¿Es el mindfulness el budismo del siglo XXI? Una conversación con Ted Meissner.

Recientemente fui entrevistado por Ted Meissner en el podcast de la Secular Buddhist Association (EUA), de la que Ted es director ejecutivo. Ted fue de las primeras personas en mostrar interés por la existencia de este blog, y cuando no llevaba mucho tiempo de vida ya me entrevistó para uno de sus podcasts. Siempre es un placer, y un gran honor, hablar con él. Pero lo que tuvimos no fue realmente una entrevista, fue una conversación agradable y muy estimulante. En todo caso, nos entrevistamos mutuamente.

Primero hablamos de mi tesis de máster sobre la entrada en la corriente (sotāpatti), el primero de los cuatro niveles de despertar según el budismo primitivo, y de mi artículo The Facebook Sutta. Por una de esas magias de internet, este artículo se compartió bastante ¡y se re-publicó en Eastern Horizon, la revista de la Young Buddhist Association of Malaysia! La vida es friki…

ted_1Pero la mayor parte de nuestra charla tocó un tema candente en la evolución del dharma en la sociedad contemporánea: ¡el mindfulness! Estuvimos hablando de su relación con el budismo, tradicional y secular, y de cómo se está diferenciando de éstos, así como de las reacciones que estas modificaciones tan significativas generan en la budosfera más tradicional.

Ted es una persona fantástica con quien tener esta conversación, ya que también es instructor de MBSR. Podéis escuchar el podcast entero aquí. A continuación ofrezco una versión editada de la parte central de nuestra conversación. ¡Espero que os guste y que visitéis el fantástico podcast de Ted! Seguir leyendo «¿Es el mindfulness el budismo del siglo XXI? Una conversación con Ted Meissner.»

¿Deberíamos meditar con algún objetivo?

Uno de los debates internos del budismo mahayana es si el despertar es gradual o súbito. Esto quedó inmortalizado en el icónico debate de Samye, en el que el Tíbet terminó decidiéndose en favor del modelo gradual, propio del budismo indio, en lugar del modelo súbito del budismo chino.

El relato que conocemos de ese debate es de historicidad dudosa, y es simplista creer que podemos separar estos dos enfoques con limpieza quirúrgica: influencias del budismo chino se pueden apreciar en la escuela tibetana nyingma, y el zen también ha combinado ambas perspectivas en figuras como Chinul.

Monjes debatiendo en el monasterio de Sera (Tíbet)

Pero esta cuestión también toma otra forma: ¿Hay un despertar al que llegar? ¿O sólo hay que darse cuenta de que siempre hemos estado despiertos pero no lo sabíamos? ¿Hay que sentarse con un objetivo o sin él? Las varias escuelas de budismo se sitúan en distintos puntos de un espectro entre estos dos enfoques.

Ambos tienen su virtud y sus inconvenientes. Seguir leyendo «¿Deberíamos meditar con algún objetivo?»

¿Y si viéramos a Buda como un filósofo griego?

Este fin de año me ha pillado en Atenas, un lugar en el que seguramente es imposible no sentirse volviendo a un origen. Por intensas y cargadas de significado que fueran mis sensaciones en Lumbini y en las excavaciones de Kapilavastu, ciudad donde se crió el Buda en Nepal, no fueron sensaciones de cuna cultural. En cambio, caminar por el centro de Atenas, alzar la vista y ver el Acrópolis es como occidente dándole de bofetadas a mis pretensiones de budista.

Y aun así, mi mirada tampoco es la de cualquier otro occidental porque, cuando subiendo hacia el Acrópolis me encuentro una estatua de Menandro, donde los demás ven a un rey griego yo veo al interlocutor del monje budista Nagasena que aparece en el canon pali. Le tomé una foto:

Quizás una de las diferencias, me guste o no aceptarlo, es que mientras Atenas me dice «filosofía» y me sugiere a gente debatiendo y haciéndose preguntas, Lumbini me dice «religión» y me resuenan cantos y prostraciones; y no es que haya nada de malo en estas cosas en sí. Lo que el contraste me revela es algo que ahora va a sonar como si acabara de descubrir América: que el budismo es percibido como una religión, incluso por mí mismo. Al fin y al cabo, por budista secular que me etiquete, no dejo de vivir en un entorno del que absorbo percepciones. ¿Hasta qué punto debe de condicionarme esto a la hora de interpretar y poner en práctica las ideas del Buda?

Lo que me entristece es que la dicotomía religión-filosofía no hace justicia ni a la filosofía de la antigua Grecia ni al budismo primitivo. La realidad es que ambas cosas están mucho más cerca de lo que parece: para los griegos la filosofía era una forma de vida, una práctica, no una disciplina académica, abstracta y especulativa, y algunas escuelas hasta vivían en comunidad; el budismo primitivo se parecía mucho más a esto que a una religión. Los discursos del canon pali son situacionales y muestran al Buda haciendo su versión de la maiéutica, el método socrático, cuestionando a sus seguidores o respondiendo a quienes acuden a él con preguntas. A la vez, están vacíos de muchos de los elementos que para nosotros caracterizan a una religión.

Entre los cínicos que vivían sin hogar ni casi posesiones y los bhikkhus (monjes/mendigos) del budismo primitivo no hay tanta diferencia; entre el errante Gotama caminando por la India y conversando con mercaderes, reyes, ascetas o artesanos y los filósofos peripatéticos debatiendo en los patios del Liceo de Aristóteles, tampoco. En cierto sentido es extraño que se coloque al budismo al lado de las grandes religiones monoteístas, ya que desde el punto de vista de lo que era en origen tendría más lógica ponerlo junto a las escuelas filosóficas helenísticas.

Recuperando esta idea de la filosofía como práctica, hace unos años ha surgido el estoicismo moderno, un movimiento pequeño pero que ya cuenta con varias webs, libros, una Semana Estoica anual, una app… y dudo mucho que nadie vea a esta gente como remotamente religiosa. Me pregunto si para quienes tenemos interés en un dharma secular, de nuestro tiempo y cultura, no tendría más sentido reivindicar el diálogo del budismo con el estoicismo, por ejemplo, en lugar de con la alineación habitual de un encuentro interreligioso. ¿Qué cambiaría si nosotros mismos viéramos el budismo desde la perspectiva de una antigua escuela filosófica y al Buda como una figura equiparable no a Jesucristo sino a Epicuro o Sócrates, de quien fue contemporáneo? ¿No sería mejor puente entre ambas culturas?

uno debe vivir sin opiniones, sin inclinaciones hacia un lado u otro, firme en el rechazo de elegir, diciendo de cada cosa que no más ‘es’ que ‘no es’, o que ‘es’ y ‘no es’, o que ni ‘es’ ni ‘no es’
Timón, sobre el escepticismo de Pirrón de Elis

«¿El maestro Gotama opina que tras la muerte un Tathagata (persona liberada) existe?» «No.» «Entonces ¿opina que no existe?» «No.» «Entonces ¿opina que existe y no existe?» «No.» «Entonces ¿opina que ni existe ni no existe?» «No.»
Aggivacchagotta sutta, MN 72 (abreviado)

Es posible que los puentes ya existieran. He aludido a Las preguntas del rey Milinda (Menandro), y en otro post exploré que la imagen del Buda ¡¡se la debemos a los griegos!! Pirrón de Elis viajó a India con Alejandro Magno poco después de la vida del Buda y, como se puede ver en las dos citas de arriba, el escepticismo que fundó tiene muchos puntos de conexión con el budismo primitivo, o más en general con las tradiciones indias de entonces.

Hoy en día en los círculos del budismo secular ya hay un interés por estas escuelas. A Batchelor y Peacock les fascina el escepticismo de Pirrón a la luz de los poemas del Atthakavagga (incluí uno de esos poemas, muy ilustrativo, en el post anterior); se pueden encontrar artículos sobre budismo y estoicismo; y Massimo Pigliucci, uno de los impulsores del estoicismo moderno, ha manifestado su afinidad con el budismo secular. Luego hay otros nexos menos explícitos, como los programas de MBCT, donde el mindfulness viene del budismo y la terapia cognitiva tiene influencias estoicas.

Comparar todas estas tradiciones aquí sería imposible y, además, la reflexión principal de este post ya la he hecho; pero sí me gustaría señalar algunos puntos de conexión con el estoicismo porque es una tradición que he ido descubriendo y apreciando en el último año. El estoicismo cuenta con la enseñanza de estar en el presente y de practicar el autocontrol, algo muy presente en el budismo primigenio (saṃvara en pali) y muy a menudo como aliado de la plena consciencia.

Antonia Macaro escribe que el ‘vivir acorde con la naturaleza’ de los estoicos significa avenirse o adaptarse al principio racional que ordena el mundo. Y la palabra ‘dharma’ se refiere a lo mismo: es el orden de las cosas, el ‘cosmos’, la ley, así como la manera de comportarse de acuerdo a eso. La definición de ese principio es distinta en ambas tradiciones pero hay una gran similitud estructural y un punto de partida de reflexión que es común. Al final, la originación dependiente o surgir condicionado (paṭiccasamuppāda) es una ley natural, así como su concepto hermano del no-yo (anattā), y Sayadaw U Tejaniya para referirse a estas cosas usa la palabra ‘naturaleza’.

Los estudiosos suelen tener problemas al calificar la ética budista utilizando las categorías occidentales, pero a mi modo de ver la que mejor encaja es la ética de la virtud, la que se fundamenta en la formación de un carácter virtuoso. Ésta es propia de la filosofía helenística, y es muy claro leer el budismo desde este prisma. Además, la virtud más elevada es la sabiduría, y no hace falta argumentar el apoyo budista a esto ¿verdad?

Hace un par de meses leí el Enchiridion de Epicteto, el «Manual para la vida feliz». Aún tengo pendiente leerme el comentario de Pierre Hadot, que estoy seguro que no decepcionará. Algo que me pareció de una utilidad casi directa fue la distinción entre lo que realmente importa (la virtud) y los indiferentes (preferidos y dispreferidos). Los indeferentes son aquellas cosas que podemos preferir o no, y por lo tanto intentaremos perseguir unos y evitar otros, pero que en definitiva no nos impiden nuestra práctica de la virtud. Por ejemplo, puedo preferir tener riqueza o gustar a la gente, pero al final mi cultivo de la virtud no depende de eso.

Los cínicos eran de la opinión que estos indiferentes no eran indiferentes en absoluto, sino que distraían de lo que es realmente importante. Y estaremos de acuerdo en que a veces lo hacen, porque al fin y al cabo nuestro tiempo es limitado. El budismo se nos presenta a veces del lado de los cínicos, especialmente los enfoques con fuerte énfasis monástico. Pero si leemos el canon pali descubrimos que, a pesar del sabor renunciante que domina los textos, también hay tolerancia con las comodidades domésticas en cuanto a los laicos. En el Manual, Epicteto considera que ciertos indiferentes son preferibles sólo en tanto que facilitan el cultivo de la virtud —la salud o la educación son ejemplos claros— pero no más allá de eso. Me parece un criterio que puede ayudar a que un dharma secular no acabe siendo una forma de validar comodidades que consideramos no-negociables añadiéndoles el adjetivo mindful y que no nos damos ni la más remota cuenta de cuán excepcionales han sido en la historia e incluso hoy para mucha población del mundo. (Sabemos que el budismo secular corre este peligro «diluidor»).

Otra idea estoica fundamental es diferenciar entre aquello que está bajo nuestro control y aquello que no. Esto tiene que tenerse en cuenta en la persecución y evitación de los indiferentes. De esta manera, se practica aceptar tal como es aquello que no podemos cambiar, pero se trabaja para cambiar el resto. En esta idea el budismo puede aportar mucho, y también discutir un rato sobre hasta qué punto lo que los estoicos consideran bajo nuestro control lo está realmente o no. Pero al mismo tiempo el estoicismo puede equilibrar el inmovilismo que a veces el dharma parece promover, con ese énfasis suyo en la aceptación, que fácil—y erróneamente, creo yo—se lee como resignación. (Esta cuestión daría para un post entero…)

Tras leer el Manual de Epicteto y husmear por internet artículos y vídeos sobre estoicismo, clásico y moderno, me sentí devuelto a casa, de una forma muy somática, como ayer paseando entre runas atenienses, y sin que eso hubiera supuesto ningún alejamiento del budismo secular que practico. Puede que sea por lo común entre estas dos filosofías prácticas, y/o porque probablemente siempre haya leído el dharma de una manera sutilmente influída por la filosofía helenística que dio forma a mi cultura. Pero mi sensación no fue tanto que el estoicismo completara mi budismo, sino que reordenaba y clarificaba varias de sus ideas. De hecho estaría más de acuerdo con lo contrario: que el budismo es más elaborado y completa el estoicismo, como opina mi amigo Stefan.

Me gustaría terminar con unos cuantos ejemplos prácticos. Como muchas de sus escuelas hermanas, el estoicismo cuenta con ejercicios filosóficos o meditativos. Sugiere reflexionar por la mañana, en especial si tenemos tiempo y podemos ir a dar un paseo, y contemplar la propia mortalidad y la certeza de la vejez, un ejercicio digno de ‘lam rim’. Otra meditación, llamada el círculo de Hierocles, consiste en imaginarse en una ‘área de preocupación’ que se expande, y va incluyendo a familiares, amigos, vecinos, conciudadanos, animales, el mundo entero… ¿No recuerda a mettā y la compasión? Massimo Pigliucci cuenta que un elemento importante de su práctica cotidiana es el mindfulness ético. Él lo define así:

«en parte es intentar vivir hic et nunc (aquí y ahora), sin arrepentimientos acerca del pasado ni preocupaciones acerca del futuro (ni el uno ni el otro están bajo mi control). También significa recordarme que casi todo lo que hacemos tiene una dimensión ética, desde dónde compramos comida o ingresamos nuestro dinero a cómo tratamos a nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo e incluso gente desconocida.»

La idea del mindfulness ético me encanta. Técnicamente no es ninguna novedad: el mindfulness budista siempre ha tenido esta función y es sólo recientemente que ha pasado a un segundo plano, eclipsada por una obsesión en mudarse en el ahora que a veces parece que sea autojustificada, por su propia virtud. Y quizás en lugar de abogar por recuperar esta dimensión del mindfulness, que es lo más rigurosamente cierto, sería mejor articularlo en términos de aplicar esta práctica (cada vez más conocida) al terreno ético y de nuestras motivaciones. No es mal deseo para el 2018.

De momento yo seguiré unos días por Atenas, preguntándome de qué manera la filosofía de los griegos puede iluminar cómo presento el dharma, cómo lo entiendo y cómo lo practico. Que tengáis un buen inicio de año. 😊


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Repensar el dharma para un mundo secular

despues 2¡Ésta es la entrada número 100 del blog! Y para celebrarlo, os traigo una gran noticia: ya ha salido el último libro de Stephen Batchelor traducido al castellano: «Después del budismo.» Lo podéis encontrar en tiendas o comprarlo por internet a la editorial Kairós.

Además, se ha organizado una conferencia con Batchelor llamada «Repensar el dharma para un mundo secular«, que es el subtítulo del libro. Será el 16 de noviembre en Casa Asia de Barcelona: ¡apuntad la efeméride! Si no estáis en Barcelona no sufráis, porque Kairós colgará el vídeo de la charla en su página web, ¡oe! Bueno, ‘oe’ para mí no, que estaré de traductor y… a quién le gusta escuchar su propia voz.

En esta entrada quiero hacer una reseña de este libro que, para mí, es lo mejor que ha escrito Batchelor desde «Budismo sin creencias Las primeras páginas empiezan fuerte, y no sé si eso es bueno o malo, ya que puede parecer menos accesible de lo que es luego. Aunque el libro no es breve y su estilo es más académico que la mayoría de publicaciones de dharma comerciales, sus líneas rebosan pensamiento innovador y  relevancia para la práctica.

Una de las fortalezas de «Después del budismo» es que no aborda los contenidos únicamente de manera abstracta —que es una debilidad de intelectuales como Batchelor y puede dejar fríos a ciertos lectores—, sino que usa historias de personajes de carne y hueso para ejemplificar cómo se traducen a una vida humana encarnada. La forma como lo hace es alternando capítulos ‘conceptuales’, donde reflexiona sobre algún aspecto del dharma, con capítulos ‘narrativos’, en los que ofrece retratos de figuras cercanas al Buda: su primo Mahānāma, jefe de los sakyas; el rey Pasenadi de Kosala, de quien los sakyas eran vasallos; Sunakkhatta, que le denuncia en la asamblea de Vesali; su médico, Jīvaka; y su asistente (y también primo) Ānanda.

En esos capítulos ‘narrativos’ uno se siente inmerso en el mundo de Gotama, granularmente detallado, que se nos acerca y cobra realidad a través de su inestabilidad política, de la competencia entre diferentes recetas para la felicidad, de las personas tan llenas de conflictos internos como nosotros mismos. Esa alternancia de capítulos ‘conceptuales’ y ‘narrativos’ aporta ritmo y variedad a la lectura, y permite que las reflexiones más abstractas se asienten, respiren.

Pero ¿qué pretende el autor en este libro? Seguir leyendo «Repensar el dharma para un mundo secular»

Dharma.cat y ‘dharma 2.0’

Aún no hace una semana que la barbarie terrorista atacó Barcelona. Había caminado por el mismo tramo de las Ramblas el día anterior y, de hecho, me estaba vistiendo para ir precisamente ahí cuando una amiga, que se encontró enmedio de todo, me llamó: «No vengas. No salgas de casa.» Hoy no escribo esta entrada para hablar del terrible incidente del pasado jueves, pero no obstante siento que no puedo evitar el tema por completo.

Todos estamos sacudidos, volviendo poco a poco a la normalidad. Sentimos el dolor de las víctimas, de los familiares, y el miedo que surge en nosotros a pesar de los eslogans de «No tinc por.» Nuestra práctica es no dejarnos condicionar por este miedo: que no bloquee nuestras vidas, que no alimente islamofobia y estereotipos, sino que se traduzca en empatizar con las comunidades que por desgracia van a sufrir odio de todos modos, y en intentar comprender tanto como podamos la complejidad de esta situación, incluyendo la realidad de esas personas que se ven movidas a este tipo de actos, seguro que con un dolor subyaciente. Recomiendo mucho esta charla de tan sólo 20 minutos, con subtítulos disponibles al castellano: What We Don’t Know About Europe’s Muslim Kids and Why We Should Care.

Pero si por ahora no hago un artículo entero a raíz de este suceso, como sí hice con los atentados de París, ni tampoco escribo sobre los escándalos recientes sobre maestros abusivos, la mayoría —aunque no todos— alrededor de Sogyal Rinpoche (no pongo links, hay demasiados), es por falta de tiempo. Si seguís este blog desde hace mucho tiempo os habréis dado cuenta de que en el último año, o incluso más, he estado publicando con menor frecuencia. No estoy nada seguro de que esto sea una mala noticia jajaja. Pero han aparecido otros proyectos y responsabilidades, y me ha ido bien porque volcarme demasiado en el blog podía, en una época, venir acompañado de ambiciones, presuntuosidad, etc. Hoy, espero que me permitáis un poco de publicidad 😉

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A parte de la tesis de mi máster en Estudios Budistas, lo que ha secuestrado buena parte de mi tiempo y de mi espacio mental últimamente es una página web nueva: www.dharma.cat. ¡Y ya está a punto, ya la podéis visitar! Es una simple plataforma de difusión de actividades relacionadas con la meditación y el dharma, en la zona de Cataluña, desde una perspectiva laica, contemporánea, no dogmática y no ritual.

Dharma.cat toma el relevo de la sección de Eventos – Actividades de esta web, que tiene lectores de todos los países hispanohablantes pero sólo muestra actividades en Barcelona y alrededores, lo cual no tenía mucho sentido. Además, esto es en esencia un blog de opinión y difusión. A partir de ahora aparecerán unos pocos eventos que tengan relación directa con el Grup de budisme secular de Barcelona (y cualquier actividad que me mandéis desde los demás grupos de práctica), pero generalmente se redirigirá al lector a dharma.cat, que es un proyecto más coral, con Yolanda Blanch, Ferran Mestanza, Àngel Solà y Jose Luis Molinuevo, y unido por un enfoque y una geografía.

Captura de pantalla 2017-08-20 a las 20.30.21La segunda razón por la que escribo este post comparte la misma palabra que la web: es el curso «dharma 2.0», que marca mi graduación del programa Community Dharma Leadership y que he diseñado e impartiré con la supervisión y apoyo de mi mentor, Stephen Batchelor. Por un lado, con todo el follón de la tesis, no sé si elegí el mejor momento para dar oficialmente mi primer curso (glups), pero ya está hecho y me hace mucha ilusión, sobretodo porque sé que tendré a algunos compañeros de camino conmigo en el curso. El target de este curso no es principiantes, no se trata de un curso de introducción, y alguien totalmente nuevo puede que se tope con un exceso de material. Pero dharma 2.0 tampoco es ‘avanzado’ ni requiere haber ‘alcanzado’ nada: mientras que un cierto conocimiento del budismo ayudará mucho, realmente basta con tener algo de experiencia en meditación en silencio, ya sea budista o laica.

Mi intención es presentar un marco exhaustivo y coherente de lo que puede significar practicar el dharma en nuestro mundo de hoy, yendo más allá de reducir la ansiedad individual y abarcando cuestiones éticas y filosóficas, siempre de forma accesible y pragmática, dejando las creencias metafísicas a un lado. Se explorarán varias ideas y metáforas fundamentales. Algunas de ellas han quedado soterradas bajo la evolución y sofisticación del budismo, como sucede con muchas tradiciones religiosas, y se han recuperado gracias al estudio académico de la realidad histórica en la que vivió Gotama. Son cosas interestantísimas y tremendamente útiles y aplicables para todos nosotros, pero los practicantes rara vez leen literatura académica, a no ser que sean un poco frikis como yo.

Los temas que se tocarán podrían extenderse o constituir cada uno un curso o retiro en sí mismo, pero el énfasis será en crear este marco o plantilla que luego cada uno podrá ir llenando. ¿Por qué? Porque siento que esto es lo que más le falta a la práctica contemporánea, a menudo secularizada, del dharma: cómo encajar las distintas ideas y prácticas, qué propósito sirven, de dónde partimos, cuál es realmente la meta, qué idea unificadora engloba todo esto y le da sentido y dirección, etc.

Intentaré, tan bien como pueda, responder a estas preguntas, compartir lo que pueda compartir, mantener las reflexiones cerca de nuestra experiencia cotidiana, seguir investigando junto a los asistentes y, por encima de todo, aprender una tonelada. Antes de terminar, os dejo el programa de las sesiones del curso. Y si estáis «por la zona», espero que visitéis www.dharma.cat y encontréis ahí actividades que nutran vuestro camino. 🙂

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Primark: ¿cosmética mindful?

primark 2Seguramente ya te hayan llegado las noticias. Si no, agárrate. Primark ha lanzado una colección de cosmética inspirada (según dicen ellos) en el mindfulness. Consiste en sprays, aceites y exfoliantes. Como lo oís. Es para flipar. En un artículo titulado ‘Así es el mindfulness, lo nuevo de Primark Beauty para relajarte’ hay un párrafo digno de un facepalm con una de esas manos gigantes de espuma: si «intentas imitar a todas las yoguis de Instagram en casa preparándote zumos depurativos naturales y demás inventos ‘wellness’, tranquilas, hay solución: ¡estás dentro del mundo mindfulness!» Sin comentarios.

En el post anterior hablé de la relación entre el mindfulness como movimiento y el budismo, y me mostraba a favor de esta tendencia. Terminado el curso de MBCT de 8 semanas me reafirmo en mi postura: va en la dirección de reducir dukkha, no de aumentarlo, y no encontré que me alejara de mi camino ni compitiera con él, tirando hacia otra dirección. Me pareció una introducción a la meditación y a la actitud contemplativa fantástica, y está consiguiendo introducir a estas prácticas a gente que quizás no se habrían acercado a un centro budista o a una clase de meditación jamás.

¿Que no es exactamente lo mismo que el mindfulness budista? Claro que no. ¿Que es incompleto? Pues evidentemente. Pero ¿qué curso de introducción a la meditación o al budismo lo es, en 8 sesiones? ¿Verdad que no vamos a un retiro budista de una semana y salimos criticando que no han contado tooodo el dharma? Muchas de estas críticas tienen un punto absurdo, muestran falta de perspectiva sobre lo que hacemos nosotros mismos, y surgen de una posesividad hacia la meditación. Tenemos la oportunidad de revisar este apego.

Pero en este post voy a hacer un poco lo contrario. Cuando se debate la aplicación apropiada de un término y se navega su significado cambiante (como es el caso de la palabra «mindfulness» hoy en día), la pregunta clave es dónde poner la línea. Si la frontera es demasiado restringida, el término se vuelve de especialistas, estático, muerto; y uno es fundamentalista y averso al cambio. Si por lo contrario la frontera es tan inclusiva y flexible que es como si no existiera, el término pierde su significado: puesto que lo quiere decir todo, ya no quiere decir nada.

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¿Deberían ser vegetarianos, los budistas?

Comer carne: ¿sí o no? ¿Es aceptable para un budista? El cliché es que los budistas son vegetarianos, pero ¿es eso cierto? ¿Cómo se ha tratado el tema a lo largo de la historia del budismo? Y ¿es necesariamente una cuestión de blanco o negro?

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El objetivo principal de las enseñanzas budistas es terminar con el sufrimiento, entendido en un sentido amplio que recoge el término dukkha, o por lo menos reducirlo en gran medida. Esto se aplica tanto al dukkha propio como al ajeno. Y con ajeno se incluyen no sólo a las demás personas sino a todo ser vivo. El budismo tiene menos argumentos que otras religiones para concebir a los animales como seres instrumentales, ya que no cree en un Dios que haya podido crearlos para beneficio de los humanos en tanto que criaturas elegidas. Además, el primer precepto laico es abstenerse de causar daño a seres vivos. El término que usan los textos del canon pali es panatipata: destruir seres “que respiran” (pana), lo cual engloba igualmente a humanos y animales.

En su blog, Bhikkhu Sujato argumenta que lo más coherente con las enseñanzas del budismo es no consumir productos animales; y especialmente hoy, que hay más alternativas y la ganadería industrial implica no sólo matar a los animales, sino a menudo someterles a unas condiciones de vida deleznables. Su postura es difícil de rebatir. Pero ¿significa esto que los que comen carne deben sentirse malos budistas? ¿O que los vegetarianos pueden mirarlos por encima del hombro?

Con el vegeterianismo suceden cosas que no pasan con otros aspectos de la práctica budista: los carnívoros se sienten atacados, o creen que no pueden realmente practicar el dharma mientras coman animales; y los vegetarianos y veganos caen en la superioridad moral. No veo que esto suceda con la mentira, con el cotilleo, con el cultivo de la atención, con el consumo de alcohol o con el esfuerzo correcto. A pesar de que sea bastante obvio que dejar de comer animales, o de vestirnos con ellos, es una manera fantástica de evitar sufrimiento y ser más amables, puede ser interesante echar un vistazo a la historia.

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¿Una visión nueva u otro de los mitos que pretende erradicar?

“Budismo secular” se ha convertido en un eslogan: aparece en publicaciones, entrevistas, blogs y podcasts que exaltan o denigran el término y, ocasionalmente, a sus usuarios. Pero ¿qué es el budismo secular? ¿Ya está teniendo lugar? ¿Es necesario? ¿Se debería prevenir? ¿Qué haría? ¿Qué erradicaría? Por supuesto, es para hablar de esto por lo que estamos aquí en esta conferencia.

Así empezaba Akiñcano Marc Weber su intervención en la primera conferencia sobre budismo secular que tuvo lugar en marzo de 2013 en el Barre Centre for Buddhist Studies (EEUU). Y este blog empezaba con una versión resumida de un artículo sobre ese encuentro pionero. Durante su charla, Akiñcano ofreció una visión completa y personal del fenómeno del budismo secular emergente, clarificando lo positivo pero también aplicando una lúcida y poco practicada autocrítica. Os podéis descargar una traducción completa de su intervención, pero antes os dejo con unos extractos en los que se ponen de manifiesto unas ciertas tendencias en el budismo actual, la importancia de la ‘traducción cultural’ y los dos párrafos finales.

Descarga el artículo entero «Budismo secular: ¿una visión nueva u otro de los mitos que pretende erradicar?»

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Líderes budistas y el cambio climático

«Todo está ardiendo,» declaró el Buda en su conocido Discurso del Fuego, «ardiendo con el fuego de la codicia, con el fuego de la aversión, con el fuego de la confusión; ardiendo con el nacimiento, la vejez y la muerte; con las penas, lamentaciones y dolores, con angustia y desesperación.» Hoy, este símil cobra una nueva dimensión: el mundo está literalmente calentándose, y en gran parte debido a nuestra conducta vinculada a los tres fuegos del budismo.

El budismo se enfrenta a una nueva situación y los practicantes laicos tienen, más que nunca, un papel crucial. Un enfoque contemporáneo del dharma no puede pasar por alto aquellos aspectos de nuestro comportamiento que tienen un impacto en la sociedad y en el medio ambiente. Un budismo verdaderamente de nuestro tiempo debe incluir en su definición de ‘práctica’ nuestro compromiso con la sociedad, nuestro papel en el planeta y nuestra involucración política.

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Nuevas traducciones de textos del budismo ch’an

Hace casi dos años (¿cuánto lleva ya este blog? A veces alucino…) publiqué un artículo no muy alegre sobre el problema de las traducciones de textos budistas al español. Probablemente ahora cambiaría algunas cosas de ese artículo, y mi opinión respecto algunos de los ejemplos que puse va evolucionando también, como es lógico.

Las ideas fundamentales eran, primero de todo, que tenemos que tener presente que siempre leemos traducciones: incluso muchas obras canónicas en tibetano o chino son traducciones realizadas hace siglos y siglos de textos sánscritos o gandharis ya perdidos. Y en el caso de las traducciones al español, el principal problema es que hay muy pocos expertos en la materia y, por lo tanto, las traducciones directas de lenguas clásicas del budismo escasean. Demasiado a menudo son traducciones dobles, que pasan por el inglés; y muchas veces están hechas o bien por muy buenos traductores que no conocen suficiente del tema, o bien por expertos en budismo que pueden no ser muy buenos traductores. Y ante frases muy rocambulescas, o jerga extraña, no tendimos a pensar «esto está mal traducido» sino «debe de ser muy profundo…» Y las traducciones importan, porque moldean nuestro entendimiento del dharma.

El artículo terminaba con el deseo de que aumentaran las traducciones directas al español.  Pues bien, hay buenas noticias para las personas interesadas en el zen, y más concretamente en su antecesor chino, ya que en junio el abad del monasterio zen valenciano Luz Serena, Dokushô Villalba, firmó un acuerdo de colaboración con el monasterio ch’an de Liuzu para traducir unas cuantas obras directamente del chino al español. El abad español supervisará y dirigirá el proyecto, y la tarea de la traducción de los textos, que se calcula que serán publicados en 2017 en dos volúmenes, correrá a cargo de un equipo de traductores. ¡Celebro esta iniciativa y espero que la sigan muchas más!

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Noticia original

PD: Para los interesados en el budismo más primigenio, el monje theravada Bhikkhu Nandisena es uno de los pocos que traduce del pali al español: podéis descargaros su traducción del Dhammapada aquí. Y en la sección de Lecturas recomendadas podéis ver otras obras traducidas directamente del pali, por Abraham Vélez o Amadeo Solé-Leris.