (karuṇā), la alegría empática/compartida (muditā) y la ecuanimidad (upekkhā). La primera la veréis a menudo como ‘amor bondadoso’, del inglés loving kindness.

smallJohn escribe: ¿Cómo sería conocer este mundo a través de la cualidades de la amabilidad, la compasión, la alegría empática y la ecuanimidad? ¿Cuán transformadora sería esta experiencia? ¿Sería el mismo mundo con el que estábamos en contacto antes? Durante este fin de semana exploraremos la centralidad de los Brahma Vihāras en la visión del Buda de qué es “despertar” y crecer en el mundo. Al fin y al cabo, no es accidental que en el Mettā Sutta, el Buda describiera la amabilidad ilimitada (mettā) como “la mejor manera de vivir en este mundo” y como un tipo de “mindfulness”.

Ya os podéis inscribir al retiro. Toda la información necesaria está en un documento pdf (hay versión en catalán y en castellano) y una hoja de inscripción, y siempre disponible desde la página de Eventos.

Pdf informativo en castellano

Pdf informatiu en català

Hoja de inscripción

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Los cinco ¿preceptos? laicos

En el post anterior, John Peacock hablaba del papel de la ética como fundamento del camino del dharma y prerequisito de la meditación. El «entrenamiento gradual», uno de los métodos usados por el Buda para exponer su enseñanza, empezaba en la generosidad y la virtud. Seguramente la enseñanza más asociada a los laicos, en especial en el budismo del sur, son los llamados cinco preceptos. Su formulación estándar es algo así:

  1. Abstenerse de matar/herir a seres vivos.
  2. Abstenerse de tomar aquello que no es dado.
  3. Abstenerse de una conducta sexual inapropiada.
  4. Abstenerse de mentir.
  5. Abstenerse del consumo de sustancias intoxicantes.


A primera vista son prescripciones de evitar ciertas actividades, reglas que regulan el comportamiento para el beneficio (se supone) de uno mismo y los demás. Muchos maestros contemporáneos nos advierten de que no los leamos como si fueran la versión budista de los 10 mandamientos, aunque entonces llamarlos ‘preceptos’ quizás no sea la mejor opción, como explicaré después. Pero ¿cuál es la diferencia? ¿Qué son entonces?

Más que normas a obedecer, los preceptos pueden verse como cinco guías que nos invitan a indagar en nuestras acciones e intenciones, a ver sus consecuencias en nosotros en términos de sensaciones, bienestar, hábitos y formación de un carácter, así como sus efectos en el mundo, en las relaciones interpersonales, su contribución al bienestar colectivo, etc. Son una herramienta para el autoconocimiento y para el desarrollo personal: a través de abstenerme voluntariamente de esto y aquello descubro cosas de mí mismo, me examino, trabajo con mi mente, y no de una manera intelectual sino vivencial. Así que los preceptos no son donde se termina, no son donde las decisiones, los dilemas morales o los debates terminan porque «el budismo tiene una lista que dice tal y cual»; más bien son donde se empieza, son un punto de partida para la auto-indagación ética.

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Vídeos: ética y budismo secular

¡6 semanas sin publicar! Creo que es mi reto sin ‘excusas’ de estar en retiro. Después de un mes intenso trabajando y escribiendo un pequeño ensayo sobre vipassanā en inglés, por fin tengo el espacio mental para reabrir el blog. A pesar de tener artículos pendientes de temas interesantes, hay un post que urge un poco y que además me permite publicar sin tener que escribir mucho, lo cual agradezco bastante en este momento.

Se trata de dos vídeos muy cortos de John Peacock, que es el maestro que hemos invitado a Barcelona a guiar el retiro de primavera y, si hay suerte, quizás también dar una conferencia. El retiro está confirmado y tendrá lugar el fin de semana del 2 al 4 de junio. Si te interesa y quieres recibir la información tan pronto se abran inscripciones, puedes suscribirte al boletín de actividades del Grupo de Barcelona. Si no, ve visitando la página de Eventos.

En el primer vídeo (hay que activar los subtítulos), John describe un aspecto crucial del budismo secular, que cada vez más defino como una actitud: debemos entrar en una relación con las enseñanzas que se base en reflexionar y no sólo en absorber. Hay muchas escuelas budistas que citan el Discurso a los Kalamas, donde el Buda desaconseja creerse las enseñanzas a ciegas, pero que luego no parecen tomárselo en serio porque pretenden que sus adeptos acepten ciertas afirmaciones por fe. De esa relación ‘pensante’ pueden surgir lecturas de los textos antiguos que sean igualmente pausibles y coherentes que las interpretaciones tradicionales, y quizás más apropiadas para nuestra sociedad: no necesariamente más correctas, pero sí igual de válidas.

En el segundo vídeo, John habla de la ética como uno de los componentes de la práctica del dharma más fundamentales pero a la vez más olvidados y negligidos hoy día en occidente. Si nos quitamos el filtro de nuestro bagaje judeocristiano y miramos al budismo primigenio, vemos que la ética no se enfocaba tanto como la simple obediencia de ciertos preceptos, sino como ejercicios de entrenamiento a través de los cuales uno se autoexamina. Hablaré de esto en un próximo artículo, pero para poner un ejemplo rápido: el grupo de Barcelona estamos explorando la generosidad, y de lo que se trata es de jugar con nuestro propio día a día para descubrir qué nos motiva, qué nos impide ser generosos, qué asumimos sin ser conscientes de ello, dónde hay resistencia, apego o confianza, etc.

Espero que estos vídeos cortos os gusten y os hagan pensar. Lo bueno, si breve… Y si queréis venir al retiro o a la conferencia de John Peacock en junio en Barcelona estad alerta: ¡pronto confirmamos los temas!

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Mindful Navidad en Madrid

Los amigos de DhammaSati tienen un nuevo centro urbano en Madrid llamado Rincón del Silencio, muy cerca del Parque del Retiro, y estas fiestas proponen varias opciones para los que buscan una alternativa a las sobremesas eternas. Id con cuidado, que sobrecargar el estómago de regalos gastronómicos es como comprar mucha lotería para el gordo de ‘dormirse meditando’…!!

El domingo 25 a las 19h hay Mindful Yoga y a las 20h meditación guiada. Y en nochevieja hacen un encuentro de 19:30 hasta pasada la medianoche, para entrar en el año nuevo con plena atención. El 7 de enero (como todos los sábados) hay sesiones intensivas de meditación de 19:30 a 21:30. A parte de estas actividades realizan retiros de un día, charlas y clases regulares de meditación y el curso de ocho semanas de mindfulness.

El centro Rincón del Silencio está en calle Doctor Castelo, 10 bis local 2, metro Ibiza/Príncipe de Vergara. Visitad www.dhammasati.org para más información. ¡Aprovecho para desearos unas muy felices fiestas y una buena entrada de año!

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