¿Te gustaría saber cómo se gestó el budismo? ¿O quién era la persona que hoy llamamos el Buda?
En este blog ha aparecido varias veces la importancia de la historia para el budismo y para quienes practicamos. Aquí traduje un artículo de Rita Gross sobre el tema, y aquí argumenté que el estudio académico del budismo no sólo no impide ni dificulta la práctica, sino que puede ser una forma de práctica en sí mismo.
Para empezar, la historia mira a la impermanencia. Y si el budismo enseña que todo surge debido a causas y condiciones, esto incluye al budismo mismo, que no se gestó en un vacío. Para decirlo en jerga budista: el dharma es un fenómeno originado dependientemente.
El 19 de diciembre tendré el placer y el desafío de impartir un taller online sobre la historia de los orígenes del budismo, orientado a practicantes.
Se dividirá en tres sesiones a lo largo del día. En la primera exploraremos el contexto religioso, filosófico y social que precedió al Buda y en que éste creció. Es decir, el marco en que nace el budismo. Como las ideas a las que el Buda estaba respondiendo dieron forma a su mensaje, conocerlas comprendemos mejor el budismo.
La segunda sesión se centrará en la persona del Buda histórico, que en realidad no sabemos cómo se llamaba. ¿Qué hay de verdad en la leyenda que todas conocemos del príncipe que nunca sale de su palacio? Veremos qué nos dejan entrever los textos de un Buda muy humano, de su vida y de su carácter.
Y por la tarde navegaremos por el curso que tomó el budismo tras la muerte de Buda: las enseñanzas se recopilaron; el budismo se expandió de norte a sur de la India, Asia central, y hasta en territorios griegos; y aparecieron las escuelas primigenias del budismo, dando lugar a sofisticadas doctrinas y debates, así como desarrollos que desembocarían en el mahayana.
Será un taller ameno, informativo, pero que también buscará la reflexión y los aspectos relevantes de la historia budista para meditadores como nosotros. La actividad la organiza Casa Virupa, que continuarán con más talleres sobre la historia del mahayana y el vajrayana. Sería un placer veros ahí 🙂
Gracias a los mecenas Yolanda Blanch, Iván, Kandam Ubach, Virupa, Carol, Miquel, Àngel y Glo por su apoyo continuado.
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Tengo el inmenso honor de guiar un retiro junto a Martine Batchelor, una de mis maestras desde hace años. El retiro, organizado por la Asociación holandesa de ‘Insight Meditation’ (SIM), iba a tener lugar en Holanda y durar 6 días. Pero como con tantas otras actividades, las circunstancias han obligado a cancelar el retiro presencial y ofrecer una alternativa online.
El tema del retiro es vedanā, la segunda forma de estar presente, a.k.a. el segundo fundamento del mindfulness (satipaṭṭhāna). Martine ha estado muy interesada en esto en los últimos años, y casualmente es el tema de mi investigación doctoral.
El retiro online tendrá lugar del 19 al 22 de noviembre y será en inglés. Aquí está toda la información + inscripciones. (Importante: las sesiones no se grabarán y hay un número limitado de participantes.)
La forma más sencilla de explicar el concepto budista de vedanā, traducido habitualmente como ‘sensación’ o ‘tonalidad’ (feeling tone en inglés), es decir que concierne el placer y dolor de nuestra experiencia directa. Así como la temperatura es una gama que va de lo frío a lo caliente, con una indefinida zona templada por el medio, vedanā es una gama que va de lo doloroso a lo placentero, con una indefinida zona neutra por el medio. Vedanā se refiere a que experimentamos las cosas como agradables, como desagradables o dolorosas, o como neutras. Siendo minimalistas, se podría expresar con los emojis de una cara sonriente, una cara triste, y una cara con la boca plana. Así lo presentan los antiguos textos budistas:
Prometí que cuando llegara a 10 mecenas en Patreon haría un post respondiendo a 10 preguntas, sus preguntas; y llegué a esa meta el mes pasado 🙂 Como hay preguntas muy buenas y nada fáciles, me ha tomado un tiempo. Las he ordenado buscando una cierta lógica de lectura, pero no las une ninguna temática: de ahí que las llame ‘aleatorias’. Mi próxima meta (25 mecenas) es un vídeo ‘Ask Me Anything’, aunque ese será exclusivo para Patreon.
De momento aquí están las 10 preguntas, espero que las disfrutéis.
1.¿Cuáles fueron las causas de la aparición del budismo? ¿Y cuál era su finalidad?
Imaginad Nueva Orleans a finales del siglo XIX. Durante unos centenares de años han convivido y se han emulsionado las músicas de África occidental, del Caribe, los himnos de la iglesia, la tradición clásica europea… A ese bullicio cultural le añadimos circunstancias sociales como la profunda herida de la discriminación, la pobreza, pero también la necesidad de celebrar de un pueblo ya no esclavo. Esa bomba de creatividad estalla con el nombre de ‘jazz’.
Ahora viajemos al siglo V aC, a lo que hoy es el noreste de la India y un trocito de Nepal. Un joven de un estrato social privilegiado (para ese momento: hoy la mayoría vivimos en más lujo del que él jamás experimentó) abandonó la vidaque se esperaba de él para juntarse a un movimiento alternativo que había existido aproximadamente por un siglo —aunque hay referencias a ello aún más antiguas.
Eran hombres y mujeres que iban a vivir al aire libre, que mendigaban su comida, y que de manera desorganizada y heterodoxa perseguían la liberación espiritual. Los bosques donde vivían eran un tapiz de ideas védicas (de origen indoeuropeo) y autóctonas (quizás herencia de la civilización del Valle del Indo). Gotama habría encontrado y absorbido ese creativo tapiz, así como Buddy Bolden absorbió el de Nueva Orleans.
Igual que con el caso del jazz, las circunstancias que facilitaron el nacimiento del budismo no fueron sólo filosóficas y religiosas. Era el segundo periodo de urbanización de la India, que traía riqueza, una nueva clase media (la mercantil) con un superávit que les permitía ‘patrocinar’ a buscadores espirituales. Al mismo tiempo, la formación de pequeñas ciudades también puede significar estrés y enfermedades.
El paisaje estaba cambiando de unos núcleos tribales y puramente agrícolas a entidades políticas más grandes e imperios incipientes, con la mezcla de promesa, incertidumbre y miedo que esto comporta. Además, los pueblos del noreste probablemente percibieron la creciente influencia de la cultura védica como algo opresivo. A tal cóctel le corresponde la crisis de sentido que acompaña todo gran cambio social y la pérdida de viejas estructuras. Es en este panorama de agitación política, incertidumbre social, nuevas oportunidades y formas de pensar, que Gotama articuló sus enseñanzas de liberación espiritual y se convirtió en el Buda.
2.¿Qué significa ser budista secular? ¿Tiene sentido la etiqueta, como ser cristiano o ser estoico? Si no hay creencias, ¿en qué coinciden todos los budistas seculares?
El poema de Rumi que más lo peta en entornos de mindfulness secular probablemente sea «La casa de huéspedes.» Dice así:
El ser humano es una casa de huéspedes. Cada mañana un nuevo recién llegado. Una alegría, una tristeza, una maldad, cierta conciencia momentánea llega como un visitante inesperado. ¡Dales la bienvenida y recíbelos a todos! Incluso si fueran una muchedumbre de lamentos que vacían tu casa con violencia, aún así, trata a cada huésped con honor. Puede estar creándote el espacio para un nuevo deleite. Al pensamiento oscuro, a la vergüenza, a la malicia, recíbelos en la puerta riendo e invítalos a entrar. Sé agradecido con quien quiera que venga Porque cada uno ha sido enviado Como un guía del más allá.
El mensaje es claro: no rechaces ninguna de tus experiencias y aprende de todas ellas. Es bastante consonante con lo que suelo llamar «actitud meditativa» y que aprendí durante mi tiempo con Sayadaw U Tejaniya. Sin embargo, cuando miramos a los antiguos textos budistas encontramos al mindfulness comparado con un guardián cuya función no es tan simpática con los huéspedes.
Así como una ciudad amurallada tiene un guardián astuto que niega la entrada a los desconocidos y deja pasar a los conocidos, así es ‘mindful’ un discípulo noble. Muestra el máximo mindfulness y vigilancia, y recuerda lo dicho y hecho hace tiempo. El noble discípulo que tiene al mindfulness como guardián suelta lo que es nocivo y cultiva lo que es beneficioso.
¿Y ahora qué hacemos con esta aparente contradicción? Ya estoy dejando entrever que yo creo en una interpretación que amalgama ambas imágenes. Sin embargo, quiero apuntar que no existe una sola concepción de qué es el mindfulness. No sólo ya no creo que el budismo tenga la última palabra, porque el mindfulness no es propiedad suya, sino que ni los budistas se ponen de acuerdo.
Para dar un ejemplo: la escuela de pensamiento theravāda considera que el mindfulness es siempre una cualidad ética, mientras que la sarvāstivāda la define como éticamente variable. Así que ni tan siquiera ellas podrían resolver el dilema de si un francotirador puede ser mindful o sólo atento.
He recordado este dilema porque mis amigos de Casa Virupa me han invitado a ofrecer dos sesiones online sobre los cuatro satipaṭṭhāna, que hemos titulado ‘Formas de estar presente‘. Y pensé que era un buen punto de partida: ¿Es el mindfulness lo mismo que estar atento o ser consciente? ¿Qué significa estar presente?
Tras 6 años escribiendo en este blog, he decidido subirme a una plataforma de micromecenazgo. Patreon no es un crowdfunding para un proyecto concreto, sino una manera de que las personas consumidoras —en este caso lectoras— de un creador de contenido —¡hola!— puedan mostrar su aprecio y su apoyo con un donativo pequeño pero regular. (Aquí está la página.)
Patreon tiene dos modelos de contribución: mensual o por contenido. Hace más de medio año, cuando empecé a pensar en esta idea, me incliné por el modelo mensual, ya que se aleja todavía más del intercambio de un producto por una tarifa. Sin embargo, tenía dudas de si, una vez empezado mi doctorado, podría cumplir con el ritmo de publicaciones que creo que se merecen las mecenas. Y dudas confirmadas: no.
Así que me he quedado en algo más humilde pero más realista, que es la ‘contribución por contenido’; pero para mí sigue tratándose de establecer una relación entre personas. Esta mentalidad me parece muy en la línea de la tradición de generosidad que ha mantenido vivo el dharma desde sus inicios hasta hoy.
Pero antes de seguir, si has llegado hace poco a este blog quizás no tengas claro qué ofrece exactamente y si te interesará apoyarlo de forma regular. En este caso, aquí van unas muestras de los tipos de artículo que suelo escribir (si eres lector habitual, puedes saltar al siguiente párrafo).
La crisis climática: el reto del siglo XXI. «¿Quién me lo iba a decir,» pienso a veces, «que éste sería el gran tema de mi época?» Pero la información ha estado ahí desde el día en que nací, como una revista de sala de espera a la que nadie le presta atención. La ignorancia, sostiene el budismo, es un rasgo principal de la existencia humana ordinaria, y entre los sutras se esconden versos que comparan la codicia con una inundación. Hoy me cuesta no recordarlo.
No he tocado el tema ecológico desde la entrada «O extinguimos la codicia o NOS extinguimos;» pero en marzo tendré el gusto de entrevistar a Yanai Postelnik, que ha hecho un agujero en su muy activo calendario “rebelde” para hablar conmigo. Y quiero recoger vuestras inquietudes y preguntas: ¿qué le querríais preguntar a un maestro de meditación que es activista de Extinction Rebellion?
Yanai Postelnik lleva casi treinta años impartiendo clases y retiros de meditación por todo el mundo. Fue maestro residente de la Insight Meditation Society en Barre, Massachusetts; y forma parte del Teacher Council de Gaia House, UK. Puedes leer un texto suyo sobre meditación aquí y escuchar sus charlas en dharmaseed(en inglés).
Dos años atrás se sintió llamado al activismo climático como parte de su compromiso de actuar en beneficio de todos los seres. Profundamente implicado en Extinction Rebellion (XR), su conciencia le ha llevado a ocupar el puente de Waterloo, a pegarse con superglue a la entrada de un hotel para evitar un congreso de la industria petrolífera, y a ser arrestado en múltiples ocasiones. Yanai dice:
La urgencia de nuestra situación requiere sacrificio, y me siento llamado a arriesgar mi comodidad, mis privilegios e incluso mi libertad para llamar la atención del gobierno hacia el peligro y la devastación que nos espera si no actuamos juntos, ahora, con valentía y compromiso.
Parece seguir las palabras de Martin Luther King: «Nunca tengas miedo de hacer lo correcto. Los castigos de la sociedad son pequeños si los comparamos con las heridas que infligimos a nuestra alma cuando miramos para otro lado.»
He oído de varias fuentes que XR se desmarca del activismo habitual motivado por la ira. Sin ser denominacional, XR tiene una clara vertiente espiritual y una inteligencia psicológica que le lleva, por ejemplo, a organizar sesiones o rituales para digerir el dolor de la desgracia ecológica.
«Lo que me emocionó de XR era la idea de que tenemos que responder a todo el mundo desde un lugar de amor; no culpar o avergonzar incluso a los aparentes beneficiarios o perpetradores de esas conductas destructivas,»cuenta Yanai a Tricycle Magazine. De hecho, Yanai ha dado ya varias charlas bajo el título de «Amor en tiempo de extinción.»
Dado que este es un tema de mucha actualidad, cuyas olas están llegando a orillas budistas y meditativas (pero tengo la sensación que aún no lo suficiente), os hago una llamada para que sugiráis tema y preguntas, cuanto más concretas mejor. Muchos vemos cada vez más claro que no podemos seguir sin abordar esto, pero no sólo no sabemos qué hacer, sino tampoco cómo encaja con nuestra práctica o cómo hacer dialogar estas dos esferas.
¿Qué te gustaría saber? ¿Tienes mensajes de apoyo? ¿Tienes dudas? ¿De qué te gustaría que habláramos?
Por favor, escribe tus preguntas aquí abajo en la sección de comentarios, yo las recogeré y se las transmitiré a Yanai Postelnik en nuestra entrevista. ¡Estoy seguro que será una conversación muy interesante!
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Recientemente fui entrevistado por Ted Meissner en el podcast de la Secular Buddhist Association (EUA), de la que Ted es director ejecutivo. Ted fue de las primeras personas en mostrar interés por la existencia de este blog, y cuando no llevaba mucho tiempo de vida ya me entrevistó para uno de sus podcasts. Siempre es un placer, y un gran honor, hablar con él. Pero lo que tuvimos no fue realmente una entrevista, fue una conversación agradable y muy estimulante. En todo caso, nos entrevistamos mutuamente.
Primero hablamos de mi tesis de máster sobre la entrada en la corriente (sotāpatti), el primero de los cuatro niveles de despertar según el budismo primitivo, y de mi artículo The Facebook Sutta. Por una de esas magias de internet, este artículo se compartió bastante ¡y se re-publicó en Eastern Horizon, la revista de la Young Buddhist Association of Malaysia! La vida es friki…
Pero la mayor parte de nuestra charla tocó un tema candente en la evolución del dharma en la sociedad contemporánea: ¡el mindfulness! Estuvimos hablando de su relación con el budismo, tradicional y secular, y de cómo se está diferenciando de éstos, así como de las reacciones que estas modificaciones tan significativas generan en la budosfera más tradicional.
Uno de los debates internos del budismo mahayana es si el despertar es gradual o súbito. Esto quedó inmortalizado en el icónico debate de Samye, en el que el Tíbet terminó decidiéndose en favor del modelo gradual, propio del budismo indio, en lugar del modelo súbito del budismo chino.
El relato que conocemos de ese debate es de historicidad dudosa, y es simplista creer que podemos separar estos dos enfoques con limpieza quirúrgica: influencias del budismo chino se pueden apreciar en la escuela tibetana nyingma, y el zen también ha combinado ambas perspectivas en figuras como Chinul.
Monjes debatiendo en el monasterio de Sera (Tíbet)
Pero esta cuestión también toma otra forma: ¿Hay un despertar al que llegar? ¿O sólo hay que darse cuenta de que siempre hemos estado despiertos pero no lo sabíamos? ¿Hay que sentarse con un objetivo o sin él? Las varias escuelas de budismo se sitúan en distintos puntos de un espectro entre estos dos enfoques.
Hoy hace casi exactamente un año que John Peacock visitó Barcelona para ofrecer una charla, titulada «El mindfulness en el budismo de los orígenes y en la práctica contemporánea», y un retiro de fin de semana sobre los cuatro incomensurables o ‘brahmavihāras’. En especial, el retiro de centró en mettā, la amabilidad. Un año después, mi pali va progresando y he traducido el Mettā Sutta: lo podéis leer aquí en castellano y aquí en catalán.
Tras el éxito de ese retiro, el grupo de Barcelona ha vuelto a invitar a John Peacock para dar otro retiro, esta vez un día más largo; cosa que anuncio hoy, coincidiendo con que hace justo cinco años que registré este blog en wordpress. Si ese retiro era sobre los cuatro ‘brahmavihāras‘, el próximo será sobre los cuatro ‘satipaṭṭhānas’. Vamos de cuatro en cuatro… y sin librarnos de las palabras raras.
El Satipaṭṭhāna Sutta es uno de los discursos del canon pali más conocidos. Es el texto fundacional de la meditación vipassana, insight o mindfulness. El retiro será una oportunidad de profundizar en esas prácticas de forma dedicada y rigurosa. Peacock ha titulado el retiro «Las cuatro formas de establecer el mindfulness» y escribe:
El Buda enseñó cuatro maneras principales en que podemos establecer la plena consciencia o mindfulness en nuestro día a día: el cuerpo, las sensaciones, la mente y los fenómenos mentales. Estas son cuatro maneras de acceder a la plena consciencia en el momento presente y, si ponemos atención, son accesibles en todo momento.
El mindfulness, en este sentido, no nos conduce a otro estado o regno mental, sino que nos pone directamente en contacto con la experiencia vivida, tanto en su dificultad como en su belleza. Un elemento fundamental de esto es la reducción de reactivcidad que podemos observar cuando realizamos estas prácticas, al aprender a contemplar los fenómenos pasajeros de cuerpo y mente en lugar de ‘reaccionar’ a ellos repetidamente.
El retiro tendrá lugar del 11 al 14 de octubre en la Casa d’espiritualitat Santa Elena (Solius, Girona). Las inscripciones ya están abiertas. Encontraréis toda la información necesaria, un PDF explicativo y la hoja de inscripción en este enlace.
John Peacock también visitará España este verano, invitado por Aemind, para un retiro de 5 días del 26 al 30 de julio cerca de Madrid. Ese me libro de organizarlo, pero tendré el honor —y, como siempre, el reto— de estar traduciendo. Podéis encontrar información aquí.
Este fin de año me ha pillado en Atenas, un lugar en el que seguramente es imposible no sentirse volviendo a un origen. Por intensas y cargadas de significado que fueran mis sensaciones en Lumbini y en las excavaciones de Kapilavastu, ciudad donde se crió el Buda en Nepal, no fueron sensaciones de cuna cultural. En cambio, caminar por el centro de Atenas, alzar la vista y ver el Acrópolis es como occidente dándole de bofetadas a mis pretensiones de budista.
Y aun así, mi mirada tampoco es la de cualquier otro occidental porque, cuando subiendo hacia el Acrópolis me encuentro una estatua de Menandro, donde los demás ven a un rey griego yo veo al interlocutor del monje budista Nagasena que aparece en el canon pali. Le tomé una foto:
Quizás una de las diferencias, me guste o no aceptarlo, es que mientras Atenas me dice «filosofía» y me sugiere a gente debatiendo y haciéndose preguntas, Lumbini me dice «religión» y me resuenan cantos y prostraciones; y no es que haya nada de malo en estas cosas en sí. Lo que el contraste me revela es algo que ahora va a sonar como si acabara de descubrir América: que el budismo es percibido como una religión, incluso por mí mismo. Al fin y al cabo, por budista secular que me etiquete, no dejo de vivir en un entorno del que absorbo percepciones. ¿Hasta qué punto debe de condicionarme esto a la hora de interpretar y poner en práctica las ideas del Buda?
Lo que me entristece es que la dicotomía religión-filosofía no hace justicia ni a la filosofía de la antigua Grecia ni al budismo primitivo. La realidad es que ambas cosas están mucho más cerca de lo que parece: para los griegos la filosofía era una forma de vida, una práctica, no una disciplina académica, abstracta y especulativa, y algunas escuelas hasta vivían en comunidad; el budismo primitivo se parecía mucho más a esto que a una religión. Los discursos del canon pali son situacionales y muestran al Buda haciendo su versión de la maiéutica, el método socrático, cuestionando a sus seguidores o respondiendo a quienes acuden a él con preguntas. A la vez, están vacíos de muchos de los elementos que para nosotros caracterizan a una religión.
Entre los cínicos que vivían sin hogar ni casi posesiones y los bhikkhus (monjes/mendigos) del budismo primitivo no hay tanta diferencia; entre el errante Gotama caminando por la India y conversando con mercaderes, reyes, ascetas o artesanos y los filósofos peripatéticos debatiendo en los patios del Liceo de Aristóteles, tampoco. En cierto sentido es extraño que se coloque al budismo al lado de las grandes religiones monoteístas, ya que desde el punto de vista de lo que era en origen tendría más lógica ponerlo junto a las escuelas filosóficas helenísticas.
Recuperando esta idea de la filosofía como práctica, hace unos años ha surgido el estoicismo moderno, un movimiento pequeño pero que ya cuenta con varias webs, libros, una Semana Estoica anual, una app… y dudo mucho que nadie vea a esta gente como remotamente religiosa. Me pregunto si para quienes tenemos interés en un dharma secular, de nuestro tiempo y cultura, no tendría más sentido reivindicar el diálogo del budismo con el estoicismo, por ejemplo, en lugar de con la alineación habitual de un encuentro interreligioso. ¿Qué cambiaría si nosotros mismos viéramos el budismo desde la perspectiva de una antigua escuela filosófica y al Buda como una figura equiparable no a Jesucristo sino a Epicuro o Sócrates, de quien fue contemporáneo? ¿No sería mejor puente entre ambas culturas?
uno debe vivir sin opiniones, sin inclinaciones hacia un lado u otro, firme en el rechazo de elegir, diciendo de cada cosa que no más ‘es’ que ‘no es’, o que ‘es’ y ‘no es’, o que ni ‘es’ ni ‘no es’ — Timón, sobre el escepticismo de Pirrón de Elis
«¿El maestro Gotama opina que tras la muerte un Tathagata (persona liberada) existe?» «No.» «Entonces ¿opina que no existe?» «No.» «Entonces ¿opina que existe y no existe?» «No.» «Entonces ¿opina que ni existe ni no existe?» «No.» — Aggivacchagotta sutta, MN 72 (abreviado)
Es posible que los puentes ya existieran. He aludido a Las preguntas del rey Milinda (Menandro), y en otro post exploré que la imagen del Buda ¡¡se la debemos a los griegos!! Pirrón de Elis viajó a India con Alejandro Magno poco después de la vida del Buda y, como se puede ver en las dos citas de arriba, el escepticismo que fundó tiene muchos puntos de conexión con el budismo primitivo, o más en general con las tradiciones indias de entonces.
Hoy en día en los círculos del budismo secular ya hay un interés por estas escuelas. A Batchelor y Peacock les fascina el escepticismo de Pirrón a la luz de los poemas del Atthakavagga (incluí uno de esos poemas, muy ilustrativo, en el post anterior); se pueden encontrar artículos sobre budismo y estoicismo; y Massimo Pigliucci, uno de los impulsores del estoicismo moderno, ha manifestado su afinidad con el budismo secular. Luego hay otros nexos menos explícitos, como los programas de MBCT, donde el mindfulness viene del budismo y la terapia cognitiva tiene influencias estoicas.
Comparar todas estas tradiciones aquí sería imposible y, además, la reflexión principal de este post ya la he hecho; pero sí me gustaría señalar algunos puntos de conexión con el estoicismo porque es una tradición que he ido descubriendo y apreciando en el último año. El estoicismo cuenta con la enseñanza de estar en el presente y de practicar el autocontrol, algo muy presente en el budismo primigenio (saṃvara en pali) y muy a menudo como aliado de la plena consciencia.
Antonia Macaro escribe que el ‘vivir acorde con la naturaleza’ de los estoicos significa avenirse o adaptarse al principio racional que ordena el mundo. Y la palabra ‘dharma’ se refiere a lo mismo: es el orden de las cosas, el ‘cosmos’, la ley, así como la manera de comportarse de acuerdo a eso. La definición de ese principio es distinta en ambas tradiciones pero hay una gran similitud estructural y un punto de partida de reflexión que es común. Al final, la originación dependiente o surgir condicionado (paṭiccasamuppāda) es una ley natural, así como su concepto hermano del no-yo (anattā), y Sayadaw U Tejaniya para referirse a estas cosas usa la palabra ‘naturaleza’.
Los estudiosos suelen tener problemas al calificar la ética budista utilizando las categorías occidentales, pero a mi modo de ver la que mejor encaja es la ética de la virtud, la que se fundamenta en la formación de un carácter virtuoso. Ésta es propia de la filosofía helenística, y es muy claro leer el budismo desde este prisma. Además, la virtud más elevada es la sabiduría, y no hace falta argumentar el apoyo budista a esto ¿verdad?
Hace un par de meses leí el Enchiridion de Epicteto, el «Manual para la vida feliz». Aún tengo pendiente leerme el comentario de Pierre Hadot, que estoy seguro que no decepcionará. Algo que me pareció de una utilidad casi directa fue la distinción entre lo que realmente importa (la virtud) y los indiferentes (preferidos y dispreferidos). Los indeferentes son aquellas cosas que podemos preferir o no, y por lo tanto intentaremos perseguir unos y evitar otros, pero que en definitiva no nos impiden nuestra práctica de la virtud. Por ejemplo, puedo preferir tener riqueza o gustar a la gente, pero al final mi cultivo de la virtud no depende de eso.
Los cínicos eran de la opinión que estos indiferentes no eran indiferentes en absoluto, sino que distraían de lo que es realmente importante. Y estaremos de acuerdo en que a veces lo hacen, porque al fin y al cabo nuestro tiempo es limitado. El budismo se nos presenta a veces del lado de los cínicos, especialmente los enfoques con fuerte énfasis monástico. Pero si leemos el canon pali descubrimos que, a pesar del sabor renunciante que domina los textos, también hay tolerancia con las comodidades domésticas en cuanto a los laicos. En el Manual, Epicteto considera que ciertos indiferentes son preferibles sólo en tanto que facilitan el cultivo de la virtud —la salud o la educación son ejemplos claros— pero no más allá de eso. Me parece un criterio que puede ayudar a que un dharma secular no acabe siendo una forma de validar comodidades que consideramos no-negociables añadiéndoles el adjetivo mindful y que no nos damos ni la más remota cuenta de cuán excepcionales han sido en la historia e incluso hoy para mucha población del mundo. (Sabemos que el budismo secular corre este peligro «diluidor»).
Otra idea estoica fundamental es diferenciar entre aquello que está bajo nuestro control y aquello que no. Esto tiene que tenerse en cuenta en la persecución y evitación de los indiferentes. De esta manera, se practica aceptar tal como es aquello que no podemos cambiar, pero se trabaja para cambiar el resto. En esta idea el budismo puede aportar mucho, y también discutir un rato sobre hasta qué punto lo que los estoicos consideran bajo nuestro control lo está realmente o no. Pero al mismo tiempo el estoicismo puede equilibrar el inmovilismo que a veces el dharma parece promover, con ese énfasis suyo en la aceptación, que fácil—y erróneamente, creo yo—se lee como resignación. (Esta cuestión daría para un post entero…)
Tras leer el Manual de Epicteto y husmear por internet artículos y vídeos sobre estoicismo, clásico y moderno, me sentí devuelto a casa, de una forma muy somática, como ayer paseando entre runas atenienses, y sin que eso hubiera supuesto ningún alejamiento del budismo secular que practico. Puede que sea por lo común entre estas dos filosofías prácticas, y/o porque probablemente siempre haya leído el dharma de una manera sutilmente influída por la filosofía helenística que dio forma a mi cultura. Pero mi sensación no fue tanto que el estoicismo completara mi budismo, sino que reordenaba y clarificaba varias de sus ideas. De hecho estaría más de acuerdo con lo contrario: que el budismo es más elaborado y completa el estoicismo, como opina mi amigo Stefan.
Me gustaría terminar con unos cuantos ejemplos prácticos. Como muchas de sus escuelas hermanas, el estoicismo cuenta con ejercicios filosóficos o meditativos. Sugiere reflexionar por la mañana, en especial si tenemos tiempo y podemos ir a dar un paseo, y contemplar la propia mortalidad y la certeza de la vejez, un ejercicio digno de ‘lam rim’. Otra meditación, llamada el círculo de Hierocles, consiste en imaginarse en una ‘área de preocupación’ que se expande, y va incluyendo a familiares, amigos, vecinos, conciudadanos, animales, el mundo entero… ¿No recuerda a mettā y la compasión? Massimo Pigliucci cuenta que un elemento importante de su práctica cotidiana es el mindfulness ético. Él lo define así:
«en parte es intentar vivir hic et nunc (aquí y ahora), sin arrepentimientos acerca del pasado ni preocupaciones acerca del futuro (ni el uno ni el otro están bajo mi control). También significa recordarme que casi todo lo que hacemos tiene una dimensión ética, desde dónde compramos comida o ingresamos nuestro dinero a cómo tratamos a nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo e incluso gente desconocida.»
La idea del mindfulness ético me encanta. Técnicamente no es ninguna novedad: el mindfulness budista siempre ha tenido esta función y es sólo recientemente que ha pasado a un segundo plano, eclipsada por una obsesión en mudarse en el ahora que a veces parece que sea autojustificada, por su propia virtud. Y quizás en lugar de abogar por recuperar esta dimensión del mindfulness, que es lo más rigurosamente cierto, sería mejor articularlo en términos de aplicar esta práctica (cada vez más conocida) al terreno ético y de nuestras motivaciones. No es mal deseo para el 2018.
De momento yo seguiré unos días por Atenas, preguntándome de qué manera la filosofía de los griegos puede iluminar cómo presento el dharma, cómo lo entiendo y cómo lo practico. Que tengáis un buen inicio de año. 😊
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